Vitalidad Espiritual

Hay casos en que a veces no tenemos fuerza hasta que perdemos la esperanza de salir con vida. Es como si estuviéramos jugando un juego mortal como los de las series de TV del cual no sabemos si vamos a salir vivos o no. Si recordamos un poco y cuando ven la película sobre Richard Wurmbrand, verán las tremendas situaciones que pasó. Quizás si nosotros tuviéramos que estar en ese lugar, no sé si aguantaremos un año o dos años, porque fue tremendo lo que pasó.

El apóstol Pablo, tremendo hombre de Dios, dice: “Yo también paso aflicciones, yo también paso situaciones donde no sé si voy a salir con vida”. Y era un tremendo hombre de Dios. ¿Acaso él no tenía fe? Sí tenía fe. ¿Acaso no conocía a Dios? Sí conocía a Dios. ¿Acaso no sabía que Dios estaba con él? Claro que sí. Pero no por eso dejaba de pasar estas cosas. Dice: “Nos sentíamos como sentenciados a muerte, pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios”.

El pastor Richard Wurmbrand pasó situaciones complicadas. Era un pastor rumano que fue a estudiar a Moscú, luego volvió a Rumanía y se casó con su esposa, que era judía. Dios lo empezó a guiar en el ministerio. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1945, la Unión Soviética invadió Rumanía. Los comunistas querían tener control de todas las cosas, especialmente de las iglesias, porque sabían que si podían manejar los credos, podrían manejar toda la sociedad.

Organizaron una reunión interreligiosa donde los líderes religiosos debían ponerse de acuerdo con lo que decía la Unión Soviética. Les ofrecieron un trato: si estaban con ellos, les darían todo lo que necesitaban. Cuando Wurmbrand escuchaba esto, su esposa le preguntó si iba a hacer algo. Él respondió con miedo: “Mujer, si hablo, te vas a quedar sin esposo”. Ella le respondió: “¿Prefieres mantenerte firme con las creencias divinas o sucumbir frente a las amenazas terrenales?”

En ese momento, él pidió la palabra y empezó a testificar de Cristo. Fue encarcelado durante 14 años, sufrió torturas, enfermó de tuberculosis, mataron a uno de sus hijos y su esposa fue enviada a un campo de concentración. En la cárcel, dormía de día y se mantenía despierto de noche escribiendo sermones. Se comunicaba con otros presos usando las cadenas como código morse.

La persona que lo había encarcelado le preguntó por qué seguía orando a un “Dios imaginario” después de perder a su familia. Wurmbrand respondió que oraba por la vida de su captor. Decía: “Odio estos sistemas ideológicos que van en contra del Señor, pero amo a los comunistas porque quiero que sus corazones sean transformados”.

Wurmbrand fue rescatado en los años 60 y murió en 2001 en Estados Unidos. Escribió un libro llamado “Torturado por amor a Cristo”, traducido a más de 50 idiomas, y creó una organización interdenominacional llamada “La Voz de los Mártires” para ayudar a los perseguidos. Su testimonio nos enseña sobre mantener la vitalidad espiritual frente a las situaciones difíciles, no solo en momentos de crisis sino constantemente, para mantenernos vivos espiritualmente a lo largo del tiempo.

El apóstol Pablo estaba pasando por desesperación. Quiero que ustedes no desconozcan las aflicciones que estábamos pasando: situaciones de dolor, de persecución, de no tener qué comer, de estar intranquilos, de no saber qué iba a pasar con nuestras vidas en esos viajes misioneros que hacíamos en Asia. Estábamos agobiados, cansados, sin fuerzas.

Vean la palabra escatológica del profeta Isaías, que se refería al Señor Jesús, al Cordero. Dice: “En vano he trabajado, he gastado mis fuerzas sin provecho alguno”. Pero también dice: “Mi justicia está en manos del Señor, mi recompensa está con Dios”. El Señor lo formó desde el seno materno para ser su siervo, para hacer que Jacob se volviera a él, que Israel se reuniera a su alrededor. No era gran cosa ser su siervo ni restaurar las tribus de Jacob, sino que lo puso como luz para las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra.

Y luego tenemos las palabras de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Fíjense cómo la palabra del Señor se relaciona. Esta frase ya estaba escrita en el Salmo 22, antes de que sucediera. El salmista escribió: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás lejos para salvarme, tan lejos de mis gritos de angustia? Dios mío, clamo de día y no me respondes, clamo de noche y no hallo reposo”. En Mateo 26:46 dice que como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: “Elí, Elí, lema sabactani”, que significa “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Aquí podemos ver personas a las que Dios ha tocado su vida: el apóstol Pablo, el profeta Isaías que habla de Jesús nuestro Salvador, y el mismo Señor Jesús que sufrió y sintió esa desesperanza, ese abandono. Si ellos sufrieron y pasaron por pruebas, ¿acaso nosotros no vamos a sufrir? Muchas veces creemos que por ser cristianos ya está todo resuelto: vamos a tener trabajo, no habrá enfermedad, todo será perfecto, no tendremos ningún problema. No quiero ser fatalista, obviamente Dios nos da promesas, pero eso no significa que no vamos a pasar por situaciones difíciles.

