A pesar de que puede haber necesidad o no haber necesidad, muchas veces Dios siempre ve la intención de nuestros corazones y él siempre está ahí, presto a poder ver qué es lo que tenemos que hacer nosotros. Y a veces estamos tranquilos, ¿verdad? Estamos bien, aparentemente, pero Dios quiere algo más de nosotros, Dios quiere algo diferente.
Y entre esas historias comenzó a resonar una y otra vez un nombre: un tal Jesús. Y escuchaba muchas cosas de él, de las cosas que había hecho. Algunos decían que había sanado cerca del estanque de Siloé, que los demonios huían ante su voz y su presencia, que una niña había sido resucitada.
¿Será el Mesías?
¿Por qué el Señor Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”
¿No era obvio que él era ciego y que lo que él necesitaba, humanamente, era ver?
Esta pregunta tiene una intención. El Señor siempre ve más allá de lo que nosotros vemos, más allá de lo que nosotros creemos. El Señor quería ver verdaderamente cuál era la intención de su corazón.
El secreto muchas veces de la respuesta de lo que Dios da es porque ve la intención de nuestro corazón. ¿Por qué pedimos? ¿Para qué pedimos? ¿Qué aspiramos cuando le pedimos algo al Señor?
Muchas veces Dios ve si nosotros pedimos las cosas para ver la bendición de Dios en nuestras vidas, porque Dios quiere bendecir nuestras vidas. No por las cosas que nosotros creemos importantes, sino por las cosas que Dios quiere hacer con nosotros y que, a través de eso, nosotros podamos compartir a nuestras familias, podamos compartir a nuestros seres queridos.
Cuando Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?”, Bartimeo le dijo: “Señor, que reciba la vista”. Él no titubeó. Fue un afirmativo, fue esa es mi necesidad: que reciba la vista.
No es solamente que él ha recibido la vista, sino que “tu fe te ha salvado”. Hay algo más. Tuvo un encuentro con el maestro, vio la intención de su corazón.
“Por un momento dudé. ¿Acaso si es el Mesías no debería saber mi necesidad? ¿Acaso no es evidente que soy ciego y que lo que más anhelo es ver? ¿Por qué me tiene que preguntar lo que es obvio?”
“Pero no dudé en la respuesta: ‘Maestro, que vea’, le dije, remarcando lo obvio. Pero volví una y otra vez a la insólita pregunta y me di cuenta que en ella estaba encerrado todo el secreto de la libertad humana. Jesús no pensó por mí. Él me hizo expresar mi propio deseo, mi propio anhelo.”
Muchas veces Dios tiene un trato así con nosotros. Como cuando un niño va creciendo y debe aprender a comunicarse claramente. Si un niño puede señalar y obtener lo que quiere sin hablar, se acostumbra a no decir las palabras. Pero llega un momento en que debe expresarse correctamente.
Tal vez usted tiene una enfermedad, o una situación personal en su vida, en su corazón, algo que usted no puede manejar. Tal vez su carácter, su forma de ser. Tal vez hay mentira en su corazón, algo que usted ve, algo que usted toma, algo que usted hace que es indebido.
El Señor nos está llamando a que podamos cumplir su propósito, a poder hacer su perfecta voluntad. Pero también tiene que ver con la intención que hay en nuestro corazón.
Si el Señor nos encontrara a nosotros hoy y él nos dijera:
“¿Qué quieres que haga yo por ti?”
“¿Qué le diríamos?”
“Señor, ¿qué quieres que nosotros hagamos, o tal vez hay algo en mí que necesita ser cambiado? ¡Ayúdame!”
Porque a veces nosotros negamos, y a veces creemos que no tenemos ningún problema y tenemos muchos problemas.
Hermano o amigos que nos ven por internet, ¡qué bueno que nosotros podamos parar un poco y tal vez replantear muchas cosas! Porque muchas veces nosotros condicionamos a Dios a nuestros planes, pero la pregunta sería: “Señor, ¿qué quieres que tú hagas?”
Este es un extracto de la prédica titulada: “¿Qué puedo hacer por ti?”
Te invitamos a ver la prédica completa haciendo clic aquí


