¿Imaginación o verdad?

Hoy compartimos sobre la importancia de compartir nuestra fe, especialmente con aquellos que no conocen a Dios. Muchos tenemos familiares o amigos que rechazan hablar de Dios, y a veces nos cuesta abordar el tema por miedo o vergüenza. Es crucial entender que no todos piensan igual; existen diversas cosmovisiones, como la teísta (creyentes en un Dios), la ateísta (quienes no creen en Dios) y la panteísta (quienes creen en varios dioses). Al hablar con otros, debemos recordar que no todos comparten nuestra fe, y por eso es fundamental fundamentar nuestras creencias.

Algunas personas no creen en Dios porque lo ven como una invención psicológica o imaginaria. Otros cuestionan la existencia de Dios debido al mal en el mundo, como enfermedades o muertes injustas. Incluso hay quienes dudan de la resurrección de Jesús, considerándola un mito. Como cristianos, debemos estar preparados para responder a estas preguntas y dudas, no necesitamos ser expertos en teología, pero sí tener un corazón dispuesto a compartir el evangelio.

A veces, nos sentimos culpables por no compartir nuestra fe o nos desanimamos cuando nuestras palabras no parecen tener efecto. Sin embargo, la obra es de Dios; nosotros somos solo instrumentos en Sus manos. No debemos rendirnos, incluso si nuestros esfuerzos no dan frutos inmediatos. Dios es soberano y controla todas las cosas, pero nos ha llamado a ser Su voz en el mundo.

La Biblia nos enseña que Dios es el creador de todo, como se ve en Génesis 1:1-2. Él tiene el control de la historia y del universo, y nuestra tarea es anunciar el evangelio, confiando en que Él obrará en los corazones. No se trata de técnicas o métodos, sino de depender de Dios y ser fieles en compartir Su verdad. Aunque enfrentemos rechazo o dificultades, debemos recordar que la obra de salvación es de Dios, y Él nos usa para llevar Su mensaje a otros.

Hoy reflexionamos sobre la naturaleza de Dios y Su obra en nuestras vidas. Primero, Dios es el creador de todas las cosas, como nos enseña Génesis 1:1-2. Segundo, Él es el propietario de todo, como dice Salmo 24:1: “De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. Esto incluye a todas las personas, incluso aquellas que no quieren saber de Él. Tercero, Dios es el sostenedor de la vida, como vemos en Salmo 147:8-9, donde se nos recuerda que Él provee alimento para los animales y hace crecer la hierba. Cuarto, Dios es el director de todo, incluso de las autoridades y los reyes, como nos muestra Daniel 4:17. Él controla los tiempos y las edades, y da sabiduría a quienes la buscan.

Además, Dios nos ofrece redención a través de Jesucristo. En Romanos 8:20-22, aprendemos que toda la creación gime esperando la liberación de la corrupción, y nosotros, como creyentes, también esperamos la redención de nuestros cuerpos. Sabemos que esta vida es pasajera y que habrá un juicio final, pero tenemos esperanza en la reconciliación con Dios a través de Cristo.

Para compartir el evangelio, es esencial entender que Dios nos da Su palabra, como vemos en Romanos 1:16, donde Pablo afirma que el evangelio es poder de Dios para salvación. No debemos avergonzarnos de compartirlo, pues es la verdad que transforma vidas. Además, Dios abre puertas para que podamos hablar de Él, como nos enseña Hechos 14:27. No depende de nuestras habilidades, sino de Su poder. Debemos orar para que Él prepare los corazones de las personas, como hizo con Lidia en Hechos 16:14, donde se nos muestra que fue Dios quien abrió su corazón para recibir el mensaje.

Finalmente, es crucial recordar que no somos nosotros quienes cambiamos los corazones, sino Dios. Él nos da el valor para hablar, como le dio fuerzas a Pablo (2 Timoteo 4:17). Nuestra tarea es ser instrumentos en Sus manos, confiando en que Él hará la obra completa. No debemos desanimarnos si no vemos resultados inmediatos, pues la obra de salvación es de Dios, y Él tiene el control de todo.

El Señor nos da Su palabra, abre puertas y nos brinda oportunidades para compartir el evangelio. Él nos da el valor para hablar y abre el corazón de las personas para que puedan entender el mensaje. Además, el Espíritu Santo convence a la gente de pecado, como dice Juan 16:8, donde Jesús promete que el Espíritu convencerá al mundo de pecado, justicia y juicio. Dios no solo convence, sino que también permite que los pecadores se arrepientan, como vemos en Hechos 5:31, donde se nos muestra que Dios exaltó a Jesús como Salvador para dar arrepentimiento y perdón de pecados. Este arrepentimiento no es solo para unos pocos, sino para toda la humanidad, y quienes lo aceptan reciben una nueva vida y el don del Espíritu Santo, como nos enseña Hechos 2:38.