El sufrimiento puede ser físico o emocional. El sufrimiento físico es cuando algo pasa con nuestros cuerpos: una enfermedad, un problema de cabeza, un problema de presión. Por ejemplo, estaba en la guardia el viernes a la noche, y a las 5:30 de la mañana llegó una señora de 82 años con una crisis asmática. Era hipertensa, tenía medicación de control, pero no hacía controles ni tomaba la medicación como debía. Cuando hay un sufrimiento físico, uno se siente limitado, no puede hacer nada. En el camino del Señor vamos a pasar sufrimiento, claro que sí, pero el domingo que viene vamos a hablar de las soluciones para sobrellevarlo y de la libertad que Dios nos da.

Si usted quiere vernos el domingo, está bien, pero vamos a estar hablando sobre esta primera parte que es el sufrimiento. Hermano, es parte también de su vida y usted va a tener que sufrir. Usted dice: “Pastor, yo no quiero sufrir porque no me ha pasado nada”. Quizás muchas veces a lo largo del tiempo no pasa nada, pero va a haber un momento en el cual van a pasar situaciones y usted tiene que estar preparado para poder superar esa situación.

En Segunda de Corintios, capítulo 9, versículo 8, dice: “Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario y toda buena obra abunde en ustedes”. Y en Segunda de Corintios, capítulo 12, versículo 9, dice: “Pero él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en tus debilidades”.

Yo siempre me pregunto qué es la gracia. Quizás las definiciones son difíciles, pero cuando usted está pasando un momento de dificultad, un momento muy triste, y viene alguien que usted aprecia y lo abraza con mucha fuerza, usted se siente muy bien. Bueno, eso es la gracia: es lo que Dios hace con usted, es ese abrazo que usted experimenta. No hay forma de explicarlo, no hay palabras para explicarlo, es algo que se siente hermoso. Le da paz, le da descanso, consuelo.

Para hacer las cosas bien, debemos conocer su palabra. En Lucas capítulo 4, hay una situación muy particular cuando el Señor Jesús estaba orando. El diablo lo tentó, y Jesús respondió con la palabra de Dios. Nosotros debemos conocer la palabra de Dios porque si usted no la conoce, no va a poder saber qué es lo que tiene que hacer. Hay cinco cosas que debe hacer con la palabra: escucharla, leerla, memorizarla, meditarla y tener esa transformación espiritual.

Lo más importante es comprender que la historia de nuestra vida tiene que depender primeramente de Dios. No somos el centro, sino parte de la historia de Dios sobre la humanidad. Muchas veces nos centralizamos en nosotros mismos, pero debemos entender que Dios es el centro y nosotros somos parte de Su historia.

Es muy importante que usted comprenda el panorama general. Hay un drama divino que tiene que ver tanto con el Antiguo como con el Nuevo Testamento. En Tito capítulo 2, versículos 11 al 14, dice: “Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.

Nadie sabe la hora ni el día en el cual el Señor vendrá, como ladrón en la noche. Me acuerdo cuando era pastor de jóvenes y hablábamos con las parejas que estaban por casarse. Les preguntaba: “¿Qué pasa si el Señor viene en este momento? Ya hicieron todos los preparativos, y el Señor viene y lleva a su iglesia”. No digo que no planifiquen, háganlo, es bueno, pero no se olviden que Dios tiene un plan para la historia y nosotros estamos dentro de ese plan.

Lo segundo que tenemos que darnos cuenta es saber lo que hizo Jesús. Él nos dio el regalo de la salvación, y somos salvados por gracia porque no lo merecíamos. No es un intercambio, no es que usted paga algo y recibe la salvación. Como dice Gálatas 2:16: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe de Jesucristo”. No es porque seamos buenos o ayudemos a otros, es a través de la gracia, ese regalo que Dios nos da.

Les voy a dar un ejemplo: cuando la leona agarra a sus cachorros del cuello, ellos están seguros porque saben que están prendidos de la madre, que ella los va a cuidar y llevar. Lo mismo sucede con nuestra vida: estamos agarrados de las manos del Señor, y no importa las cosas que hagamos, Él está con nosotros.

Lo tercero es comprender su propósito. Como dice el Salmo 139:16: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas”. Dios tuvo un propósito con usted desde el vientre de su madre, tuvo un sueño con cada uno de nosotros. Es importante que usted conozca su propósito y sepa cuál es el propósito que Dios tiene para su vida. No importa la edad ni el tiempo que haya pasado, usted puede decir: “Esas cosas ya quedaron atrás, ya no puedo hacerlo porque soy grande o muy joven”. No es así, lo puede hacer, no importa el tiempo, ni lugar, ni el momento.

Como dice Hechos 20:24: “De ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor Jesús”. Si yo cumplo el propósito de Dios, todas las áreas de mi vida van a ser cubiertas. Obviamente, hay que ser ordenado, no olvidar que soy padre, esposo o que tengo obligaciones, pero debo saber que lo primero es lo que el Señor ha puesto en mi vida.

