Probando nuestra fe

Nuestro cuerpo puede ser contaminado, pero nuestra herencia no. Podemos sufrir diversas situaciones, pero lo que tenemos permanecerá intacto porque el Señor pagó un precio por nosotros. Es importante saber que seremos probados, pero a pesar de las pruebas, dificultades y situaciones, Dios siempre estará ahí. Él es soberano y puede hacer milagros, cambiar situaciones o, si la situación no cambia, poner paz y descanso en nuestra vida.

En Primera de Pedro, capítulo 1, versículos 3 al 5, un grupo de cristianos estaba siendo probado en su fe, perseguidos, posiblemente enfrentando muerte, sufrimiento y maltrato. El apóstol Pedro les dice: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Me llama la atención que no les diga “ánimo” o “sigan adelante”, sino que da toda la gloria al Señor.

Pedro habla de “una esperanza viva” por la resurrección de Jesucristo. Qué importante es tener esperanza. Cuando enfrentamos situaciones de salud, podemos aplicar toda la ciencia, gastar todo el dinero, consultar todos los médicos, pero nada es 100% efectivo. Incluso con la IA, que procesa información dada por el hombre, hay cosas que van más allá de la información disponible. Frente a esas situaciones, tenemos una esperanza.

Recuerdo cuando era estudiante de medicina, haciendo guardia en el Hospital Padilla en Tucumán. Fue una guardia terrible donde seis pacientes murieron esa noche. El último paciente tenía cáncer gástrico, estaba en cuidados paliativos y lo enviaron a la guardia para morir allí. Estaba con su hijo de unos 35 años. Hablé con ellos, compartí el amor de Dios y oramos juntos. El hombre apenas podía moverse, pero hizo la oración de fe. A las 6:40 murió. Una de las cosas que me dijo fue: “Tengo esperanza”.

Tenemos una esperanza viva, incluso cuando la situación no pueda revertirse. Esos cristianos quizás iban a morir, pero tenían la esperanza de lo que Dios había hecho en sus vidas. Nadie podía quitarles esa herencia y salvación. A través de la muerte de Jesucristo, tenemos la oportunidad de ser hijos de Dios. Todos los que toman esa decisión y eligen el camino de la vida tendrán una nueva oportunidad, pero a quienes no lo hacen, por indiferencia o rebeldía, les quedará la soledad eterna.

Y el Señor dice que él nos ama, ¿verdad? Y él nos va a amar siempre a nosotros a pesar de todas las situaciones que nosotros pasemos. Él es nuestro Dios y él es fiel con nosotros, y él siempre va a estar con nosotros, hermano. ¡Qué tremendo!, ¿verdad? Entonces, qué importante es poder tener gozo, hermano, y yo lo animo, hermano.

El apóstol Pablo nos dice: “Usted tiene que perseverar hasta el fin”, ¿verdad? Perseverar, eso sí tiene que hacer. Usted tiene que crecer, ¿verdad? No se puede quedar con esa leche espiritual. “Listo, ya Dios hizo mi vida, me transformó, y ahora soy un hombre carnal”, ¿verdad? No. Usted tiene que ser un hombre espiritual. Usted tiene que anhelar cada día buscar más de Dios porque todos vamos a comparecer delante de Dios. Pero el Señor les dice que haya gozo cuando haya persecución, que haya gozo cuando pase esta situación, que haya gozo porque vale la pena y porque yo vendré un día a buscar a mi iglesia. Y también dice el Señor que va a haber ese juicio en el cual usted va a comparecer, y por lo tanto, usted va a ser transformado, como nos dice el apóstol Pedro.

Escuché un comentario de un hombre, y creo que yo ya se lo había compartido, un hombre que había dicho, que él había sido pastor durante 16 años, y que era una persona que predicaba a las personas, que hablaba de Dios, que compartía la palabra de Dios, y se dio cuenta que todo era psicológico, no existe Dios, todo está en la mente, y ahora él es una persona atea ahora, y cuando se le pregunta si es feliz, no puede responder, porque no hay una felicidad plena si Dios no está en tu vida.

Bendito sea Dios, quien a través de su misericordia nos ha dado una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo. El apóstol Pedro, quien conoció personalmente al Señor y a pesar de haberlo negado, comprendió el significado verdadero del sacrificio de Cristo. Este sacrificio fue la única forma para nuestra reconciliación con Dios, motivado puramente por amor a la humanidad.

Pedro nos habla de una esperanza viva que nadie puede arrebatarnos, sin importar las circunstancias. Esta esperanza permanece firmemente en nuestro corazón. También menciona una “herencia” especial, comparándola con las herencias terrenales que a menudo causan conflictos familiares. Mientras las herencias mundanas requieren documentación, abogados y pueden venir con deudas, la herencia celestial que nos ofrece el Señor tiene tres características extraordinarias:

Es incorruptible: nadie puede corromperla.
Es incontaminada: permanece pura.
Es inmarcesible: no se marchita ni desaparece con el tiempo.

A diferencia de las flores que se marchitan o los documentos que pueden perderse, esta herencia divina está eternamente asegurada para nosotros. No necesitamos papeleo ni trámites, pues ya está reservada en los cielos. Aunque nuestro cuerpo pueda sufrir o ser contaminado, nuestra herencia permanece intacta, pagada por el precio incomparable del sacrificio de Jesucristo.

