El gozo del Señor es nuestra fortaleza

"El gozo del Señor es mi fortaleza". Qué interesante, ¿verdad? ¿Qué piensan ustedes? ¿Es el gozo del Señor su fortaleza? ¿Es el gozo del Señor mi fortaleza? ¿Será así realmente?

¿Siente usted que, verdaderamente, ese gozo le da la fortaleza necesaria para seguir adelante? ¿Le da la fuerza para continuar a pesar de las situaciones de la vida, esas situaciones inesperadas que muchas veces aparecen y que ni siquiera imaginamos? Qué importante es poder entender si, de verdad, el gozo del Señor es nuestra fortaleza, y comprender qué significa realmente "el gozo del Señor", algo que leemos a menudo en la Biblia, que otros nos han compartido o que incluso yo he mencionado anteriormente.

Para profundizar un poco y entender lo que Dios quiere hablar a nuestras vidas, vamos a Gálatas, capítulo 5, versículo 22. Me gustaría que lo leyéramos todos juntos. Dice así: "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley".

Volvamos al versículo 22: "Mas el fruto del Espíritu…". Lo primero que menciona es el amor. Sabemos que es el primer mandamiento: amarás a Dios con todas tus fuerzas, con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo. Pero inmediatamente después dice: "gozo". ¡Qué importante es el gozo!

El gozo es más que una simple emoción; es más que un sentimiento pasajero. Es más que lo que uno siente al ganar un premio o simplemente al sentirse bien. El gozo va mucho más allá; es algo profundo que uno puede alcanzar. Imaginen, por ejemplo, que sin haber participado en ningún concurso, el supermercado donde compraron lo llaman para decirle: "Usted ha ganado un premio". Usted se siente contento, ¿verdad? No es algo que usted generó, sino algo que apareció de repente.

Sin embargo, el gozo del que hablamos es diferente. Veamos el libro de Habacuc, capítulo 3. Es curioso que nuestra hermana Saromar mencionara algo similar; ellos no sabían del mensaje de hoy, pero todo nos fue guiando hacia esto. Doy gracias al Señor porque eso significa que estamos en un mismo espíritu y que Dios está obrando en este tiempo.

Fíjense en lo que dice el versículo 17, un pasaje que hemos escuchado y leído muchas veces: "Aunque la higuera no florezca…". La higuera era una planta vital para el pueblo de Israel. "…Ni en las vides haya frutos; aunque falte el producto del olivo…". Del olivo proviene el aceite, que es costoso, tiene propiedades medicinales y da buen sabor a la comida. "…Y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales…". Es decir, aunque no haya prácticamente nada.

"Con todo", dice Habacuc en el versículo 18, "con todo yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación". Y continúa en el versículo 19: "Jehová el Señor es mi fortaleza".

Es impresionante cómo Habacuc decía que, a pesar de no tener nada, a pesar de estar en una situación límite, él se gozaría. Humanamente hablando, ¿cómo es posible gozarse sin casa, sin trabajo, sin comida? Desde una perspectiva humana, es imposible. ¿De qué vamos a comer? ¿Dónde vamos a vivir? Pero Habacuc afirma: "Jehová el Señor es mi fortaleza", y añade que Él "hace mis pies como de siervas".

¿Por qué menciona a las ciervas? Estos animales tienen la particularidad de poder escalar montañas altísimas sin caerse. Sus patas están diseñadas para mantenerse firmes en las alturas. De la misma manera, aunque usted sienta que no tiene nada, no se caerá, porque Jehová es su fortaleza. Como decía Habacuc: "En mis alturas me hace andar".

A veces parece incongruente. Si vas a una entrevista de trabajo y te lo dan, te sientes bien. Pero si te dicen que no, no sales contento ni gozoso; sales triste porque tus expectativas no se cumplieron. Sin embargo, "el gozo del Señor es mi fortaleza".

