Las trampas en la vida del creyente

Es interesante darnos cuenta de cómo muchas veces caemos en las trampas de la vida. A veces puede venir un hombre, o puede venir una persona que es buena (no es que sea mala), y te puede presentar una estrategia o plantear una situación en la que puedes caer. Por eso es muy importante, hermano, que puedas tener conocimiento de lo que Dios dice. Si no conoces lo que Dios dice, no vas a tener muchas herramientas.

Un ejemplo desde mi experiencia

Les comparto un ejemplo de mi experiencia en el consultorio: vino un niño de 10 años con una otitis media aguda serosa. Podía tener una inflamación en el oído; esta estaba supurada y llevaba 5 días. Le hice la otoscopia, encontré la membrana timpánica inflamada y perforada. Tuve que dar antibiótico porque había gérmenes, y después derivarlo al otorrinolaringólogo. Supe qué hacer no porque sea muy ducho, sino porque tuve que estudiar y tengo la capacidad para ver que si encuentro tal cosa, tengo que hacer tal tratamiento. ¿Qué pasaría si yo no hubiera estudiado sobre otitis? Podría buscar en Google, pero no siempre voy a encontrar la respuesta correcta. Hermano, usted tiene que tener el conocimiento, debe prepararse, debe conocer a Dios.

En la Biblia tenemos principios y promesas de Dios, pero usted tiene que conocerlos. Si no los conoce, vendrá cualquier persona que le dirá cualquier cosa y usted caerá. A lo largo de la vida nos vamos a enfrentar con situaciones difíciles, y muchas veces hay trampas en las que podemos caer. Una trampa puede ser una estrategia, una técnica o una táctica para lograr algo, tal vez para engañar o para ocultar algo.

Como dice en Segunda de Timoteo, capítulo 2: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”.

El apóstol Pablo dice que vas a sufrir situaciones, va a haber algunas trampitas, algunas estrategias, algunas cosas que te van a hacer, pero debes seguir adelante. También dice: “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”.

El viejo y el nuevo hombre

Es importante recordar que, como cristianos transformados por Dios, hemos dejado atrás el viejo hombre. Muchos hemos tenido problemas con diferentes situaciones: el alcohol, las drogas, la sexualidad, la mentira, el engaño. Pero cuando conocimos al Señor, Él transformó nuestra vida. Ahora tenemos un hombre nuevo, un hombre distinto que va cambiando cada día más porque, a través de la sangre de Jesús, Dios limpia nuestra vida.

“Habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento del Señor Salvador Jesucristo, si se enredan otra vez en ellas, son vencidos”.

Los enemigos del cristiano

Cuando hablamos de los enemigos del cristiano, tenemos varios. Primero está uno mismo, que tiene que ver con nuestra carne, nuestra naturaleza pecaminosa. También está Satanás, nuestro adversario, que como león rugiente busca a quién devorar. Y finalmente tenemos al mundo como sistema, con sus valores y su ética. Todo lo que vemos cotidianamente en la televisión, el celular, la computadora, el trabajo – todas estas situaciones pueden generar trampas en las que podemos caer, con o sin darnos cuenta.

Error vs. Pecado

Es importante distinguir entre el error y el pecado. El pecado es una transgresión voluntaria de la ley de Dios – cuando conocemos algo que Dios nos dice, pero elegimos hacer lo que nos parece. El error, en cambio, tiene que ver con una mala decisión. Como ejemplo, el pastor Garay decía: “Si tengo un hijo de 5 años que pasa corriendo sin saludar a una visita, debo enseñarle. Pero si tengo un hijo de 20 años que hace lo mismo, está mal porque ya sabe lo que es correcto y lo que no”.

En Mateo capítulo 16, versículo 21, Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, padecer mucho y ser muerto. Pedro, tomándolo aparte, le dijo: “Señor, ten compasión de ti, en ninguna manera esto te acontezca”. Pero Jesús le respondió: “Quítate de delante de mí, Satanás, me eres tropiezo”.

La doble vida

He visto a lo largo del tiempo cosas preocupantes. Por ejemplo, había un grupo de jóvenes de alabanza, eran muy buenas alabanzas, muy lindas, pero eran personas que vivían una doble vida. Después de alabar al Señor y servir, estaba la otra vida: la fiesta, el boliche. Dios no nos llama a tener una doble vida. Muchos aprovechan la gracia de Dios como “gracia barata” – pecan, piden perdón, y siguen en ese ciclo toda su vida. Dios puede usarnos por su amor y misericordia, pero llegará un momento en que algo terminará. Él nos llama a santificarnos.

El ejemplo de Nehemías

Vamos a hablar de un hombre que tuvo que enfrentar situaciones relacionadas con las trampas de la vida: Nehemías. Dios había puesto algo en su vida, y él quería transformar su pueblo que estaba pasando por situaciones difíciles – el muro había sido destruido y no había templo. Entonces, aplicó una estrategia para reedificar el templo de Israel. Pero no fue fácil; empezó a tener enemigos y aparecieron diversas trampas.

En Nehemías capítulo 6, versículo 10, encontramos que cuando él estaba reedificando el templo y estructurándolo (tanto que las regiones vecinas se admiraban de la rapidez con que lo había levantado), viene Semaías y le dice: “Reunámonos en la casa de Dios dentro del templo y cerremos las puertas, porque vienen a matarte, esta noche vendrán a matarte”.

Lo interesante es que Nehemías era el copero del rey, no era sacerdote, y solo los sacerdotes podían quedarse dentro del templo.

La gracia de Dios

En el Salmo 124, versículo 7, dice: “Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores; se rompió el lazo y escapamos nosotros”.

Este lazo tiene que ver con la gracia. Cuando hablamos de la gracia, yo siempre pongo un ejemplo práctico: cuando una persona que usted ama lo abraza, ¿cómo se siente? Se siente bien, ¿verdad? Siente algo que no puede expresar con palabras. Bueno, eso es la gracia de Dios: es sentir ese abrazo de Dios en su vida, sentirse acompañado.

Consejos finales

Tenga cuidado con las trampas de la vida: en el trabajo, con su familia, en su comunidad, con sus vecinos. No diga “conmigo no es”; sea prudente. Sepa que es parte del pueblo de Dios, que Él lo guarda y cuida. Y también cuida a nuestros seres queridos, aunque estén rebeldes o no quieran saber nada de Dios. Siga orando, porque Dios va a tocar sus vidas y sus corazones.

Este es un extracto de la prédica titulada: Trampas en la vida del creyente del Pastor Sandro.

Te invitamos a ver la prédica completa aquí