Puse como título "El reino de los cielos", Alguna vez compartí sobre el reino de los cielos y qué más, pero esto tiene que ver con algo más puntual con respecto al reino de los cielos. Estamos tomando una materia con los hermanos, introducción a la teología y el ministerio de Jesús, y estamos hablando un poquito de eso. Hablamos un poquito del reino de los cielos y quiero, más o menos, contextualizar e ir al libro de Filipenses, capítulo 1, versículo 27.
Vamos a Filipenses, capítulo 1, versículo 27 solamente. Fíjense qué interesante, esta versión dice "solamente" (es de la Septuaginta). Hay otra versión que yo tengo que dice "solo", pero hay una versión de la NVI que dice —no sé si la puedes buscar, Marco, si se puede—… "Pase lo que pase". Esa parte es muy interesante. Aunque todo signifique lo mismo —solo, solamente—, miren acá: "Pase lo que pase". Me gustó mucho esa parte. "Pase lo que pase, compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo. De este modo, ya sea que vaya a verlos o que, estando ausente, solo tenga noticias de ustedes, sabré que siguen firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe del evangelio".
Vamos al versículo 28: "y sin temor alguno a sus adversarios, lo cual es para ellos señal de destrucción. Para ustedes, en cambio, es señal de salvación, y esto proviene de Dios".
Vamos otra vez al versículo 27. Dice: "Pase lo que pase". Y qué interesante, Aquí estamos hablando a la iglesia de Filipos. Filipos quedaba cerca de la zona de Grecia, cerca de Macedonia, pero tenía una característica: Filipos era una colonia romana y, por lo tanto, las personas que vivían allí eran ciudadanos romanos. Como ciudadanos romanos, ellos tenían que cumplir ciertas características. Tenían, prácticamente, que sujetarse bajo la autoridad del emperador, pero también debían sujetarse a las leyes.
Frente a ese contexto, el apóstol Pablo —quien estaba preso, porque cuando escribe a los filipenses estaba pasando por una situación muy difícil— los estaba animando. Animaba a estos cristianos que eran ciudadanos romanos y que, por lo tanto, tenían que cumplir lo que el Imperio Romano les decía. Ahora, tiene que ver con eso que yo les compartía, Qué difícil. Somos cristianos, sabemos que no tenemos que hacer tales cosas, pero si en el lugar donde estamos nos dicen o vemos que tenemos que hacer otra cosa, a pesar de que sabemos que no está bien…
El Señor Jesús habló un poco de eso en Mateo, capítulo 22, versículo 21. Él fue muy claro cuando lo quisieron confrontar los escribas y el Señor les dio esta contestación: "Del César", respondieron. Entonces dijo Jesús: "Denle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".
Entonces podríamos decir, de la misma manera: son ciudadanos romanos, tienen que cumplir la ley y sujetarse bajo la autoridad de Roma y del emperador, pero son cristianos y saben que hay cosas que no están bien y cosas en las que van a tener que sujetarse a Dios. Esto es muy interesante, hermanos. Pablo exhortaba a los filipenses frente a eso. Imagínense animarlos cuando él mismo estaba preso; animar a estas personas para poder ayudarlas porque estaban pasando varias situaciones. Eran ciudadanos romanos y tenían que cumplir ciertos requisitos, pero eran cristianos. Eso, dentro de la sociedad, era un poco difícil.
Aún dentro de la congregación había problemas también. Y como decía nuestra hermana Sara, no somos perfectos. Solamente Dios es perfecto. Tenemos nuestras situaciones y particularidades; por lo tanto, el apóstol Pablo los animaba, los exhortaba y les decía: "Ustedes tienen que seguir adelante".
Vamos otra vez a Filipenses, capítulo 1, versículo 27: "Pase lo que pase". Qué interesante: pase lo que pase, ustedes tienen que seguir. Y eso es muy importante, hermanos. Hoy vivimos en una etapa —pasamos la parte posmoderna, una parte milenial— en la cual parece que uno tiene que hacer lo que le parece. Si te sientes bien con lo que haces, está bien. Ahora, si una persona te dice que lo que estás haciendo está mal, "te está discriminando".