Para ilustrar esto, recordemos que en el siglo XIX hubo muchas expediciones en busca de oro. Tengo un amigo geólogo que trabajó en la mina La Alumbrera. Me contaba que, aunque Argentina no es un país extremadamente minero, él encontró un yacimiento impresionante. Hace mucho tiempo, un grupo de mineros también encontró una veta de oro increíble y pensaron: "Con esto nos salvamos para siempre". Acordaron no decir nada para que otros no vinieran a quitarles su hallazgo.

Fueron al pueblo a comprar provisiones y herramientas, intentando mantener el secreto. Pero cuando regresaron al yacimiento, se encontraron con una multitud. Sorprendidos, se preguntaron unos a otros si alguien había hablado. "Éramos seis y ahora hay más de cincuenta", decían. Al preguntarles a los recién llegados por qué estaban allí con palas y picos, les respondieron algo que nos enseña una gran lección.

Habacuc continuó diciendo: "Vimos sus rostros y en ellos había un gozo tremendo que no podían ocultar; nos dimos cuenta de que algo habían encontrado". Y es verdad, hermanos, cuando hay gozo en la vida de uno, se contagia. El gozo se transmite y no puede ocultarse; es como si se mimetizara con uno. Eso es lo que el Señor nos dice.

Fíjense que el Señor nos enseña que el gozo del Señor es mi fortaleza. Ahora, presten atención: no se trata de su propio gozo, no es el sentimiento de estar contento o alegre. Es el gozo *del Señor*, que es algo muy distinto. No es una emoción pasajera ni una sensación; es parte esencial de la vida.

Para profundizar un poco más, vayamos al libro de Proverbios, capítulo 17, versículo 22: "El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos". Si usted está pasando por una enfermedad o una situación difícil, necesita un corazón alegre. Como compartía nuestra hermana Sara, un espíritu triste nos debilita. No digo que no habrá momentos difíciles; claro que los habrá. Pero si la tristeza se convierte en su forma de vida, vivirá con dolores y molestias constantes. "El espíritu triste seca los huesos", y el Señor nos llama a tener un corazón gozoso.

Aquí debemos diferenciar dos conceptos: la alegría y el gozo. La alegría aparece cuando estamos contenidos por algo externo, como un ascenso en el trabajo, recibir una buena noticia familiar, adquirir una casa o reencontrarse con seres queridos después de años. Esos momentos nos hacen sentir alegres. Pero el gozo es más profundo; el gozo es una decisión. Usted decide estar gozoso; es algo que trasciende los sentimientos.

Veamos Isaías, capítulo 9, para entender mejor esto. Esta es una palabra profética que dice: "Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia… El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente y aumentaste la alegría". Habla de un tiempo futuro de esperanza.

El pueblo de Israel había pasado por muchas dificultades y decepciones, pero Dios les brindó una nueva oportunidad a través de Jesucristo. Cuando Jesús viene a la humanidad, trae esperanza y luz. Ya no hay más aflicción ni muerte para quienes confían en Él. El gozo del Señor nos da esperanza.

Imaginemos que estamos en un juicio y hemos sido condenados a muerte. Imaginemos que estamos sentados en la silla, frente al verdugo listo para accionar la palanca. En ese último instante, alguien grita: "¡Deténganse! Ha sido perdonado". No solo se le perdona la vida, sino que se le otorga una nueva oportunidad sin deudas. ¿Cómo se sentiría ese hombre? Nunca olvidará ese momento; vivirá con un agradecimiento eterno por la vida recibida.

Solo las personas que han conocido a Cristo pueden experimentar ese gozo pleno. Estábamos condenados por nuestras faltas, pero a través de Jesús tenemos esperanza. Esa persona dirá: "Ahora haré lo que antes no podía; ahora quiero hacer las cosas bien". Eso es el gozo.

Entonces, ¿cuál es el concepto bíblico de gozo? No es una emoción ni una sensación física; es un fruto del Espíritu Santo. Al entregar nuestra vida y corazón al Señor, permitiendo que Él guíe nuestro camino, experimentamos una transformación y nos convertimos en hijos de Dios. Desde ese momento, el Espíritu Santo mora en nosotros.

