Es posible tener una vida victoriosa

Es posible tener una vida victoriosa

¡Qué interesante, verdad! Si buscamos en internet, encontramos conferencias, charlas de superación personal, capacitaciones y muchos recursos que nos ayudan a crecer como seres humanos. Todo esto está muy bien, porque nos permite mejorar en diferentes aspectos de nuestra vida. Sin embargo, llega un punto en el que enfrentamos limitaciones. Hay cosas que no podemos manejar, incluso con el mejor conocimiento o las mejores intenciones.

Por ejemplo, en el ámbito de la medicina, que ha avanzado enormemente, puede llegar un momento en que, ante una enfermedad terminal, los médicos nos digan: “Ya no se puede hacer nada”. Entonces, ¿dónde queda la vida victoriosa? ¿Dónde está la libertad que tanto anhelamos? Es en ese momento donde Dios comienza a obrar a través de su Espíritu Santo.

Antes de que existiéramos, antes de que el hombre fuera creado, la presencia de Dios ya estaba. Qué interesante, ¿verdad?

Génesis 1:1-2
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

Fíjense, aún no existía el hombre ni los seres vivientes, pero el Espíritu de Dios ya estaba presente, moviéndose sobre las aguas. Esto nos muestra que el Espíritu Santo ha estado activo desde el principio.

A lo largo del Antiguo Testamento, vemos cómo Dios se manifestaba a través de su Espíritu en las personas. Por ejemplo, el rey David decía: “Señor, si tu Espíritu no está conmigo, no quiero ir a ningún lugar. Sin tu Espíritu, no puedo ser feliz ni disfrutar de nada”. David entendía que, sin el Espíritu de Dios, no podía lograr lo que deseaba y podía caer en cualquier momento.

Ezequiel 36:25-26
“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne”.

¡Qué tremendo! Dios promete transformar nuestro corazón duro, ese que no se conmueve, que solo piensa en sí mismo, en un corazón sensible y lleno de vida.

Muchas veces, en nuestra vida, tenemos un corazón endurecido. No nos importa el dolor del otro, actuamos según nuestros deseos, sin considerar a los demás. El pueblo de Israel, a pesar de los milagros que Dios hizo por ellos, a menudo mostraba un corazón duro. Cuando no veían respuestas inmediatas, decían: “¿Dónde está Dios?”.

Ezequiel 36:36
“Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado y planté lo que estaba desolado. Yo, Jehová, he hablado, y lo haré”.

Cuando Dios habla, sus promesas se hacen realidad, aunque a veces no lo entendamos porque su Espíritu es real y se manifiesta en nuestras vidas.

En el Nuevo Testamento, vemos cómo el Espíritu Santo se derrama de manera poderosa.

Hechos 1:8
“Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”.

¿Para qué recibimos el Espíritu Santo? Para ser testigos de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Si tenemos el Espíritu Santo, debemos dar testimonio de su obra. La pregunta es: ¿somos testigos de lo que Dios ha hecho en nosotros?

Hechos 2:4
“Y fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

El Espíritu Santo se manifestaba de forma poderosa. En Hechos 4:8, vemos a Pedro, lleno del Espíritu Santo, hablando con autoridad a los gobernantes y ancianos de Israel. ¿Por qué estaba lleno del Espíritu Santo? No para presumir de poder, sino para ser testigo de lo que Dios había hecho. Como resultado de su predicación, miles de personas recibieron al Señor.

Hechos 4:31
“Después de orar, el lugar donde estaban tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo, hablando con denuedo la palabra de Dios”.

Ser llenos del Espíritu Santo marca la diferencia en nuestra vida.

Tal vez alguien diga: “Pastor, estoy bien, no estoy haciendo nada malo”. Pero la pregunta es: ¿estás viviendo una vida victoriosa? ¿Estás alcanzando lo que Dios tiene para ti? Esto no es algo que se logra una sola vez; es un proceso diario. Hoy puedes estar bien, pero en una semana, una situación personal puede cambiar todo, y de repente no quieres ni hablar de Dios.

Aunque ames a Dios y lo busques, un impacto fuerte puede hacer que dudes y escuches voces que te dicen: “¿Para qué fuiste a la iglesia? ¿Para qué sirves a Dios?” Por eso es crucial estar llenos del Espíritu Santo y entender por qué lo necesitamos en nuestra vida.

Hechos 9:17
“Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo”.

Ananías escuchó la voz de Dios porque tenía el Espíritu Santo. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿a quién escuchamos? ¿A los hombres, a nuestro corazón endurecido, o a Dios?

