Un nuevo respiro

Un nuevo respiro

Isaías, capítulo 36. Este libro del profeta Isaías comienza con varias profecías, pero en medio de este libro hay cuatro capítulos, que comienzan aquí en el 36, donde se hace como un paréntesis y nos habla un poco de historia. Isaías introduce una narrativa histórica. La pregunta es: ¿por qué lo hace? Puede ser porque él es parte de esta historia que relata, una parte importante, pero también pienso que puede ser porque, en medio de esta narrativa, las profecías que venía anunciando anteriormente empiezan a cumplirse. Así, vemos la palabra de Dios en acción, de forma viva. La palabra de Dios es vida, recibamos esa palabra viva, que nos despierte.

¡Amén!

El contexto histórico

Este relato, que abarca Isaías 36 y 37, también lo podemos encontrar en Segunda de Reyes, capítulos 18 al 20, y en Segunda de Crónicas, capítulo 29 en adelante. Aunque se relata lo mismo, cada uno aporta ciertos detalles. Veamos este paréntesis que hace Isaías.

Isaías 36:1 – “Aconteció en el año catorce del reinado de Ezequías que Senaquerib, rey de Asiria, atacó y conquistó todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó”

¿Qué podemos ver aquí? Era un momento muy difícil para Judá, porque Senaquerib, rey de Asiria, sube y toma las ciudades fuertes de Judá. No llega a tomarlas todas, pero está a punto de conquistar la última, la capital, Jerusalén.

Asiria, en ese momento, era una potencia mundial. Venía arrasando con todas las ciudades y se jactaba de ser invencible. En la historia, vemos que los asirios eran crueles. Cuando invadían, llevaban a las personas cautivas, las sacaban de su tierra y, en muchos casos, las mutilaban: les sacaban un ojo, un dedo o algo para marcarlas. Era algo terrible. Imaginen el miedo que generaba.

Ezequías: Un rey diferente

Segunda de Reyes 18:13-16 – “A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó… Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria, que estaba en Laquis: ‘Yo he pecado, apártate de mí, y haré todo lo que me impongas’. El rey de Asiria le impuso a Ezequías 300 talentos de plata y 30 talentos de oro.”

Aquí vemos que Ezequías era un vasallo de Senaquerib, rey de Asiria, porque le pagaba tributo. ¿Y saben qué? Ezequías, rey de Judá, el pueblo de Dios, fue una excepción entre los reyes, porque no todos hicieron lo recto ante los ojos de Dios.

A diferencia de su padre, Acaz, quien fue un desastre, Ezequías marcó una diferencia. Acaz había promovido la adoración a dioses paganos como Moloc, Baal y Asera, algo abominable para Dios. Pero Ezequías, influenciado probablemente por los consejos del profeta Isaías, destruyó los lugares altos donde se quemaba incienso a otros dioses.

Reflexión sobre la idolatría

Incluso, destruyó la serpiente de bronce que Moisés había levantado en el desierto, porque el pueblo había comenzado a adorarla. Recordemos esa historia: cuando las serpientes mordían al pueblo, miraban la serpiente de bronce y sanaban. Pero empezaron a adorarla, y Ezequías la eliminó, porque solo debemos adorar a Dios, no a imágenes ni objetos, ya que darle el primer lugar a algo que no sea Dios es idolatría.

La intimidación de Rabsaces

Isaías 36:1-2 – “Y el rey de Asiria envió a Rabsaces con un gran ejército desde Laquis a Jerusalén, contra el rey Ezequías, y acampó junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del lavador”

¿Quién era Rabsaces? Era un emisario, un comandante y copero del rey de Asiria, una figura importante enviada junto a otros dos funcionarios, según Segunda de Reyes, para negociar con Judá. Acamparon en el acueducto del estanque de arriba, un lugar estratégico, porque proveía agua al pueblo. Esto era una forma de intimidación, ya que podían cortar ese recurso vital.

Isaías 36:4-5 – “A los cuales dijo Rabsaces: ‘Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en la que te apoyas? Digo que el consejo y el poderío para la guerra de que tú hablas no son más que palabras vacías. Ahora bien, ¿en quién confías para que te rebeles contra mí?’”

¿En qué confiamos nosotros?

Esto nos lleva a reflexionar: ¿en qué confiamos nosotros? ¿En nuestro trabajo, nuestro intelecto, nuestras fuerzas? Ezequías creía en Dios, pero también se apoyaba en Egipto. Esta historia nos muestra cómo él aprende a descansar únicamente en Dios.

Las blasfemias contra Dios

Isaías 36:10 – “¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: ‘Sube a esta tierra y destrúyela’”

Esto es terrible. Rabsaces miente, se burla del ejército débil de Judá, ofrece caballos como si no tuvieran hombres, y hasta dice que Jehová está de su lado. Pero Dios usó a Asiria para cumplir Sus profecías, porque el pueblo se había alejado de Él, adorando otros dioses.

El momento decisivo de Ezequías

Isaías 37:1-4 – “Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y vino a la casa de Jehová… ‘Día de angustia, de reprensión y de blasfemia es este día, porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas.’”

Aquí vemos a Ezequías en un momento crítico. Jerusalén es lo único que queda, rodeada por el ejército asirio. Ezequías, que antes se apoyaba en Egipto y pagaba tributo a Asiria, ahora reconoce que su única esperanza es Dios. En su angustia, busca a Isaías para que interceda por el pueblo.

La respuesta de Dios

Isaías 37:6-7 – “Y les dijo Isaías: ‘Diréis así a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor y volverá a su tierra, y haré que en su tierra perezca a espada’”

Dios, a través de Isaías, asegura a Ezequías: “No temas”. Este mensaje resuena en toda la Biblia. Aunque el miedo puede ser natural, Dios nos llama a confiar en Él, sin importar la situación.

La oración poderosa de Ezequías

Isaías 37:14-16 – “Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová. Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: ‘Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.’”

Ezequías reconoce el poder de Dios y le pide que actúe. Extendió las cartas delante de Jehová, llevando literalmente su problema ante Dios.

El milagro de liberación

Isaías 37:36-38 – “Y salió el ángel de Jehová y mató a 185,000 en el campamento de los asirios. Y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todos eran cuerpos muertos. Entonces Senaquerib, rey de Asiria, se fue e hizo su morada en Nínive. Y aconteció que, mientras adoraba en el templo de Nisroc, sus hijos Adramelec y Sarezer lo mataron a espada”

Dios da un nuevo respiro a Judá, demostrando que Él es soberano.

Lección para nuestras vidas

Esta es una historia de fe y confianza en Dios. Ezequías aprendió a depender solo de Él, y Dios lo libró.

Proverbios 3:5-6 – “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”

Si confiamos en Dios, veremos Su mano obrando.

Amén.