Fíjense, estamos en una sociedad en la cual, si haces algo y te sientes bien, está perfecto; esto tiene que ver con el hedonismo y con el placer de sentirse bien. Compartíamos unos domingos atrás que, si estás estudiando o tienes una capacitación, parece que nunca es suficiente, porque terminas esto y ahora tienes que hacer una licenciatura; terminas la licenciatura y tienes que hacer una maestría; terminas la maestría y vas por un doctorado… Siempre estás así, como que no da abasto lo que tienes. Siempre tienes que aspirar a hacer otras cosas, y la sociedad vive de esa manera: tienes que sentirte bien con lo que haces y con lo que piensas.
Esto genera que no haya una verdad absoluta, porque las verdades son relativas y cada uno tiene su propia verdad. Entonces, cuando quieres compartir en esta sociedad una verdad absoluta —que hay cosas que están marcadas y que no son relativas—, hay confrontación y, por lo tanto, se dice que está mal lo que dices. "Eres un religioso", "eres un anticuado", "esto es algo que no tiene sentido", nos dicen.
Esa misma situación también la vivían los antiguos cristianos. Lo vivían en aquella época también porque eran personas que tenían que sujetarse a las leyes romanas. Como eran cristianos, ¿podían decir "bueno, puedo pasar la luz roja como a mí me da la gana porque soy cristiano y Dios me va a bendecir"? No, ellos tenían que sujetarse también a las autoridades y hacer las cosas que estuvieran bien. Por eso el apóstol Pablo dice: "Pase lo que pase, pase lo que pase; cualquier situación, no importa".
Y acá viene otra palabra muy característica: "Compórtense". "Pase lo que pase, compórtense". Capaz si nosotros vemos el "comportarnos", pensamos que tiene que ver con la conducta, el hecho de que uno se comporte correctamente en lo que hace. Pero aquí el apóstol profundiza un poquito más. Busqué en el griego original y "compórtense" tiene dos acepciones. Una es una conversión civil, de una forma civil, que significa que deis testimonio de lo que decís. Y el otro significado de "compórtense" en griego es "ser un buen ciudadano". Miren, esos dos significados tiene: por un lado, una conducta civil y, por otro, ser un buen ciudadano. Ser un buen ciudadano. Así que lo que el apóstol Pablo le está diciendo a los filipenses es que tienen que ser buenos ciudadanos; que no solamente se comporten bien, sino que su fe se ponga de manifiesto y, por lo tanto, cumplan también con las leyes. Ser un buen ciudadano significa que, si estás caminando por la calle, no puedes cruzar por cualquier lado; tienes que esperar en la senda peatonal porque la reglamentación así lo dice. O si estás en la carretera y el límite es 80, y tú vas a 120… no, tienes que ir a 80 para respetar la norma.
Entonces, el apóstol Pablo les dice a los filipenses: "No importa las cosas que pasen, no importa las situaciones que vivan, tienen que comportarse, tienen que ser buenos ciudadanos, tienen que ser personas de buen testimonio". Qué importante es eso y cómo el Señor bendice nuestra vida.
Después dice: "Compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo". Miren qué interesante; vamos escudriñando. Dice: "Compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo". Ahora, ¿qué significa el evangelio de Cristo? El apóstol les dice que deben comportarse como buenos ciudadanos, mostrar lo que han aprendido y tener un buen testimonio, de una manera digna del evangelio de Cristo.
El evangelio de Cristo tiene que ver, principalmente, con lo que el Señor nos enseña. El Señor Jesús hablaba constantemente del reino de los cielos, ¿se acuerdan? Hay varios pasajes en el Nuevo Testamento que nos dicen que el reino de los cielos se ha acercado. Eso tiene que ver con el evangelio de Cristo y con el poder de Dios.
Vamos a Mateo, capítulo 4, versículo 17: "Desde entonces comenzó Jesús a predicar: 'Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca'". El Señor Jesús representaba ese reino de los cielos. Cuando estuvo aquí, animaba a las personas a buscarlo, recordándoles que el reino de los cielos está cerca.
Pero no solo eso; vamos a Mateo, capítulo 5, versículo 3: "Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece". Cuando el Señor Jesús estuvo aquí, los fariseos, escribas y religiosos de aquella época no comprendían, porque el Señor hablaba del reino de los cielos y eso tenía que ver con la misma esencia de lo que Jesús era.