Hechos 13:52
“Los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo”.
Hechos 5:32
“Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen”.

El Espíritu Santo no es para cualquiera que haga cosas buenas o parezca “buenito”. Es para quienes obedecen a Dios, no a sus propios intereses o egoísmos.

Gálatas 5:17
“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais”.

La carne nos empuja a no levantarnos temprano, a no ir a la iglesia, a no buscar a Dios. Es una lucha real, incluso para quienes conocemos a Dios.

Apocalipsis 3:17
“Y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

Aunque creamos que lo tenemos todo —profesión, salud, dinero—, sin Dios, estamos vacíos. Necesitamos discernir si lo que sentimos o pensamos viene de Dios.

¿Cómo sabemos si un espíritu es de Dios? El Espíritu de Dios es de amor, valor, compasión, mansedumbre, humildad y obediencia. En cambio, el espíritu que no es de Dios produce temor, vergüenza, control, manipulación, fuerza, rebeldía y orgullo.

Mateo 11:29
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”.

Jesús no dice: “Soy orgulloso, hago lo que quiero”. Nos invita a aprender de su mansedumbre y humildad.

Para discernir los espíritus, debemos seguir estos pasos:

  1. Identificar de dónde viene el espíritu. Si es de ansiedad, impaciencia o rebeldía, no es de Dios.
  2. Arrepentirnos y confesar.
  3. Buscar ser llenos del Espíritu Santo, pidiendo el espíritu opuesto.
  4. Preguntar: “Señor, ¿qué quieres que haga?”
  5. Obedecer con gozo.
Testimonio de perseverancia

Un matrimonio cristiano tenía un hijo que, al independizarse, se involucró con malas compañías, drogas y alcohol. Aunque sus padres oraron por él durante años, no veían cambios. Sin embargo, persistieron. Un día, el hijo pidió a su padre hacer deporte juntos. Esto llevó a que oraran y leyeran la Biblia juntos de lunes a viernes durante dos años. A pesar de esto, el hijo seguía en su vida de excesos. Pero un día, en una actividad evangelística, un predicador joven compartió la palabra, y el hijo entregó su vida a Dios. Hoy sirve en la iglesia. La perseverancia de los padres y su obediencia a Dios hicieron la diferencia.

1 Corintios 3:16
“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

Somos templos del Espíritu Santo y debemos cuidarlo. En Mateo 12:43-45, Jesús habla de un espíritu inmundo que sale de un hombre, pero al volver encuentra la casa “desocupada, barrida y adornada”. Si no está ocupada por Cristo, otros espíritus peores pueden entrar.

Nuestra vida puede estar limpia (sin pecados evidentes) y adornada (haciendo cosas buenas), pero si Cristo no ocupa el centro, estamos en riesgo. Para que Cristo ocupe nuestra vida, debemos obedecer su palabra, orar, congregarnos y entregar todos los espacios de nuestro corazón a Dios.

1 Juan 4:1
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.

Debemos discernir si un espíritu es de Dios, que trae amor y humildad, o de Satanás, que produce temor, vergüenza y orgullo.

Testimonio personal del pastor

Oré durante años por mi abuelo, un hombre duro y tradicional. En una visita a Lima, sentí que Dios me decía: “Háblale de mí”. A pesar de las dificultades, le compartí el evangelio, y él, por primera vez, lloró y aceptó a Jesús como su Salvador. Dos meses después, falleció. Si no hubiera obedecido, habría perdido esa oportunidad.

Testimonio de restauración matrimonial

Una mujer cuyo esposo, aunque cristiano, se había alejado y vivía en otro lugar. Una noche, cuando él llegó tarde, Dios le dijo: “Arréglate para tu esposo”. A pesar de las voces de resentimiento, obedeció, preparó comida y lo trató con amor. Aunque él fue indiferente al principio, Dios le habló: “Has sido fiel, pídeme lo que quieras”. Ella pidió compasión para su esposo, y esa noche él la invitó a salir. Ese fue el comienzo de la restauración de su matrimonio, que ahora sirve a otras familias.

Isaías 59:19
“Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol, su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”.

Tenemos la victoria en Jesús, pero debemos ser llenos del Espíritu Santo.

Isaías 30:21
“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: ‘Este es el camino, andad por él’”.

Dios nos guía, pero debemos escuchar su voz, obedecer y vivir una vida victoriosa llena de su Espíritu.

Este es un extracto de la prédica titulada: “Es posible tener una vida victoriosa”.

Te invitamos a ver la prédica completa:

Ver Prédica Completa