El cuarto punto que tenemos que entender es vivir en Cristo. Daniel fue una persona que Dios transformó. Él conocía la palabra de Dios y había leído al profeta Jeremías; sabía que el pueblo de Israel iba a estar cautivo en Babilonia durante 70 años. Como Daniel conocía su palabra, le pidió a Dios una respuesta para que su pueblo pudiera ser libre.

En Primera de Tesalonicenses capítulo 5, versículos 16 al 18, el apóstol Pablo nos da tres elementos para poder vivir en Cristo. Primero, “estad siempre gozosos”; segundo, “orad sin cesar”; y tercero, “dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Si usted pone esto en práctica, podrá mantener su vitalidad espiritual.

Por ejemplo, el otro día en el centro médico donde trabajo, cambió el interventor y nos dijeron que no había plata, que aguantemos una o dos semanas sin cobrar. En la reunión con los médicos, yo era prácticamente el único que decía algo. Estas situaciones nos ponen mal, pero estuvimos orando con los hermanos. ¿Cómo puedo estar gozoso en esta situación? Debería estar enojado, molesto, pero el Señor nos enseña en su palabra que demos gracias en todo. No sé qué hará el Señor, pero sé que no nos va a abandonar.

El quinto punto es construir un matrimonio fuerte. Como vimos en la reunión de matrimonios, es importante tener una pareja que nos ayude a mantener esos lazos de unión. No somos perfectos, el esposo tiene sus cosas, la esposa tiene sus cosas, pero hay que mantenerse firmes a pesar de las situaciones. Como en la película de Richard Wurmbrand, cuando su esposa le dijo: “Yo no quiero un cobarde, quiero una persona que mantenga esa convicción divina y no sea amenazado frente a las amenazas terrenales”.

El sexto punto es trabajar para Dios. Como dice Colosenses 3:23: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Lo que usted hace para el Señor no es en vano, Dios lo va a bendecir y lo va a poner en un lugar de privilegio.

Finalmente, el séptimo punto es ser realista acerca del sufrimiento. Sepa que usted va a pasar sufrimiento, pero conozca esa realidad como una oportunidad para crecer y fortalecerse. Hay preguntas muy difíciles, como “¿Por qué Dios permite que los niños tengan cáncer?”. Imagínese una mamá con su hijo que tenga cáncer, ¿cómo hace toda la vida sabiendo que en cualquier momento los médicos le pueden decir que no hay nada más que hacer? Es una situación muy difícil, pero Dios está con nosotros en medio del sufrimiento.

Debemos ser realistas acerca del sufrimiento: es algo que nos va a suceder. Quiero hablar sobre los beneficios del sufrimiento según Romanos capítulo 5, versículos 3 al 5. El apóstol Pablo decía: “No solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones”. Cuando hay problemas, sabemos que la tribulación produce paciencia, y la paciencia produce prueba, y la prueba produce esperanza.

Si usted está pasando por una situación difícil y está desesperado, quizás Dios quiere que tenga paciencia, y si tiene paciencia, tendrá esperanza. La esperanza no avergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu que nos fue dado. Es hermoso saber que Dios está en control de todas las cosas.

Para mantener una vitalidad espiritual, debemos conocer el pecado y la tentación. Richard Forrester habla de tres elementos que destruyen al hombre y a los grandes hombres de Dios: el poder, el dinero y el sexo. Hay que tener mucho cuidado con estas cosas. Les comparto la historia de un gran predicador que después de una campaña evangelística, a la una de la mañana, le tocó la puerta una mujer vestida provocativamente. Él cerró la puerta inmediatamente. Hay que ser prudente en estas situaciones.

Primera de Corintios capítulo 10, versículo 13, nos dice que no nos ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, pero Dios es fiel y no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos resistir. Siempre nos dará una salida. Aunque no sepamos cuál será esa salida, debemos confiar en Su palabra.

Usted es parte de una comunidad local que está inmersa en una comunidad mundial. Somos parte del pueblo de Cristo y tenemos hermanos en la fe en otras partes del mundo. Según Santiago 5:19-20, si alguno se ha extraviado de la verdad y alguien lo hace volver, salvará un alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados.

Finalmente, el Señor volverá. Cristo viene pronto, aunque estemos ya en el siglo 21. Nadie sabe la hora ni el lugar, porque el Señor vendrá como ladrón en la noche. Debemos estar preparados. Primera de Tesalonicenses 4:13 nos habla de la esperanza que tenemos en la resurrección. El Señor traerá consigo a los que durmieron en Él.

Como nos muestra el pastor Richard Wurmbrand, debemos mantenernos firmes a pesar de la persecución, el sufrimiento y el dolor. Aunque pasemos por situaciones extremas como ser encarcelados, perder seres queridos o sufrir enfermedades durante años, debemos poder decir: “Señor, aquí estoy”. Es muy difícil, y no sé si podríamos aguantar, pero que el Señor nos ayude a mantener esa vitalidad espiritual y poder darle la gloria a pesar de todas las circunstancias.

Este es un extracto de la prédica titulada: Vitalidad espiritual del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: Ver la prédica