Cuando el Señor enseñó a orar a sus discípulos, les dijo: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino". ¿De qué reino hablaba? No decía "venga a mi casa", sino "venga a nosotros tu reino". Hablaba del reino de los cielos. Jesús representa, habló y mostró ese reino.
Es muy interesante ver esas características y algunos aspectos de cómo Jesús lo representa, porque no solo lo dijo, sino que lo hizo. Nosotros, como dice el apóstol Pablo, al comportarnos como buenos ciudadanos, somos testigos de Cristo y personas que entendemos el reino de los cielos.
Una de las cosas que el reino de los cielos encarnado en Jesús nos muestra es sanidad y milagros. Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, sanaba a los cojos, daba la vista a los ciegos, sanaba a los leprosos, sanaba a las mujeres enfermas y levantaba a los muertos. No había nada imposible para Dios. El reino de los cielos representa eso: sanidad y milagros, porque no solo sanaba el cuerpo, sino que también transformaba la vida de las personas.
Muchas veces en nuestra vida vemos situaciones muy difíciles en las que no entendemos por qué nos pasó una enfermedad o una situación determinada. Pero el reino de los cielos representa que el Señor sana cualquier enfermedad y hace milagros en nuestras vidas, tal como lo hizo en la vida de las personas en aquel tiempo. Qué importante es esto; el Señor es completo.
Pero el reino de los cielos también tiene que ver con el poder de perdonar pecados. Representa el perdón porque nadie es perfecto. Solamente Dios es perfecto y nosotros estamos en esa búsqueda. Cuando Dios trabaja en mi vida y transforma mi corazón, yo entrego mi vida al Señor y puedo decir: "Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí". Ahora tengo una relación con Dios y debo lidiar con mi vida personal en el proceso de buscar agradar a Dios.
Todos hemos pecado delante de Dios. Les pregunto —y guarden la respuesta para ustedes—: ¿alguno de los presentes ha dicho alguna vez una mentira? No levanten la mano, pero piensen. Les aseguro que todos, de una u otra forma, hemos dicho algo que no es cierto. ¿O cuántos de nosotros alguna vez tomamos algo que no era nuestro, ya sea por equivocación o por opción? ¿O acaso alguno de aquí nunca ha mirado mal a alguien o ha hablado mal de otro? Probablemente todos, de alguna forma, lo hemos hecho.
Pero el Señor nos da la oportunidad en el reino de los cielos, a través de Su obra sacrificial, de perdonar pecados. El reino de los cielos perdona pecados y, si cometemos uno, el Señor nos perdona y nos da una nueva oportunidad. El apóstol Pablo dice que nos dio el ministerio de la reconciliación.
Pero, ¿cómo es eso de que el Señor perdona pecados? Vamos a Marcos —me confundí antes con Mateo—, capítulo 2. Cuando los escribas veían al Señor Jesús, siempre lo confrontaban. El Señor decía: "He venido para dar vista a los ciegos y nuevas oportunidades; también perdono sus pecados". ¿Se acuerdan cuando el Señor sanó al paralítico? Hizo el milagro y luego le dijo: "No solamente eres sanado, sino que tus pecados te son perdonados". Los escribas decían: "¿Y quién es este que se cree que puede perdonar pecados?". Y Él les respondía: "Yo soy el Hijo de Dios. Tengo la autoridad de perdonar pecados". El Señor nos muestra que Él perdona los pecados. Se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio ni siquiera frente a las puertas, mientras Él les predicaba. Entonces llegaron cuatro hombres que llevaban a un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico. Al ver la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados quedan perdonados".
Algunos maestros de la ley que estaban sentados allí pensaban: "¿Por qué habla este así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?". En ese mismo instante, supo Jesús en su espíritu que esto era lo que estaban pensando. "¿Por qué razonan así?", les dijo. "¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: 'Tus pecados quedan perdonados', o decirle: 'Levántate, toma tu camilla y anda'? Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados" —se dirigió entonces al paralítico—: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Y el hombre se levantó, tomó su camilla enseguida y salió caminando a la vista de todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios.
