Venciendo las limitaciones

Muchas veces nosotros decimos: “Voy a orar por mi hijo que tiene adicciones, voy a orar por mi matrimonio”, y ahí se nos levanta Satán y dice: “No te metas conmigo, no me reclames tu hijo, no me reclames el barrio”. Pastor, no me reclames este barrio porque te voy a dar, te voy a fajar, te van a venir luchas, te van a venir pruebas. Y uno dice: “¿Pero qué hago? El enemigo me está intimidando”.

Él quería intimidar a David, le decía: “Mira, mira, soy yo. Mira lo que soy. Vos no sos nada, te va a ir mal si te vas a enfrentar conmigo”. Entonces ahí vio la limitación de su contrincante. Él no veía un potencial en el adversario, le decía: “No sos nada”. Pero David sabía que él no era nada, pero también sabía quién estaba con él. Entonces él siguió adelante, y ustedes pueden ver la historia de David, cómo termina todo esto: él vence al gigante, le corta la cabeza al gigante en el nombre del Señor.

Si te sientes limitado, si te han dicho que no servirás, que sos viejo, que estás enfermo, pero tenés un anhelo de evangelizar, de hablar a tus compañeros en la fábrica, en el colegio, en la universidad, o tener un ministerio dentro de la iglesia, yo te quiero decir que Dios te va a hacer ver las condiciones para que puedas vencer esas limitaciones y tener un ministerio fructífero.

Experiencia Personal

Les comparto mi experiencia personal: Yo salí desde Río Segundo y todos conocían mi pasado allí. Me crié en Río Segundo y luego, a mis 25 años de edad, me fui al seminario y me capacité. Me casé, y a donde menos quería ir era a Río Segundo, porque a uno lo conocen de su historia de anterior. Pero el Señor me volvió a mandar al lugar de donde salí. Yo pensaba: “Nadie es profeta en su propia tierra”. ¿Cómo iba a hacer con el testimonio? Porque antes era tremendo en el barrio y todos me conocían.

A veces es fácil ser pastor en otro lugar cuando nadie nos conoce, pero ¿qué tal ser pastor de tus amigos que tenías antes? ¿Ser pastor de tus padres? ¿Ser pastor de los vecinos que te vieron crecer? Es difícil. En otro lugar pueden ver un potencial en tu vida, pero los de tu casa, el entorno donde creciste, a veces no. “Si es el hijo del carpintero”, dicen.

Como dice en Primera de Samuel, capítulo 16, versículo 7:

“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. Amén.

Las Limitaciones que Enfrentamos

Hermano, quizás en muchas oportunidades te has sentido con limitaciones, quizás por tu trasfondo familiar económico, por tu apariencia, por tu físico: si eres fuerte, si eres flaco, si eres gordo. Casi todos en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por limitaciones o, por lo menos, hemos escuchado a alguna persona decirnos: “Tú no puedes, tú no eres el indicado para esto”.

Les voy a mostrar una historia en la Biblia de alguien que tuvo que vencer muchas limitaciones para lograr sus objetivos: nada más y nada menos que el rey David. David tuvo que vencer muchas limitaciones, primeramente las que le puso su padre. Ustedes recuerdan que cuando el profeta Samuel iba a ungir a uno de los hijos de Isaí, el padre de David mandó a llamar a todos sus hijos, pero ¿dónde estaba David? No estaba, porque su padre lo limitó.

Su padre dijo: “No, ¿para qué vamos a llamar a David? Es un muchacho que está cuidando las ovejas, no sabe más que hacer eso”. Pero cuando vino Samuel y empezó a verlos, Dios le había dicho: “No mires a su estatura ni a su parecer, porque Jehová no mira eso, Jehová mira el corazón”. Samuel no podía encontrar esa persona conforme al corazón de Dios y le preguntó a Isaí: “¿Tienes algún hijo más?”. Cuando trajeron a David, él encontró gracia delante de Dios, porque Dios había mirado su corazón.

Las Limitaciones de la Familia

Seguramente que muchas veces te han puesto limitaciones, has tenido un llamado de Dios para algún ministerio, pero en tu propia familia te han dicho: “¿Qué vas a ir? Imaginate cuando entres al templo, se cae la cruz, se cae la iglesia. ¿Qué vas a poder ser pastor vos? ¿Qué vas a poder ser maestro si no tenés capacidad?”.

