Intenciones encontradas

Intenciones Encontradas

Vamos a hablar de las intenciones encontradas. Así he titulado este mensaje: “Intenciones encontradas”. ¿Por qué “encontradas”? Hoy vamos a desarrollar un poco este tema, porque muchas veces pasamos por diversas situaciones y circunstancias, y acudimos a Dios frente a una necesidad. Sin embargo, Dios a menudo tiene otros planes. Más allá de la situación que estemos enfrentando, Dios quiere enseñarnos algo. Vamos a ir al libro de Lucas, capítulo 7, desde el versículo 1 en adelante, un pasaje que quizás sea conocido, y vamos a analizar algunos aspectos de él.

Después de que Jesús hubo terminado todas sus palabras al pueblo que lo oía, entró en Capernaúm. El siervo de un centurión, a quien este quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, envió a unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera y sanara a su siervo.

Lucas 7:1-3

Estos judíos llegaron a Jesús. Pero, ¿quiénes eran estos judíos? No eran cualquier persona; eran judíos que formaban parte de la ley sacerdotal, fariseos y escribas que, curiosamente, cuestionaban a Jesús. Y ahora, ¿qué hacían? Le estaban pidiendo ayuda. Es algo extraño, ¿verdad? Pero esto nos lleva a un punto clave: había una intención detrás de su petición, y eso es lo que Dios quiere enseñarnos hoy.

Le rogaron con solicitud, no simplemente le pidieron; le suplicaron, poniendo todo su corazón. Le decían: “Señor Jesús, por favor, mira”. Pero, ¿por qué tenían tanta urgencia? Porque este centurión, según ellos, “es digno de que le concedas esto, porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga”. Este centurión había ayudado a los judíos, incluso construyendo una sinagoga, el lugar donde el pueblo de Israel se reunía.

Jesús, entonces, fue con ellos. No dijo simplemente: “Está bien, lo haré”. No, Jesús los acompañó. Pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a unos amigos para decirle: “Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me consideré digno de ir a ti, pero di la palabra y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: ‘Ve’, y va; y al otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace”.

Lucas 7:6-8

Al oír esto, Jesús se maravilló de él y, volviéndose, dijo a la gente que lo seguía: “Os digo que ni aún en Israel he hallado tanta fe”. Y al regresar a casa, los que habían sido enviados hallaron sano al siervo que estaba enfermo. ¡Gloria a Dios!

Lucas 7:9-10

Hemos escuchado este pasaje muchas veces, y solemos enfocarnos en el poder, la autoridad de Dios y la fe del centurión. Pero hoy vamos a analizar otro aspecto: las intenciones de estos judíos. Ellos buscaron a Jesús porque sabían que era el único que podía resolver esa situación. ¿Lo hicieron porque amaban al centurión? A primera vista, podría parecer que sí, pero su intención no era esa. El centurión era parte del pueblo romano, que tenía autoridad sobre Israel. Los judíos querían quedar bien con él porque sabían que, al estar en buenos términos con una autoridad romana, ellos también se beneficiarían. No era una intención de amor, sino una intención interesada.

Las intenciones en nuestra vida

Hermanos, esto sucede muchas veces en nuestra vida. Buscamos al Señor porque tenemos alguna intención. A veces, esas intenciones parecen buenas.

Por ejemplo, estoy enfermo y vengo a la iglesia porque quiero ser sanado. Tengo problemas económicos y busco a Dios para que me dé una solución. Hay conflictos familiares con mis padres, hijos, hermanos o pareja, y busco a Dios para que obre en mi vida. O quizás no tengo trabajo, he intentado todo, y entonces digo: “Bueno, me queda pedirle a Dios”.

La pregunta es: cuando recibo lo que busco —la sanidad, el trabajo, la solución a mi problema—, ¿qué hago después? Muchas veces, decimos: “Ya está, no necesito seguir buscando a Dios”. Entonces, ¿cuál fue mi verdadera intención? ¿Era solo cubrir esa necesidad?

Volvamos a Lucas 7, versículo 4: “Y ellos vinieron a Jesús”. Estas personas no eran cualquiera; eran autoridades dentro de la iglesia, levitas, sacerdotes. Pero, curiosamente, eran los mismos que criticaban a Jesús, que se enojaban con Él, que hablaban mal de Él. Sin embargo, ahora lo buscaban. Qué paradoja, ¿verdad?

A veces, encontramos personas en nuestra vida que, sin que les hayamos hecho nada, no nos quieren. “No te soporto”, dicen, aunque no les hayamos hecho nada. Pero, como dice la Biblia, no podemos caerle bien a todo el mundo. Estos judíos, aunque criticaban a Jesús porque hacía milagros que les incomodaban, ahora lo buscaban por conveniencia.

Sucedió que, estando Él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme’. Entonces, extendiendo Él la mano, le tocó, diciendo: ‘Quiero, sé limpio’. Y al instante, la lepra se fue de él.