Fíjense, el reino de los cielos nos muestra esto: el reino de Dios perdona pecados, nos muestra sanidad y milagros. Pero, ¿qué más produce el reino de Dios? El reino de Dios pone de manifiesto los frutos del Espíritu Santo. Hermanos, cuando vemos en nuestra vida esos frutos —cuando tienes misericordia con una persona, cuando eres empático, cuando eres solidario— se nota. Me acuerdo de que una de las cosas que caracteriza a la Iglesia del Nazareno (cada iglesia tiene sus situaciones, pero esto es distintivo) es la koinonía: el poder sentirse bien. Tú vas a cualquier Iglesia del Nazareno en cualquier lugar del mundo y te sientes bien. Siempre ves ese abrazo fraterno, esa forma de tratar bien, esa empatía y hospitalidad. Eso nos representa y es un fruto del Espíritu Santo. Que seas una persona hospitalaria, que alguien llegue y no sea ignorado, sino que se sienta acogido.
Los frutos del Espíritu Santo incluyen amor, fe, misericordia y compasión. Y eso tiene que ver con el reino de los cielos. Parte de lo que el Señor Jesús nos habla es respecto a estos frutos. Pero el reino de los cielos también representa algo más: interrumpe y derrota las obras del dominio de las tinieblas. Se lo leo por tercera vez: el reino de los cielos interrumpe y derrota las obras del dominio de las tinieblas.
¿Por qué digo esto? Porque vamos a pasar aflicción; ya hemos hablado un poquito de eso. ¿Quién es el príncipe de este mundo? Es Satanás. Y en este mundo en el que vivimos —una sociedad hedonista donde cada uno hace lo que mejor le parece y nadie le tiene que decir nada—, si le hablas a alguien de Dios, no te va a entender. Te dirá: "Esa es tu verdad", porque no creen en una verdad absoluta, sino relativa. Lo que yo creo es lo que tiene que ser.
En un tiempo de evangelismo, un joven en la plaza me decía: "Yo conozco a Dios, porque cada uno tiene su propio Dios". Sabía los salmos 23 y 21. Me decía que todo tiene que ver con una reacción: cuando hay una acción, hay una reacción. Él aplicaba algo del karma y el hinduismo. Son verdades que creen que les ayudan, pero no es la verdad absoluta. Nosotros creemos que Dios es el Dios verdadero y es una verdad absoluta. Sin embargo, en esta sociedad, si dices eso, no te entenderán. Te dirán que estás equivocado porque no conocen y porque el príncipe de este mundo, Satanás, no quiere que entiendan.
Eso mismo les pasaba a los cristianos de aquel entonces; tenían que confrontar esas situaciones. Era muy interesante lo que veían, y tiene que ver con la mentalidad del reino de Dios. El Señor nos habla de una mentalidad diferente e interrumpe cualquier obra del enemigo. Cuando el Señor obraba, como en el caso del endemoniado gadareno y otras situaciones de posesión, Él reprendía a los demonios y los expulsaba definitivamente. Él interrumpe cualquier situación.
Muchas veces en nuestra vida hay cosas que dominan nuestro cuerpo. Quizás no es un demonio que te hace trepar paredes, pero tal vez tienes un problema con el pecado, con el alcohol, con las drogas, con la mentira, con la pornografía o con el hablar mal de los demás. Tienes un problema en tu carácter que toca tu vida y tu corazón; quieres dejarlo y no puedes. Lo intentas, te equivocas, lo intentas de nuevo, pasa un tiempo y vuelves a caer. No puedes levantarte porque eso va atacando tu vida. Pero el reino de los cielos interrumpe cualquier situación que quiera obrar en tu contra y derrota cualquier dominio de las tinieblas, cualquier principado o potestad. El Señor nos da la victoria y la autoridad.
Vamos a Mateo, capítulo 11, versículo 12. Ya voy terminando. "Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él". (En la versión de 1960 dice: "Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan").
Muchas veces hemos escuchado este concepto de "los violentos". ¿Qué significa? ¿Tengo que agarrar un arma y matar a los pecadores porque soy "violento"? ¿O tirar una bomba? ¿A qué se refiere directamente? Se refiere a que el reino de los cielos permite sanidad, milagros, perdón de pecados y frutos del Espíritu Santo; y en ese reino, el enemigo es derrotado. Pero tú tienes que ser una persona que persevere. Esa "violencia" significa esfuerzo y determinación. Manténganse firmes. ¿Se acuerdan de lo que habíamos dicho al principio? Compórtense como buenos ciudadanos, con una buena conducta y un buen testimonio en el lugar donde estén. Ahí es donde deben mantenerse para que puedan ver esa bendición y disfrutarla.