Luego David encontró limitaciones de sus hermanos. Cuando fue a llevarles comida durante la guerra contra los filisteos, vio al gigante que desafiaba al pueblo de Israel. Él preguntó: “¿Quién es este filisteo que desafía al pueblo de Dios?”. Su hermano mayor lo escuchó y le dijo: “¿Qué haces acá, David? Seguro sos mal intencionado y viniste a ver la pelea”.

Imagínese, hermano, que el Señor lo llame a un ministerio y usted viene a la iglesia preparado con su guitarra, queriendo cantar en el coro, y uno de sus hermanos le dice: “¿Qué hacés con la guitarra? Andá a tu casa, si vos no vas a poder servir al Señor, no tenés el talento”.

Y muchas veces lo creemos y decimos: “La verdad que yo en mi corazón siento el llamado de Dios para servirle en la alabanza, pero tanto me han dicho que tengo mala voz que no me animo, aunque tengo ese fuego por dentro que Dios me dice ‘alabame, cantame, vos lo podés hacer’”.

Las Limitaciones de la Autoridad

David encontró limitaciones de sus hermanos cuando le dijeron: “¿Qué hacés aquí en la guerra? ¿Qué venís a hacer? Andá a cuidar las ovejas”. Esta fue su segunda limitación. La tercera limitación la encontraremos en Primera de Samuel 17, del 32 al 33, y fue nada menos que la que le puso el rey.

Cuando nadie quería pelear con Goliat, David dijo: “Yo quiero ver al rey, yo me ofrezco para pelear”. Le avisaron al rey que había un guerrero para enfrentar a Goliat. El rey, esperanzado, dijo: “¡Ah, me salvo! Tengo un guerrero. Que lo traigan para felicitarlo”. Pero cuando llegó David con su honda y un palo, el rey exclamó: “¿Qué hacés? ¿Vos sos el que querés pelear con ese gigante? ¡Estás loco! Te va a desarmar. Cuando pase la espada por el lado, con el mismo viento te va a cortar”.

El Enfrentamiento con Goliat

Cuando David salió al campo de batalla, entre el ejército filisteo y el hebreo, se levantó el grandote Goliat. Cuando vio a David, este hombre de guerra que había matado a miles, le dijo: “¿Qué es esto? Andá a tu casa antes que te mate. Te voy a cortar la cabeza y dar tu carne a los cuervos”. David respondía: “Yo vengo a luchar con vos”, y Goliat le decía: “Te doy una oportunidad para salvarte la vida, no te metas conmigo porque no sabes con quién te metes”.

Es como cuando nosotros decimos “voy a orar por mi hijo que tiene adicciones, voy a orar por mi matrimonio”, y ahí se nos levanta Satanás y dice: “No te metas conmigo, no me reclames tu hijo, no me reclames el barrio”. David sabía que él no era nada, pero también sabía quién estaba con él. Por eso siguió adelante, y ustedes pueden ver cómo termina la historia: él vence al gigante y le corta la cabeza en el nombre del Señor.

Condiciones para Vencer las Limitaciones

Si en esta mañana queremos hacer lo mismo que David, si queremos vencer las limitaciones, vamos a tener en cuenta algunas condiciones. Ustedes pueden anotar cuáles son esas condiciones para que puedan vencer como este Rey David y salir adelante en el Ministerio.

La primera condición que debemos tener en cuenta para vencer las limitaciones es creer en Dios con todo nuestro corazón. David confió y dependía del poder de Dios; él estaba seguro de que Dios podía darle la victoria. ¿Estás seguro de que Dios puede ayudarte? No pienses en tus limitaciones, no pienses en lo que la gente puede ver en ti, piensa en lo que Dios ve en ti y puede hacer a través de ti.

La segunda condición para vencer las limitaciones es pensar en quién eres tú para Dios. La Biblia nos dice cientos de palabras de ánimo acerca de quiénes somos en Cristo, sin importar los defectos que hay en nuestra vida o los errores que hemos cometido en el pasado. Somos especiales para Él y podemos hacer grandes cosas a través de Él.

Este es un extracto de la prédica titulada: Venciendo las limitaciones del Pastor Juan Carlos Salinas, de la Iglesia La Luz del Mundo de Rio Segundo. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: Ver la prédica