Un verdadero cambio

En esta mañana, les hablo sobre el verdadero cambio espiritual y cómo lograrlo. Nos enfrentamos a una lucha constante entre nuestra carne, que se resiste al cambio, y nuestro espíritu, que anhela a Dios. Fuimos creados para adorar, y si aún no hemos experimentado un cambio en nuestras vidas, debemos preguntarnos por qué.

Podemos tener títulos, cargos, e incluso dormir en el templo, pero sin un encuentro genuino con Jesús, todo esto son solo jerarquías vacías. En este tiempo de asamblea, es importante reflexionar sobre la necesidad de un cambio radical en nuestras vidas. Aunque el mundo intente seducirnos con lo material, tenemos un llamado superior y la promesa de Jesús: “Me voy a preparar lugar para ustedes”.

La misericordia de Dios se renueva cada día, y esto es fundamental para nuestra salvación. A pesar de tener toda la sabiduría de las escrituras, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, incluso Salomón, con toda su sabiduría, se apartó de Dios. ¿Por qué seguimos en el camino incorrecto aun conociendo la verdad?

Para lograr este verdadero cambio, debemos considerar tres aspectos fundamentales. El primero es hacer un alto en nuestra vida, como dice 2 Corintios 6:2: “He aquí ahora el tiempo aceptable, he aquí ahora el día de salvación”. El cambio debe ser radical, no simplemente emocional. Muchos se preguntan por qué enfrentan luchas y pruebas en sus vidas, por qué tienen conflictos familiares o problemas económicos. La respuesta puede estar en que aún no han decidido cambiar verdaderamente.

Debemos preguntarnos sinceramente: ¿Realmente queremos un cambio en nuestras vidas? Si no sabemos para qué queremos cambiar o no nos imaginamos el propósito del cambio, es probable que no nos interese realmente. No basta con asistir a la iglesia, dar el diezmo o hacer visitas. El cambio debe nacer de un deseo genuino de transformación.

Dios nos está llamando a un cambio porque los tiempos son malos y debemos aprovechar bien cada momento. No debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Para aquellos que conocen al Señor desde hace años o que se han apartado, este es el momento de volver y comprometerse nuevamente con Dios. El cambio verdadero requiere más que religiosidad; requiere un compromiso sincero y un deseo genuino de transformación.

Para lograr un verdadero cambio, debemos preguntarnos sinceramente: ¿Por qué queremos cambiar? ¿Qué hay en nuestra vida que necesita transformación? Como Saulo, quien tenía todos los títulos y creía hacer lo correcto hasta su encuentro con Jesús, necesitamos una transformación radical. Cuando el Señor llega a nuestras vidas, nunca volvemos a ser los mismos.

La lucha principal es contra nuestra propia carne, que se resiste al cambio y prefiere las comodidades mundanas. Mientras nuestro espíritu anhela acercarse a Dios y escuchar Su palabra, fuimos creados para adorar. Si aún no hemos experimentado un cambio, debemos sincerarnos con Dios, como dice Lucas 15:18: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”

Muchos intentamos cambiar pero fracasamos, como dice Pablo: queriendo hacer el bien, terminamos haciendo el mal. Nos encontramos atrapados en las mismas tentaciones, vicios y luchas. Para sincerarnos con Dios, primero debemos reconocer nuestro deseo genuino de cambio. Necesitamos exponer aquello que nos mantiene cautivos: la mentira, el chisme, el adulterio, la fornicación, la pornografía, el amor al dinero.

La buena noticia es que Dios puede realizar este cambio en nosotros, sin importar nuestros títulos o posiciones. Todos somos iguales ante Él: carne y hueso, con un alma y un espíritu. Vivimos en un mundo que intenta seducirnos y adormecernos espiritualmente, pero Dios sigue llamando a nuestra puerta.

A menudo nos convertimos en jueces expertos en ver los defectos ajenos, mientras callamos nuestras propias faltas. El verdadero cambio requiere arrepentimiento y buscar la ayuda de Dios. Como dice el Salmo 51:17: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”

Los títulos y cargos no nos eximen de la necesidad de arrodillarnos ante Dios. Cuando pensamos que por nuestra posición no necesitamos quebrantarnos ante Él, caemos en el orgullo. Los días son malos y el Señor viene pronto; necesitamos estar en cuentas con Dios. Es mejor servir a Dios en libertad que hacerlo a medias, cargando el peso del pecado oculto, el odio o la falta de perdón.

Si no reconocemos nuestra necesidad de cambio, caeremos en el engaño de Satanás, como le sucedió a Adán y Eva. Dios es amor, pero no dejará de ser santo por pasar por alto el pecado. Nos dará miles de oportunidades para cambiar, pero si no queremos hacerlo, como dice la Palabra, nos espera una horrenda experiencia.

Imaginen la ironía: conocí al Señor a los 17 años, hoy tengo 49. ¿Desperdiciaría estos 32 años de caminar con Él solo porque no quiero cambiar? ¿De qué serviría toda esta experiencia, llegar a ser superintendente, si no busco la transformación? Dios dio su vida en la cruz pensando en nosotros, porque sabe que si lo amamos y deseamos ese cambio, estaremos con Él por siempre en el reino de los cielos.

En este tiempo de asamblea, Dios habla con claridad. Está buscando personas que puedan servir en este cuerpo: pastores, líderes, maestros, misioneros, evangelistas. Pero sobre todos estos ministerios, busca hijos fieles y transparentes que deseen estar limpios ante Su presencia.

Esta palabra no viene de mí, sino de Dios, y Él no se equivoca. Quizás algunos piensen que no la necesitan por considerarse ya santificados. Pero si Dios nos habla, es porque nos ama y no quiere que perezcamos, sino que procedamos al arrepentimiento para obtener la vida eterna.

Los invito a orar, tanto aquí en el templo como a quienes escuchan desde casa. Quizás la salvación ha llegado hoy a tu hogar mientras tomabas mate escuchando este mensaje. Sé valiente y dile al Señor lo que te atrae, lo que te seduce, lo que no te deja avanzar en la vida cristiana.

Gracias, Señor, por este momento en tu templo. Que esta palabra sea de poder y nos haga ver que necesitamos un verdadero cambio. Perdónanos por fallarte en lo secreto, por ser emocionales dentro del templo pero dejarnos seducir por el mundo al salir. Ayúdanos a hacer un alto, a sincerarnos contigo, a renunciar a todo lo que nos ata: vicios, deseos, personas o sentimientos que no nos dejan avanzar. Necesitamos que tu Espíritu Santo nos crucifique para morir a nosotros mismos y que Tú crezcas y gobiernes nuestra vida.

Este es un extracto de la prédica titulada: “Un verdadero cambio” del Pastor Juan Carlos Salinas. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: https://youtu.be/WgvH3SvUuPY