Podríamos usar una metáfora: imaginen una batalla. En un ring de boxeo, en una esquina está Satanás, pesando 90 kg, preparándose con su bata. En la otra esquina está Dios. ¿Cuánto pesa? No lo sabemos, es inimaginable. ¿Qué altura tiene? Es tan alto que no lo podemos medir. ¿Qué fuerza tiene? Es tan inmenso que no lo podemos dimensionar. Tenemos dos bandos, pero ya sabemos quién es Dios: soberano, omnisciente y omnipresente. Por lo tanto, Él ya ha vencido a Satanás y nos da la victoria.
A eso se refería el apóstol cuando hablaba con los filipenses. Les decía: "Pase lo que pase —no importa si los insultan, si les va mal, si aparece una enfermedad, si se quedan sin trabajo—, pase lo que pase, compórtense como personas que conocen el reino de los cielos". Dios nos llama a mantenernos firmes. A veces surgen circunstancias que nos duelen, nos sacuden y no sabemos qué hacer, pero hay que seguir adelante.
Primero, debemos saber que en esta sociedad habrá una lucha constante. Ustedes conocen el reino de los cielos a través de Jesús, encarnado en sus vidas, y saben que en ese reino hay sanidad, milagros, perdón de pecados y frutos del Espíritu Santo, y que allí Satanás es derrotado. Pero, al estar en este mundo, sufriremos oposición.
Sería hermoso trabajar en un lugar que sea totalmente cristiano, o que el kiosquero te diga: "Dios te bendiga, ¿quieres que oremos?". Sería lindo ir al banco y leer un cartel que diga: "Dios te ama, estamos ayunando". O que en el hospital te den un tratado bíblico y te digan: "No se preocupe, vamos a orar; confiamos en la medicina, pero más en el poder de Dios". Sería ideal, pero este mundo no se maneja con esos principios. Aun así, Dios nos enseña a seguir adelante. El apóstol Pablo decía: "Pase lo que pase, sigan adelante; no se desanimen, continúen".
Esta lucha será incesante. No piensen que no pasará nada. Si después de 20 o 30 años de estar bien surge un problema de salud o pierden el empleo, deben seguir adelante. Vamos a Filipenses, capítulo 1, versículo 29: "Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en Él, sino también que padezcáis por Él".
Saben, muchas veces tendremos que pasar por situaciones difíciles, pero pase lo que pase, suceda lo que suceda, deben mantenerse firmes y decir: "Yo sigo a mi Dios". A veces, cuando logramos algo, nos olvidamos de Dios; pero Dios no se olvida de nosotros, Él es misericordioso. Muchas veces las personas buscan a Dios solo con un fin: sanidad, una familia, un trabajo o para no sentirse solos. Una vez que lo logran, se olvidan de Él. Quizás no sean malas personas, pero ya no tienen esa motivación. Por eso, el apóstol nos dice: "Deben continuar adelante".
Vamos a Lucas, capítulo 21, versículos 14 y 15: "Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa, porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan". Miren qué palabra tan interesante. Yo les diría a ustedes, hermanos de la congregación Iglesia Puerta Abierta: propongan en sus corazones no preocuparse de antemano por su defensa cuando quieran acusarlos o decirles que están equivocados.
El Señor nos dice: "Yo os daré palabra y sabiduría". Muchas veces no es nuestra propia sabiduría o conocimiento, sino la del Señor. Puedes tener muchos títulos y entendimiento, pero el Señor nos dará la palabra y la sabiduría que nadie podrá contradecir. Porque tienes un Dios que te ama y eres hijo de un Rey; no de cualquiera, sino del Gran Rey.
Démosle gracias a Dios por los padres que nos dio; nosotros no los elegimos, pero debemos honrarlos. Proverbios dice: "Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen". Trátenlos de la mejor manera. "Pero pastor, no sabe lo que me hizo mi papá…". No importa: hónralo. A veces nos olvidamos de ellos y solo estamos cuando los necesitamos, pero hay que honrarlos siempre. El Señor nos dice que estemos tranquilos, porque Él nos dará la palabra y la sabiduría que necesitamos.
Este es un extracto de la prédica titulada El reino de los cielos. Te invitamos a ver la prédica completa aquí.


