Analizamos el Reino de Dios basándonos en dos pasajes bíblicos: Mateo 6:33 y Lucas 12:31, que nos instruyen a buscar primero el Reino de Dios. A lo largo de la historia ha habido diversos cambios y descubrimientos que parecían imposibles. Por ejemplo, el hombre primitivo descubrió el fuego por accidente mientras cazaba, y en la Edad Media se creía que la tierra era plana hasta que los exploradores demostraron lo contrario.
Jesús, cuando vino, marcó la historia al proclamar que “el Reino de Dios está entre nosotros”, algo revolucionario para los judíos de la época. Lo consideraban loco por estas declaraciones, pero sus milagros – sanar ciegos, levantar paralíticos, alimentar multitudes y resucitar muertos – demostraban que Dios estaba con él, dándole autoridad a sus palabras.
Usando una analogía del sistema feudal medieval podemos explicar el Reino de Dios: así como un señor feudal protegía a quienes vivían en sus tierras a cambio de su lealtad y trabajo, Dios cuida y protege a quienes están en su Reino. Aunque este Reino no es tangible, implica una relación de compromiso mutuo: Dios nos protege y cuida, pero debemos vivir según sus normas. Jesús pagó el precio con su vida para establecer este pacto.
La diferencia crucial es que Jesús no era simplemente un charlatán o un profeta más – era Dios mismo hecho hombre. Sus milagros y transformaciones en las vidas de las personas demostraban que la presencia de Dios estaba manifestada a través de él. Este Reino requiere fe porque no podemos verlo físicamente, pero implica beneficios reales como hijos de Dios, junto con responsabilidades claras.
Debemos tener buen discernimiento en estos tiempos donde encontramos muchas filosofías y mezclas. Por ejemplo, menciono el caso de un pastor que fue apartado por defender que Dios acepta las prácticas LGTB. Si bien Dios ama a todas las personas, aborrece el pecado. El pecado es pecado, no hay medias tintas ni versiones “livianas”. Así como vivir en pareja sin estar casados es adulterio, independientemente de lo que diga la sociedad.
Jesús no toleraba el pecado, sino que lo confrontaba directamente. Como en el caso de la mujer samaritana, él le señaló su pecado y le dijo “no peques más”. Cuando buscamos primero el Reino de Dios y su justicia, todas las demás cosas nos serán añadidas – trabajo, salud, y todo lo que necesitemos. Sin embargo, no debemos buscar el Reino solo por estos beneficios.
He visto personas que vienen a la iglesia buscando sanidad, trabajo, pareja o posición, y cuando lo obtienen, se alejan. Dios no es retribucionista – no opera bajo el principio de “si me das esto, te doy aquello”. Nos ama y nos bendice por su amor, no por un intercambio.
La justicia de Dios tiene tres conceptos importantes, y el primero es someterse: cuando buscamos el Reino de Dios y su justicia, debemos someternos a lo que Él quiere hacer en nuestra vida. No podemos poner nuestras condiciones diciendo “primero tengo que hacer esto o aquello”. Son las condiciones de Dios, no las nuestras.
Aquí entramos en conflicto porque nuestros pensamientos y proyectos chocan con los de Dios. La pregunta clave es: ¿nos sometemos a Dios o no? Para entrar al reino de los cielos y buscar su justicia, debemos someternos a Él.
En segundo lugar, debemos sujetarnos a Dios, lo que significa depender y aceptar lo que Él dice. Es como en el trabajo – si tienes un jefe, debes hacer lo que te pide. Aunque puedas dialogar, al final debes sujetarte a su autoridad. Lo mismo ocurre con Dios, aunque no es un simple verticalismo. No necesitas ser pastor o líder para sujetarte a Él – cualquier persona que ama a Dios debe sujetarse.
El tercer aspecto es la dedicación. No es algo mágico que simplemente sucede – debes dedicar tiempo real a buscar el reino de Dios. No basta con ir a la iglesia los domingos entre todas tus otras actividades. Si buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, sometiéndonos, sujetándonos y dedicándonos a Él, todas las demás cosas nos serán añadidas.
Para buscar el reino de Dios, debemos seguir algunas reglas básicas. Primero, promover el reino de Dios donde estemos. No es solo tarea del pastor – cada uno debe compartir con otros sobre Dios, aunque algunos nos consideren “fanáticos”. Segundo, debemos contribuir al reino de Dios, así como en el sistema feudal los habitantes contribuían al señor feudal. Tercero, debemos proteger el reino de Dios y la unidad de la iglesia – esta no es solo responsabilidad de los líderes, sino de todos los miembros.
Es como en “Alicia en el País de las Maravillas” – cuando ella no sabe a dónde ir, el gato le dice que cualquier camino le vendrá bien. Lo mismo ocurre con nosotros: si no sabemos que queremos estar en el reino de Dios, cualquier camino nos parecerá correcto. Pero cuando conocemos y sabemos cuál es nuestro camino, ya no dudamos sobre qué hacer.
En este año, los animo a buscar el reino de Dios y su justicia, a sujetarse, comprender y promover el reino de Dios, contribuir a él y protegerlo. Vivimos por fe, aunque tengamos muchos anhelos y proyectos. Como decía nuestra hermana Sara, aparecen situaciones inesperadas que nos mueven – una enfermedad, una noticia del trabajo, cosas que pueden cambiar nuestra vida en cualquier momento.
Para alinearnos al reino de Dios, debemos buscarlo mientras pueda ser hallado. Esfuércense, comprométanse, dedíquense – esto no es algo superficial, sino algo que debe nacer del corazón. Si hacemos esto, como dice la escritura, todas las cosas nos serán añadidas. Dios bendecirá nuestra vida porque para sus hijos todas las cosas ayudan para bien.
Como hablamos el domingo pasado sobre la carta de Judas, hay una protección. Aunque no sepamos qué nos puede pasar, el Señor promete: “Yo te voy a proteger, te voy a cuidar, nada te va a pasar”. Él nos cuida bajo sus alas, porque Jehová es nuestro pastor y nada nos faltará, estará con nosotros donde quiera que vayamos.
Los animo este año a que escudriñen esto en casa, lean la palabra de Dios y se pregunten: “¿Cómo tengo que hacer para buscar bien el reino de Dios? ¿Cómo debo involucrarme? ¿Cómo está mi vida? ¿Qué propósito tengo?”
Aunque algunos digan “no hables de tu Dios, son unos fanáticos, te están lavando el cerebro”, Dios cumple sus promesas. Cuando menos lo imaginamos, vemos su respuesta – una sanidad, una solución económica, una transformación en el trabajo, una situación familiar que se acomoda. No es casualidad ni buenos contactos – es Dios obrando porque somos importantes para Él.
No piensen solamente en ustedes mismos. A veces somos egoístas y solo pensamos “yo primero, yo segundo, yo tercero”. Piensen en lo que Dios ha hecho en su vida y lo que puede hacer a través de ustedes. Cuando bendecimos a otros, Dios bendice nuestra vida – vemos respuestas en la familia, sanidades que parecían imposibles. Sí, hay un 30% de medicina, un 30% de esfuerzo, pero también hay un porcentaje que es de Dios.
Este es un extracto de la prédica titulada: “El reino de Dios, ¿y que mas?” del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: https://youtu.be/ETizXuXft0M