Es crucial estar preparados para compartir nuestra fe en cualquier momento, como nos exhorta 1 Pedro 3:15: “Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Esto significa que debemos escudriñar las Escrituras y buscar a Dios no solo en la iglesia, sino también en nuestra vida diaria. No basta con asistir a los servicios; necesitamos un compromiso personal con Dios para entender y compartir Su verdad.

En el libro de Hechos, vemos ejemplos de cómo Pedro y Pablo compartieron el evangelio con personas de diferentes trasfondos y cosmovisiones, desde judíos hasta griegos y ateos. En Hechos 5:29-32, Pedro declara con valentía que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres, y testifica sobre la resurrección de Jesús, a quien los líderes judíos habían crucificado. Pedro enfatiza que Dios exaltó a Jesús como Príncipe y Salvador para dar arrepentimiento y perdón de pecados, y que ellos, junto con el Espíritu Santo, son testigos de estas cosas.

Este pasaje nos enseña que nuestra responsabilidad como cristianos es proclamar el evangelio a todos, sin importar su trasfondo o creencias. Debemos estar listos para defender nuestra fe con mansedumbre y reverencia, confiando en que es Dios quien obra en los corazones de las personas. Él es quien abre puertas, convence de pecado y transforma vidas. Nuestra tarea es ser instrumentos fieles en Sus manos, compartiendo el mensaje de salvación con valentía y amor.

Dios es soberano y gobierna todas las cosas. Él se ha revelado a la humanidad a través de los patriarcas, los profetas y, finalmente, a través de Jesucristo. Jesús, aunque fue crucificado, resucitó, venciendo la muerte, y Dios lo exaltó como Príncipe y Salvador para que las personas puedan arrepentirse de sus pecados. Nosotros, como testigos de esta verdad, hemos recibido el Espíritu Santo para entender y vivir el evangelio. Este mensaje es claro: Dios se ha manifestado en la historia, primero a través de Su pueblo y luego en Jesús, quien es el único que ha resucitado, algo que ninguna otra religión puede afirmar.

Dios nos llama a arrepentirnos y a obedecerle. El arrepentimiento implica un cambio radical: dejar atrás el pecado y vivir una vida santa. No se trata solo de creer intelectualmente, sino de transformar nuestra manera de vivir. Si lo hacemos, Dios nos perdona nuestros pecados por la sangre de Jesús y nos da Su Espíritu Santo para guiarnos. Esto nos lleva a una vida nueva, llena de propósito y dirección.

Es fundamental que sepamos hacia dónde vamos en la vida. Si no tenemos claridad, cualquier camino nos parecerá correcto, pero solo en Dios encontramos la verdadera dirección. Debemos buscar a Dios diariamente, no solo en la iglesia, sino en un tiempo personal de intimidad con Él. Esto nos permite entender Su voluntad y vivir de acuerdo con ella.

Cuando compartimos el evangelio, podemos usar un esquema sencillo: Dios creó todo, el hombre se rebeló, pero Dios, en Su amor, ofrece una nueva oportunidad a través de Jesús. Si rechazamos esta oportunidad, enfrentaremos el juicio y la separación eterna de Dios. Pero si aceptamos a Jesús, recibimos perdón y una vida transformada por el Espíritu Santo.

Dios nos llama a estar preparados para defender nuestra fe con mansedumbre y reverencia, como dice 1 Pedro 3:15. No necesitamos ser teólogos expertos, sino estar dispuestos a compartir lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Él es quien abre puertas, convence de pecado y transforma corazones. Nuestra tarea es ser instrumentos fieles en Sus manos.

Finalmente, es crucial recordar que Dios es soberano. No debemos confiar en nuestra propia fuerza o sabiduría, sino en Él. Como el Titanic, que se consideraba indestructible pero se hundió en su primer viaje, nosotros debemos humillarnos ante Dios y reconocer que Él tiene el control de todas las cosas. Agrademos a Dios, no a los hombres, y Él nos guiará en el camino correcto.

Este es un extracto de la prédica titulada: “¿Imaginación o verdad?” del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: https://youtu.be/0yimQ9CHKsQ