Lucas 5:12-13

Jesús le pidió que no lo contara, pero que se presentara al sacerdote y ofreciera por su purificación, según la ley de Moisés. Sin embargo, su fama se extendía más y más, y mucha gente se reunía para escucharle y ser sanada. Pero Jesús se apartaba a lugares desiertos para orar.

Aconteció un día que Él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y los doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con Él para sanar. Y sucedió que unos hombres traían en un lecho a un hombre paralítico, procurando llevarlo adentro y ponerlo delante de Jesús. Pero, no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron al tejado y lo bajaron con el lecho, poniéndolo en medio, delante de Jesús. Al ver Él la fe de ellos, le dijo: ‘Hombre, tus pecados te son perdonados’. Entonces, los escribas y fariseos comenzaron a pensar: ‘¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?’

Lucas 5:17-21

Las críticas y las intenciones ocultas

Estos fariseos y escribas, los mismos que luego pidieron ayuda a Jesús en Lucas 7, aquí lo criticaban. Decían: “¿Quién se cree este? Solo Dios puede perdonar pecados”. Pero, cuando necesitaron un milagro para el siervo del centurión, recurrieron a Él.

Aconteció en un día de reposo que, pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. Algunos de los fariseos les dijeron: ‘¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo?’

Lucas 6:1-2

Jesús respondió: “¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban? ¿Cómo entró en la casa de Dios, tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino solo a los sacerdotes, y comió y dio también a los que estaban con él?”. Y añadió: “El Hijo del Hombre es señor aún del día de reposo”.

Aconteció también en otro día de reposo que Él entró en la sinagoga y enseñaba. Estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Los escribas y fariseos lo observaban para ver si lo sanaría en el día de reposo, a fin de hallar de qué acusarlo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre: ‘Levántate y ponte en medio’. Y él, levantándose, se puso de pie. Entonces Jesús les dijo: ‘Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar la vida o quitarla?’. Y, mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y su mano fue restaurada. Pero ellos se llenaron de furor y discutían entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

Lucas 6:6-11

Estos mismos fariseos, que lo criticaban y buscaban acusarlo, ahora le pedían ayuda para el centurión, diciendo: “Es digno, porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga”. Su intención no era pura; querían quedar bien con el Imperio Romano, que les ofrecía poder, dinero y estatus. No lo hacían por amor al centurión, sino por conveniencia. Jesús, sin embargo, fue con ellos, porque conocía sus pensamientos y sus intenciones.

La fe del centurión y nuestras intenciones

Cuando Jesús estaba cerca de la casa, el centurión envió a sus amigos con un mensaje: “Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me consideré digno de ir a ti, pero di la palabra y mi siervo será sano”. El centurión reconocía su indignidad y creía en el poder de la palabra de Dios.

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

El centurión sabía que la palabra de Jesús tenía poder para sanar.

Hermanos, muchas veces nuestras intenciones no están alineadas con lo que Dios quiere. Queremos que Dios se ajuste a nuestros planes, pero Él tiene un propósito para nosotros. En Lucas 5:21, cuando Jesús sanó al paralítico, dijo: “Tus pecados te son perdonados”. Los fariseos cuestionaron: “¿Quién es este que habla blasfemias?”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les respondió: “¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico: ‘A ti te digo, levántate, toma tu lecho y vete a tu casa’”. Y el hombre se levantó, glorificando a Dios.

Dios tiene un plan para nuestras vidas, pero a veces nuestras intenciones son encontradas. Queremos beneficios inmediatos, soluciones rápidas, pero Dios quiere transformar nuestro corazón.

Recuerdo cuando quería ser gastroenterólogo infantil. Trabajé un año en un hospital, pero no pude continuar mi formación. Me sentí frustrado porque era mi plan, pero no el de Dios. Luego, estudié alergia e inmunología, y eso me permitió conocer personas, orar por ellas y compartir la palabra de Dios. Mis intenciones eran buenas, pero no estaban alineadas con el propósito de Dios.

Alinear nuestras intenciones con el plan de Dios

Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

Salmo 139:16

Dios nos vio antes de que naciéramos y tiene un propósito para nosotros: comunión y relación con Él.

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 6:33

El reino de Dios es Su plan para nuestra vida, una relación íntima con Él. Si buscamos eso, Él proveerá todo lo demás.

Muchas veces, venimos a Dios con intenciones egoístas. He visto personas que, tras recibir un milagro, se olvidan de Dios. Su intención era solo resolver su problema. Dios, sin embargo, quiere sanar nuestro corazón, no solo nuestras circunstancias. Él conoce nuestros pensamientos y nuestras intenciones. Por eso, debemos alinear nuestro corazón con Su propósito.

Hermanos, Dios es nuestro fiel amigo. A veces, un buen amigo no es el que nos dice lo que queremos escuchar, sino el que nos confronta con la verdad. Dios nos dice: “Hay cosas en tu vida que necesitan cambiar”. Debemos renunciar a nuestras intenciones egoístas y alinearnos con Su plan.

Oremos para que nuestras intenciones sean agradables a Él, para que vivamos en comunión con Él y cumplamos Su propósito. ¡Amén!