Por eso, aunque pasemos por persecuciones o sufrimientos como aquellos primeros creyentes, tenemos la seguridad de que nuestra herencia espiritual permanece segura, pues le pertenece al Señor y nadie puede destruirla.

En Primera de Corintios 15:52 se nos enseña que “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”. Sabemos que vendrá un juicio y que el Señor llegará como ladrón en la noche. Todos compareceremos ante Dios, tanto justos como injustos, pero Él tiene una recompensa especial para sus hijos: una herencia indestructible pagada por el precio de nuestro Señor.

El apóstol Pedro, escribiendo a personas que enfrentaban persecución, dice en 1 Pedro 1:6: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”. Es importante entender que el camino con Dios no significa ausencia de dificultades. No todo es prosperidad y bendición constante. Es necesario que nuestra fe sea probada y que seamos pulidos a través de situaciones difíciles.

Estas pruebas nos ayudan a entender de quién dependemos realmente. Si todo fuera perfecto, diríamos: “No necesito de Dios, puedo manejarme solo con mi experiencia, título y capacidad”. Pero la realidad es que no lo sabemos todo y no controlamos todo. A lo largo de la vida, enfrentaremos situaciones difíciles y siempre estaremos tomando decisiones, desde la niñez hasta la vejez.

El versículo 7 nos dice que nuestra fe sometida a prueba es “mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego”. Nuestra vida debe ser pulida como el oro, que para ser más puro debe pasar por varios procesos. El oro más puro alcanza los 24 quilates después de mucho refinamiento. Nuestra fe es más valiosa que diamantes o perlas, pero debe ser genuina y real.

Aunque este mensaje fue escrito hace 2000 años para cristianos que enfrentaban persecución y muerte —un contexto muy diferente al nuestro donde estamos tranquilos, quizás tomando un café— el mensaje sigue siendo el mismo: nuestra fe debe ser probada y refinada.

Finalmente, en el versículo 8 leemos: “A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Este gozo inefable no puede superarse; no es una simple alegría pasajera sino una pasión profunda. Es como si estando endeudado recibieras una carta diciendo que ganaste millones, o si estando enfermo descubrieras un tratamiento milagroso.

Este gozo no es humano sino divino. Aun cuando estamos pasando por momentos difíciles, cuando humanamente no podríamos sonreír, hay algo dentro de nosotros que dice: “Tengo que gozarme en el Señor porque Él es mi Dios, porque ha transformado mi vida, porque tengo una herencia y una esperanza viva”. A pesar de los problemas, hay gozo en nuestra vida que viene del Señor, no de las circunstancias favorables o desfavorables, sino del gozo que Dios produce en nuestro corazón.

El Señor nos ama y es fiel con nosotros, aunque pasemos por momentos difíciles. Es importante tener gozo, incluso cuando humanamente parece imposible. Ayer mi esposa y yo vivimos situaciones inesperadas que me hacían no querer estar aquí, pero la Palabra dice que debemos alegrarnos en el gozo del Señor.

Unos filósofos estudiaron a los cristianos sin entender nuestra esperanza, porque no comprenden que ésta viene de Dios, no es meramente humana. Sabemos lo que el Señor ha hecho por nosotros, y por eso tenemos esperanza.

No sé cuál es su situación actual, pero el Señor nos dice que debemos mantener una esperanza viva. Además, tenemos una herencia por el sacrificio de Jesús. Debemos sentirnos gozosos a pesar de las circunstancias difíciles, porque Dios tiene algo maravilloso para nosotros: una herencia que nadie puede marchitar, romper o destruir, pagada con el precio de la sangre de Jesús.

El apóstol Pablo nos dice que debemos perseverar hasta el fin y crecer espiritualmente. No podemos quedarnos como hombres carnales, debemos anhelar más de Dios cada día, porque todos compareceremos ante Él. El Señor nos exhorta a tener gozo en la persecución y en las dificultades, porque vale la pena esperar su venida.

Es maravilloso recordar el regalo que Jesús hizo por nosotros. Tenemos una herencia y una recompensa, y Dios quiere que nos gocemos en la esperanza viva que nadie nos puede quitar. A veces decidimos servir al Señor y surgen problemas, enfermedades y circunstancias difíciles, pero debemos levantarnos, gozarnos y recordar que nuestra esperanza depende del Señor.

Somos coherederos del pueblo de Dios, parte de su pueblo, coherederos con Israel. ¿Está pasando situaciones difíciles? Quizás piensa: “Busco a Dios, entrego todo y las cosas no mejoran”. Escuché sobre un hombre que fue pastor por 16 años y luego se volvió ateo, convencido de que todo era psicológico. Pero cuando le preguntaron si era feliz, no pudo responder, porque no hay felicidad plena sin Dios.

Fuimos creados a imagen de Dios y dependemos de Él. Sin Dios en nuestra vida, no podemos ser completos. Podemos aparentar felicidad, pero cuando llegan las dificultades, nos angustiamos. Con Dios podemos ser totalmente felices, aunque pasemos por circunstancias difíciles, porque “el gozo del Señor es nuestra fortaleza”. Hay una esperanza viva que va más allá de nuestras dificultades y tiene que ver con el amor de Dios.

¿Cómo está su fe en este tiempo? Es difícil definir la fe, pero lo importante es tener una fe viva y real, sabiendo que esa fe nos lleva a una herencia que nadie puede destruir y nos trae gozo.

Este es un extracto de la prédica titulada: “Probando nuestra fe” del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=0n4pIcwmT2s