El gozo, como leímos, es fruto del Espíritu. Imaginen al Espíritu Santo como un árbol cargado de frutos. Para disfrutar de ese fruto, debemos estar en sintonía y comunión con Dios. Solo aquellos que abren su corazón al Espíritu Santo pueden recibir este gozo, porque Él viene a morar en nosotros cuando le permitimos entrar.

Hay quienes dicen: "No necesito a Dios", o quienes siguen filosofías que afirman que "todos los caminos llevan a Dios". Eso es mentira; no todos los caminos conducen al Creador. Existe un solo camino: abrir el corazón, entregárselo al Señor, confesar nuestras faltas y reconocer que necesitamos un cambio de vida. No es religiosidad; es lo que dice la Palabra de Dios. En ese momento, empezamos a recibir Su gozo.

"El gozo del Señor es tu fortaleza". Ese gozo habita en usted porque tiene al Espíritu Santo. Sin embargo, a lo largo de la vida, a menudo arrastramos situaciones y decisiones que nos lo empañan. Recordemos a David; él danzaba con gozo frente al arca de la alianza, sin importarle su posición de rey. Su esposa, Mical, lo criticó diciendo que hacía el ridículo. Pero David le respondió: "Danzaba porque Dios ha transformado mi vida". David disfrutaba del gozo del Señor, mientras que la actitud de Mical tuvo consecuencias en su propia vida.

Hermano, cuando hay gozo, usted debe disfrutarlo, cantar y alabar. Si siente deseos de danzar, hágalo, porque Dios está obrando. El gozo del Señor no depende de su estado de ánimo; es algo profundo que mora en usted. Le da plenitud a su existencia y usted debe disfrutarlo plenamente.

Recuerdo que, cuando decidimos con mi esposa venir a Córdoba, mi suegro estaba muy enfermo. Mi esposa y mi hija se fueron a Tucumán y yo me quedé aquí. Tenía que hacer trámites médicos y laborales. Un día, mientras hablaba por teléfono en una panadería, escuché un ruido estrepitoso. De repente, el techo se desplomó justo donde segundos antes había estado una señora. Dios me guardó; apenas sufrí un rasguño en el brazo, pero el susto fue grande.

Satanás siempre intentará interrumpir nuestro gozo. Intentó matar a Moisés para que no liderara a Israel, e intentó destruir a Jesús mandando a matar a los niños. El enemigo existe y su propósito es hurtar, matar y destruir. Querrá arruinar el plan de Dios en su vida porque usted tiene el gozo del Señor. Si nos dejamos afectar por sus ataques, nos causaremos daño.

Fíjense en David: cuando perdió a su hijo, ayunó y oró, pero cuando Dios tomó Su decisión, David se levantó, se lavó, comió y siguió adelante. Luego, Dios le dio a Salomón. Dios tiene grandes planes para nosotros, pero a menudo permitimos que las circunstancias, las broncas o los malos momentos nos roben la paz. Sin darnos cuenta, terminamos con un corazón amargado. Les hablo desde mi propia experiencia, porque a mí también me sucede. Por eso, Dios me recordaba que Su gozo debe ser nuestra fortaleza.

Imagine a un pintor con su paleta de colores. El Espíritu Santo es como esa paleta, llena de frutos: gozo, amor, paz. Dios quiere que usemos todos esos "colores" en nuestra vida. Debemos permanecer en Él.

Jesús fue el primero en llamar a Dios "Abba", que significa "Padre amoroso" o "Papito". Para el pueblo judío, esto resultaba chocante por ver a Dios solo como un juez poderoso y reverente. Sin embargo, Jesús nos reveló a un Padre cariñoso que desea estar con Sus hijos. Una vez, en una clase, alguien me criticó por decir "Papito Dios", considerándolo una falta de respeto. Pero olvidan que Jesús nos enseñó esa cercanía. Dios es justo y todopoderoso, sí, pero sobre todo es un Padre que anhela escuchar a Sus hijos. Qué importante es que hablemos con Él…

A pesar de todas las situaciones que cada uno de nosotros vive, el gozo del Señor debe ser parte de nuestra vida. Habrá que luchar, pelear y rechazar los ataques del enemigo para entender que ese gozo nos pertenece. Solo así podremos ser la luz y la sal de la tierra. Como decía nuestra hermana Sara, a veces parece que nadie está bien cuando hablas con ellos. Ayer mismo, tras terminar unas tareas, tanto Mariela como yo estábamos agotados, pero entendemos que debemos manifestar el gozo del Señor, sin importar el cansancio físico. Esto marca la diferencia.

