Los propósitos de Dios

Hoy quiero hablarles sobre la importancia de entender los propósitos de Dios y cómo aplicarlos en nuestra vida cotidiana. En Segunda de Reyes, capítulo 20, encontramos la historia de Ezequías, quien cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías le dijo: “Jehová dice así: ordena tu casa porque morirás”. Ezequías, al oír esto, oró a Jehová recordándole su fidelidad y lloró amargamente. Dios escuchó su oración y, a través de Isaías, le concedió 15 años más de vida, prometiendo también proteger la ciudad.

Esta historia nos enseña algo fundamental: aunque nos gusta escuchar que Dios es amor y misericordia, también debemos entender que la muerte es parte de nuestra realidad. Como dice Hebreos 9:27, está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después viene el juicio. No morimos dos o tres veces, sino una única vez.

Me acuerdo de un hombre alemán que estuvo en un campo de concentración nazi en 1945. Antes de morir, escribió algo profundo: “Cuando Cristo te llama, tu vida tiene un propósito y tu muerte tiene un propósito”. Esta verdad es fundamental para nosotros como creyentes.

En Colosenses 1:16, el apóstol Pablo nos recuerda que en Cristo fueron creadas todas las cosas, tanto las que hay en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles. Todo fue creado por medio de Él y para Él. Esto significa que antes de que naciéramos, Dios ya tenía un propósito para nuestra vida. No es que simplemente nacemos y empezamos a vivir; hay un plan divino preestablecido.

La muerte es una realidad difícil de entender, pero es parte integral de nuestro camino. Lo importante es reconocer que Dios tiene un propósito en todo momento de nuestra existencia. Cuando manejamos nuestra vida diaria, debemos recordar que este propósito comienza en Él y también termina en Él. Dios es soberano, y aunque nuestro cuerpo físico eventualmente llegará a su fin, tenemos la promesa de la vida eterna. Nuestro papel es vivir entendiendo y cumpliendo ese propósito divino en cada aspecto de nuestra existencia.

Cuando nos miramos al espejo y vemos nuestro cuerpo, debemos recordar que Dios nos creó con un propósito específico. En el Salmo 139:15-16, se nos revela que antes de nacer, Dios ya había escrito en su libro todo lo que seríamos. No fue algo improvisado; Dios tenía un plan predeterminado para cada uno de nosotros.

Como dice Isaías 44:2 y Jeremías 1:5, Dios nos formó desde el vientre y nos conocía antes de nacer. En Efesios 1:4-5 se nos recuerda que fuimos escogidos antes de la fundación del mundo para ser santos y sin mancha. Dios es soberano en todo lo que hace, aunque nos da la libertad de tomar nuestras propias decisiones.

Veamos el ejemplo del Rey Ezequías en Segunda de Reyes 18:5. Era un hombre que hacía lo correcto ante Dios, un monarca joven de 39 años que prosperaba en todo lo que hacía. Sin embargo, cayó enfermo de muerte. No era una simple gripe; era una enfermedad terminal. El profeta Isaías le dijo: “Ordena tu casa, porque morirás”.

Esta historia nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo estamos viviendo? ¿Cómo está nuestra casa, nuestra familia? La muerte es parte natural de la vida, pero lo importante no es cuántos años queremos vivir, sino cumplir el propósito de Dios en el tiempo que nos da. Ezequías no quería morir todavía, y en su angustia, volvió su rostro a la pared y oró a Jehová. Le recordó a Dios cómo había vivido en integridad y había cumplido Su propósito.

Lo más importante es que Ezequías tenía la autoridad para hablarle así a Dios porque había vivido una vida de comunión con Él. No solo había desarrollado su vida personal como rey, sino que había cumplido el propósito divino. Por eso podía decirle a Dios: “Acuérdate de lo que he hecho por ti”. Y Dios lo escuchó.

Como nos recuerda el libro de Daniel capítulo 10, a veces hay oposición espiritual a nuestras oraciones, pero debemos perseverar. El apóstol Pablo nos dice que oremos sin cesar: en casa, en el trabajo, en el transporte público, en todo momento. La pregunta clave es: ¿Estamos satisfaciendo a Dios o a los hombres? ¿Estamos haciendo lo correcto ante Dios o ante los hombres?

Antes de que Isaías saliera, el Señor lo detuvo y le dio un nuevo mensaje para Ezequías: “He oído tu oración y he visto tus lágrimas. Te sanaré y añadiré 15 años a tu vida”. Cuando Dios escucha a sus siervos que viven con propósito, responde. Ezequías no vio estos años adicionales como una oportunidad para hacer lo que quisiera, sino como tiempo para cumplir el propósito por el cual Dios lo había llamado.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Al terminar cada día, podemos decir que hemos cumplido el propósito de Dios? Es importante notar que Ezequías, en su momento de necesidad, no llamó a sacerdotes ni profetas; simplemente se volvió hacia la pared y oró directamente a Dios. Y Dios lo escuchó, porque no hay nada imposible para Él, sin importar lo que digan la ciencia o las circunstancias.

No basta con ir a la iglesia, dar diezmos u ofrendas. Puedes ser pastor, líder o superintendente, pero eso no garantiza nada. Lo que importa es vivir el propósito de Dios. Está bien si trabajas, si eres profesional, si disfrutas de tus nietos, pero ese no es tu propósito principal. El propósito es aquel que Dios puso en ti.

Para cumplir el propósito de Dios, debemos saber algunas cosas fundamentales: Primero, somos parte del plan de Dios. Segundo, solo el Señor puede salvar nuestra vida – no el gobierno, no la situación económica, solo Jesús. Tercero, el plan de Dios es eterno, no temporal. No sabemos qué pasará mañana o en diez meses, pero Dios quiere llevarnos a su presencia. En el libro de Apocalipsis dice que ha preparado una morada para cada uno de sus hijos.

La pregunta es: ¿Tenemos esa integridad como Ezequías? ¿Estamos tan comprometidos con el plan de Dios que podríamos recordarle nuestras obras? No se trata solo de decir “Señor, acuérdate que evangelicé” o que “tantas personas recibieron al Señor”. Se trata de vivir completamente en Su propósito.

Muchas veces nos apartamos del plan por las situaciones de la vida o por influencias externas. Como decía el apóstol Pablo, “todo me es lícito, pero no todo me conviene”. Hoy en día, incluso en muchas iglesias están entrando la ontología y el coaching cristiano. Está bien, pero cuando estas cosas empiezan a manipularnos, se desvirtúa el plan de Dios. La sana doctrina es simple: Jesucristo salva y Dios tiene un plan para nuestras vidas. La pregunta final es: ¿Estamos preparados para la cita eterna?

Este es un extracto de la prédica titulada: “Los propositos de Dios” del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: https://youtu.be/WgvH3SvUuPY