Entonces los que se habían reunido le preguntaron diciendo: «Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?».
Y Él les dijo: «No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad».
«Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra».
El Señor Jesús le dice a sus discípulos: «No os toca a vosotros saber los tiempos». Es decir, ustedes no tienen que saber ni tampoco les interesa los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad. Él es soberano, Él sabe.
Los discípulos que estaban con Jesús habían visto los milagros que Él había hecho, cómo Dios había transformado vidas; es más, el mayor milagro: la resurrección. Habían visto que Él resucitó a Lázaro y tantas otras cosas, y lo habían visto resucitar a Él mismo. Entonces le preguntan: «Pero Maestro, ¿y cómo va a quedar así?». Porque ellos sabían que iba a venir el Mesías y decían: «¿Qué va a pasar con Israel? ¿Qué va a pasar con todo esto?».
Las Preguntas de la Vida
Muchas veces en nuestra vida nosotros nos planteamos todas las situaciones que vivimos. Vemos injusticia, vemos dolor, vemos cosas que están fuera de control y a veces, cuando hablamos con personas o nosotros mismos, decimos: «¿Por qué pasa eso?». Uno puede ver, por ejemplo, un lactante en el hospital pediátrico que lo han estudiado por muchas patologías, y uno dice: «Pero ¿por qué hay tantas enfermedades genéticas?, ¿por qué tantas enfermedades raras?, ¿por qué tanto sufrimiento, tanto dolor, tantas situaciones?».
Bueno, a nosotros no nos toca eso, como les planteaban los discípulos. El Señor Jesús les dice: «A ustedes no les tiene que importar eso. Dios es soberano, Él sabe por qué lo hizo».
Muchas veces nosotros hemos tomado decisiones —buenas o no tan buenas— y decimos: «Me gustaría volver atrás», pero ya no podemos. Las decisiones que usted tomó hace cinco años, diez años, hace un mes o hace dos días… no puede volver el tiempo atrás.
Lo Que Ofrece el Mundo
Hoy la sociedad nos ofrece —es una sociedad muy humanista, muy hedonista— estrategias para controlar nuestras emociones. Hoy vemos el Power Mate, cómo ser buen líder, estrategias de marketing si tiene empresa… Algunas empresas usan coaching para decir: «Bueno, ¿cómo manejo al jefe, a las personas, para tener un ambiente de cordialidad?». Pero también te enseñan de otra forma cómo manipular a las personas. Eso ofrece la sociedad, eso ofrece el mundo en que estamos.
Usted se capacita, termina una carrera, tiene que hacer especialización; termina la especialización, tiene que hacer licenciatura; termina maestría, doctorado… y siempre falta algo. Usted se siente insatisfecho.
Pero Dios tiene algo diferente. Y si hoy estamos en la iglesia es porque sabemos que hay una alternativa diferente.
«Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: “¿Dónde está tu Dios?”».
«¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío».
Muchas veces nuestra vida está abatida y no sabemos qué hacer. Es difícil. Y muchas veces la sociedad o las personas dicen: «No, vos tenés que controlarte, vos tenés que controlar tus emociones, tenés que buscar ese equilibrio». Sí, pero Dios no nos llama solamente a controlarnos. Dios nos está llamando a que conquistemos aquellas cosas que están delante de nosotros, porque dice: «Recibiréis poder». Y si tengo poder, tengo las herramientas para alcanzar aquellas cosas que creía que no podía hacer.
Las Situaciones que Enfrentamos
Porque si estamos en un trabajo tenemos obligaciones, presiones, metas que cumplir; depende del tipo de trabajo, algunos son más estresantes que otros. Ya sea que seamos jefes o empleados, o en nuestra familia, nuestra familia también demanda cosas de nosotros.
Una situación de enfermedad también afecta nuestra vida porque no tengo la libertad de hacer lo que antes hacía y me siento atado, a pesar de que confíe en Dios, a pesar de que sé que Dios me va a dar libertad y va a hacer un milagro.
En las relaciones con las personas —un amigo, compañero, pariente o ser querido— que no me entienda o que me haya hecho daño sin que yo le hiciera nada… eso genera desconfianza, pongo una muralla para que nadie me lastime porque ya sufrí y no quiero sufrir más.
«Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros».
Qué interesante, ¿verdad? Ese mismo Espíritu que permitió que el Señor Jesús fuera resucitado, dice: «Si ustedes creen y entregaron su vida al Señor, también está en ustedes». Aquí empieza la primera promesa: no vamos a morir (humanamente sí, pero vamos a tener vida eterna). Somos hijos de un Dios poderoso, tenemos nuestro DNI celestial.
«¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?».
«Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó».
Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Tres Promesas Fundamentales:
- Vida eterna
- Transformación: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece», somos más que vencedores
- Poder: Recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros
El Plan de Dios
El plan de Jesús fue dar su propia vida como cordero por nosotros. Dios tiene un plan para cada uno. Está bien tener familia, carrera, casa, vehículo… pero hay algo más. Es importante descubrir cuál es el plan de Dios.
Yo cuando tenía 13 años, en Lima, le dije al Señor arrodillado en mi pieza: «Quiero estar en un lugar donde pueda servirte y que me uses». Nunca pensé terminar en Córdoba. Dios tiene un plan, pero dependemos de que ese plan se cumpla o no.
Ustedes no están solos: tienen al Espíritu Santo y poder para revertir cualquier situación. El Señor dijo: «Vosotros haréis mayores cosas que las que yo hice». Usted es una fábrica de milagros.
Un Nuevo Comienzo
Es un proceso. Nunca es tarde para volver a empezar. El lugar de mi fracaso muchas veces es el lugar donde Dios me permite comenzar de nuevo, no con mis fuerzas, sino con las de Él.
Porque les dijo a sus discípulos: «Recibiréis poder y me serán testigos».
Hermano, usted tiene un Dios poderoso y maravilloso. Tome el poder de Dios, cumpla su propósito, ame a Dios con todo su corazón. Él lo va a bendecir.
Claro que van a venir personas que critiquen, como a Nehemías: «Es en vano lo que hacés». Pero si usted le creyó al Señor y Dios conoce su corazón, no haga caso a esos comentarios. Créale solamente a Él.
No confíe ciegamente en los hombres; los hombres se equivocan, desilusionan, traicionan. Dios no. Ponga los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.