Veo que Dios ha puesto en mi vida y en la iglesia "Puerta Abierta" el deseo de ser una comunidad donde el gozo de Dios se manifieste; que las personas con necesidades entren y se vayan transformadas. Seguimos orando por todos los que han pasado por aquí, porque el amor y el gozo de Dios nos impulsan a hacerlo.

Les cuento algo: cuando estuvimos en Río Cuarto, los jóvenes ensayaban para una reunión especial. Matías me mostró que el cartel de vidrio de la entrada estaba roto en el suelo. Es imposible que se cayera solo por el viento, pues estaba bien sujeto. Alguien debió romperlo. Uno podría sentir impotencia ante tal maldad, pero oramos por quienes lo hicieron. El enemigo intenta destruir, pero no permitiremos que nos robe el gozo. Humanamente da bronca, sí, pero sabemos en quién hemos confiado.

Usted tiene un pasaporte celestial. No viviremos aquí eternamente; tenemos la promesa de una morada donde no habrá enfermedad, dolor ni aflicción. Allí nadie romperá carteles ni habrá injusticias. El gozo del Señor es mi fortaleza.

Leamos Sofonías, capítulo 3, versículo 17: "Jehová está en medio de ti, poderoso. Él salvará, se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos". ¡Qué maravilloso es alabar al Señor sabiendo que Él se deleita en nuestra alabanza! El Espíritu Santo en usted le da la libertad de cantar y adorar. Si antes podía bailar ritmos seculares, ¿cómo no va a alabar al Señor por lo que ha hecho en su vida?

Sin embargo, a veces suceden cosas que nos afligen profundamente. Rogamos por un milagro —sanidad o una solución económica— y no sucede. Es ahí donde debemos recordar las palabras del apóstol Pablo en 2 Corintios 12:9. Él pidió que se le quitara su "aguijón", pero el Señor le respondió: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Por eso, Pablo decía que se gloriaría en sus debilidades para que reposara sobre él el poder de Cristo.

Hermanos, hay que gozarse incluso cuando la sanidad no llega o los problemas familiares persisten. Si el trabajo que esperaba se esfumó, gócese en el Señor. Algo sucederá. El Espíritu Santo le enseñará y le abrirá puertas si usted permanece firme.

También hay pérdidas difíciles: la muerte de un ser querido, traumas del pasado, adicciones o abusos que dejan cicatrices y dificultan el gozo. Pero recuerde: no es con nuestro propio esfuerzo, sino con el gozo del Señor. Él es nuestra fortaleza. Humanamente no podemos, pero el Espíritu Santo manifiesta ese fruto en nosotros.

Pelee la buena batalla. Como Job, quien perdió familia y bienes, pero se mantuvo firme. A pesar de los consejos de que maldijera a Dios, él nunca habló mal de su Señor y terminó siendo bendecido el doble. No sé cómo está su vida hoy ni qué heridas carga su corazón…

Quizás muchas situaciones han ido dañando su vida con el tiempo. Usted lo intenta; tal vez intenta ser una persona alegre, pero siente que el gozo del Señor no habita plenamente en usted. Tal vez solo experimenta "chispazos" momentáneos, pero ese gozo aún no es su fortaleza constante.

Saben, el Señor nos está llamando hoy, en esta mañana, y nos está diciendo: “Quiero que disfrutes de Mi gozo y que sea él quien te sostenga”.

Este es un extracto de la prédica titulada El gozo del Señor es nuestra fortaleza. Te invitamos a ver la prédica completa aquí.