Vamos al Salmo 16, Salmo 16 del versículo 7 al 10. Dice: “Bendeciré a Jehová que me aconseja; aún en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegra por tanto mi corazón y se goza mi alma; mi carne también reposará confiadamente. Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”.
Miren qué interesante. Me quedo con este pasaje, con este versículo: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Y acá aparecen estas dos palabras: Seol y corrupción. El Seol, ¿verdad? Y si bien es cierto, nosotros muchas veces, cuando veíamos este extracto de esta película, uno recuerda, ¿verdad?, eh, que cuando el Señor Jesús vino en este tiempo y se hizo hombre, obviamente porque tenía que cumplirse las profecías que Dios había puesto, y todo lo que pasó el Señor Jesús ya estaba descrito que iba a pasar y qué iba a suceder, ¿verdad? Sabemos lo de la crucifixión de Cristo, sabemos de la resurrección de Cristo también, porque eso estaba descrito, solamente que no se sabía y no se entendía qué cosa era. Pero que el salmista nos dice: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”.
Nosotros vemos las profecías que, cuando el Señor Jesús es crucificado, también estaba descrito que no se iba a quebrantar ninguno de sus huesos, ¿verdad? Y por eso, cuando el Señor muere, Él muere humanamente antes de que sus huesos sean quebrantados, o sea, Él muere antes de que puedan romperlos. Por eso no pasó eso, porque se aseguraban los romanos que, cuando la persona moría, para que pueda morir, le quebrantaban los huesos. Y al Señor Jesús no le quebrantaron los huesos, y se cumplió la profecía.
El clamor de los justos
Vamos al Salmo 34, Salmo 34, versículo 6: “Este pobre clamó y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias”. Vamos al versículo 17, versículo 17 del mismo Salmo 34: “Claman los justos y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias”. ¿Qué más dice? “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová. Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado”. Y eso también tenía que ver con la profecía, ¿verdad?, del Mesías, del justo de Israel, ¿verdad?, que no iba a ser quebrantado.
Pero si nosotros vemos y repasamos un poquito lo que vimos en el primer salmo, Él dijo que no permitiría que su vida esté en el Seol. El Señor no va a permitir que usted esté en ese lugar tan profundo. Él no va a permitir. Si bien es cierto, hablaba del Mesías, pero hablaba de su santo. Vamos a Hechos, capítulo 2, versículo 27: “Porque no dejarás mi alma en el Hades” —ese es otro sinónimo de Seol, ¿verdad?, Seol, Hades—, “ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Todas estas eran palabras que se representaban y que hablaban del Mesías, ¿verdad?, que hablaban del Dios todopoderoso, pero que también nosotros lo podemos aplicar a nuestra vida.
La resurrección y nuestra esperanza
¿Cómo se puede aplicar eso a nuestra vida? Porque nosotros somos coherederos con el pueblo de Dios, somos parte del pueblo, somos parte del redil del Señor, ¿verdad? Y eso tiene que ver con la resurrección de Cristo, pero tiene que ver con algo más profundo. Vamos a Primera de Corintios, capítulo 15, Primera de Corintios, capítulo 15, versículo 52: “En un momento, miren hermanos, en un momento”, dice, “en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados”. O sea, no habla acá el apóstol que va a haber una resurrección. Sí, Jesucristo fue el primero, primeramente, pero después los santos, porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados. O sea, va a haber una resurrección y nosotros no tenemos que ser ajenos a eso, ¿verdad?
Y hoy por hoy hay un montón de doctrinas, un montón de formas de que te pueden acercar a Dios. Dice: “No, vos no vas a resucitar porque vos vas a ser reencarnado o porque vos te vas a manifestar en un espíritu”. Y eso no dice la palabra de Dios. Dice que nosotros vamos a ser resucitados y dice: “Y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”. La corrupción, la resurrección es algo real, es algo real, y nosotros podemos aspirar a esta resurrección, ¿verdad? Porque como hijos de Dios sabemos que después vamos a ser resucitados, ¿verdad?, y vamos a tener que nosotros, eh, rendir cuenta delante del Señor, y eso lo sabemos, lo dice la palabra de Dios, y podemos aspirar a esa resurrección, ¿verdad?
Cuando estamos en el Seol
Pero saben, muchas veces en nuestra vida nosotros estamos en un Seol. Muchas veces en nuestra vida nos sentimos muertos, nos sentimos destruidos, nos sentimos que hemos llegado a un lugar tan bajo que no sabemos qué hacer. Y saben, cuando uno habla del Seol, tiene varios sinónimos: Seol significa fosa, abismo, tierra del olvido, lugar abandonado, ¿verdad? Eso es lo que significa el Seol, y hay otras cosas más. Pero el Señor nos dice, nos dice que Él nos va a sacar de ese lugar, de ese lugar abandonado, de ese lugar que no hay nada.
