¿Que puedo hacer por ti?

¿Qué puedo hacer por ti?

A pesar de que puede haber necesidad o no haber necesidad, muchas veces Dios siempre ve la intención de nuestros corazones y él siempre está ahí, presto a poder ver qué es lo que tenemos que hacer nosotros. Y a veces estamos tranquilos, ¿verdad? Estamos bien, aparentemente, pero Dios quiere algo más de nosotros, Dios quiere algo diferente.

El Testimonio de Bartimeo

“Me llamaban Bartimeo, el hijo de Timeo, pero Timeo y mi madre me engendraron ciego. Nunca había visto la luz. No sabía lo que era un color, nunca conocí un rostro, no sabía lo que era una sonrisa. Mi mundo era un mundo pobre, no solo porque no tenía la vista, pero tampoco otras riquezas estaban a mi alcance.”

“Una familia que pronto se deshizo de mí porque mi propia ceguera los acusaba. Una ciudad que me expulsaba porque mi presencia era la marca de la debilidad. Así era mi vida, al costado del camino, en la antigua Jericó de Rahab, la de los muros tumbados, la reconstruida a precio de sangre, bendita y maldita Jericó.”

Y entre esas historias comenzó a resonar una y otra vez un nombre: un tal Jesús. Y escuchaba muchas cosas de él, de las cosas que había hecho. Algunos decían que había sanado cerca del estanque de Siloé, que los demonios huían ante su voz y su presencia, que una niña había sido resucitada.

¿Será el Mesías?

El Encuentro con Jesús
Lucas 18:35-41: “Aconteció que, acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino, mendigando. Y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús Nazareno. Entonces dio voces diciendo: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! Y los que iban delante le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia, y cuando llegó, le preguntó diciendo: ¿Qué quieres que te haga?

¿Por qué el Señor Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”

¿No era obvio que él era ciego y que lo que él necesitaba, humanamente, era ver?

Esta pregunta tiene una intención. El Señor siempre ve más allá de lo que nosotros vemos, más allá de lo que nosotros creemos. El Señor quería ver verdaderamente cuál era la intención de su corazón.

La Intención del Corazón
Santiago 4:2-3: “Codiciáis y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal para gastar en vuestros deleites.

El secreto muchas veces de la respuesta de lo que Dios da es porque ve la intención de nuestro corazón. ¿Por qué pedimos? ¿Para qué pedimos? ¿Qué aspiramos cuando le pedimos algo al Señor?

Muchas veces Dios ve si nosotros pedimos las cosas para ver la bendición de Dios en nuestras vidas, porque Dios quiere bendecir nuestras vidas. No por las cosas que nosotros creemos importantes, sino por las cosas que Dios quiere hacer con nosotros y que, a través de eso, nosotros podamos compartir a nuestras familias, podamos compartir a nuestros seres queridos.

Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
La Respuesta de Bartimeo

Cuando Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?”, Bartimeo le dijo: “Señor, que reciba la vista”. Él no titubeó. Fue un afirmativo, fue esa es mi necesidad: que reciba la vista.

Jesús le dijo: “Recíbela, tu fe te ha salvado”.

No es solamente que él ha recibido la vista, sino que “tu fe te ha salvado”. Hay algo más. Tuvo un encuentro con el maestro, vio la intención de su corazón.

“Por un momento dudé. ¿Acaso si es el Mesías no debería saber mi necesidad? ¿Acaso no es evidente que soy ciego y que lo que más anhelo es ver? ¿Por qué me tiene que preguntar lo que es obvio?”

“Pero no dudé en la respuesta: ‘Maestro, que vea’, le dije, remarcando lo obvio. Pero volví una y otra vez a la insólita pregunta y me di cuenta que en ella estaba encerrado todo el secreto de la libertad humana. Jesús no pensó por mí. Él me hizo expresar mi propio deseo, mi propio anhelo.”

El Proceso de Crecimiento

Muchas veces Dios tiene un trato así con nosotros. Como cuando un niño va creciendo y debe aprender a comunicarse claramente. Si un niño puede señalar y obtener lo que quiere sin hablar, se acostumbra a no decir las palabras. Pero llega un momento en que debe expresarse correctamente.

Tenemos que hablar, tenemos que decidir, tenemos que hacer lo que tenemos que hacer, porque es lo que nos corresponde.
Una Pregunta Personal

Tal vez usted tiene una enfermedad, o una situación personal en su vida, en su corazón, algo que usted no puede manejar. Tal vez su carácter, su forma de ser. Tal vez hay mentira en su corazón, algo que usted ve, algo que usted toma, algo que usted hace que es indebido.

El Señor nos está llamando a que podamos cumplir su propósito, a poder hacer su perfecta voluntad. Pero también tiene que ver con la intención que hay en nuestro corazón.

Si el Señor nos encontrara a nosotros hoy y él nos dijera:

“¿Qué quieres que haga yo por ti?”

“¿Qué le diríamos?”

“Señor, ¿qué quieres que nosotros hagamos, o tal vez hay algo en mí que necesita ser cambiado? ¡Ayúdame!”

Porque a veces nosotros negamos, y a veces creemos que no tenemos ningún problema y tenemos muchos problemas.

Hermano o amigos que nos ven por internet, ¡qué bueno que nosotros podamos parar un poco y tal vez replantear muchas cosas! Porque muchas veces nosotros condicionamos a Dios a nuestros planes, pero la pregunta sería: “Señor, ¿qué quieres que tú hagas?”

Este es un extracto de la prédica titulada: “¿Qué puedo hacer por ti?”

Te invitamos a ver la prédica completa haciendo clic aquí