Fíjense qué dice el Salmo 88, del versículo 11 al 12: “¿Será contado en el sepulcro tu misericordia, o tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas y tu justicia en la tierra de olvido?” Esa tierra de olvido es ese Seol, es ese Hades, ¿verdad?, ese lugar. Y saben, en algunas versiones del hebreo original, ah, vamos otra vez, Matí, al salmo que vimos al principio, el versículo 9, Salmo 16, versículo 9: “Se alegró por tanto mi corazón y se goza mi alma; mi carne también reposa confiadamente”. Vamos al 10: “Porque no dejarás mi alma en el Seol”, ¿verdad?, y dice: “Ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Algunas traducciones del hebreo dicen: “No permitirás que tus santos vean corrupción”. Entonces, podíamos hablar que, aparte de que hablaba del Mesías y una palabra profética, también hablaba de su pueblo.
¿Saben, hermanos? El Señor, Él nos va a librar de este lugar. Y muchas veces nosotros hemos caído en ese lugar tan bajo, en un lugar donde no vemos respuesta. Y capaz estamos bien, pero vino una enfermedad, una situación muy difícil, y que nos cambió toda la vida, porque ahora usted hacía todas las cosas y ahora tiene una enfermedad y tiene que tomar una medicación o tiene que hacer muchas cosas, y eso hace que no pueda hacer su actividad, y usted se siente como mal por eso. O capaz una situación personal que generó como que usted estuviera en ese Seol, ¿verdad?, y apareció de un momento a otro. O capaz una situación tan profunda en su corazón, o capaz una tristeza por un ser querido que no lo ve, que lo extraña, o que partió, o que ya no está, y eso genera un dolor, un dolor tan profundo en su corazón que usted no sabe qué hacer.
La corrupción en nuestra vida
Y muchas veces estamos como en este Seol, estamos como en este desierto, estamos como en este lugar abandonado, ¿verdad?, sin saber qué hacer. Pero el Señor nos dice que Él nos va a librar y que nosotros no vamos a tener corrupción. Y si bien es cierto, en la corrupción que se estaba refiriendo estaba hablando a una modificación del cuerpo, ¿verdad?, porque este cuerpo va cambiando, pero también en la corrupción que nosotros vivimos. Porque cuando alguien te dice: “Y estamos viendo algo que no está bien y pasamos de largo y no hacemos nada, somos parte de eso”. Cuando nosotros estamos viendo alguna situación, capaz o algo, qué sé yo, capaz en el trabajo o con nuestros vecinos o en el lugar donde vamos, que no está bien y no hacemos nada, somos parte de eso también.
En este mundo, en esta sociedad, hay corrupción. Nuestra hermana decía, ¿verdad?, para que la Argentina no sea más conocida como corrupta. Hay corrupción, pero saben, la corrupción tiene que ver con la deshonestidad, tiene que ver con las malas decisiones, tiene que ver con las cosas que yo hago que creo que son mejores, pero que no pienso si le agradan o no le agradan a Dios. La corrupción tiene que ver con aquellas cosas que van en contra de lo que Dios dice, pero que no me importa porque yo disfruto, ¿verdad?, me siento bien. Y muchas veces, todos, muchas veces hemos tenido que pasar por ese lugar, o capaz pasamos por ese lugar y hemos pasado por esos momentos, ¿verdad?
Y muchas veces es un lugar en el cual las cosas no están definidas, no hay definición, y uno hace todas las cosas y nosotros vemos que estamos ahí y vemos que cada vez está peor. Y eso nos pasa en nuestra vida. Yo no sé si le pasa a usted, ¿verdad?, de que quiere tratar de salir de ese lugar y cada vez es peor, y usted intenta todas las cosas y se siente como que atado porque no puede hacer nada, y cada vez es peor, y usted dice: “¿Y qué hago porque no tengo respuesta?”. Y muchas veces nosotros pasamos por ese lugar y estamos en ese lugar en nuestra vida personal, en nuestra familia, en nuestro trabajo. Estamos así muchas veces hasta en la misma iglesia, ¿verdad? Nosotros vemos que cada vez somos menos. Estoy en un Seol. Yo dice: “Señor, ¿y qué hago? ¿Qué tengo que hacer? Porque somos parte de esto también. No puedo ser indiferente, decir: ‘Bueno, listo, ya está’”. No, somos parte de eso, porque la iglesia es la iglesia de Cristo y nosotros también somos parte de eso. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Qué hacemos, verdad?
Dios no nos deja
Pero el Señor nos dice que Él no nos va a dejar: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Él nunca nos va a dejar. Él siempre va a estar ahí. Pero ahí está, ¿verdad?, cuando pasa el tiempo y usted va creciendo y usted va pasando muchas cosas. Capaz usted ha tomado malas decisiones, pero saben qué, usted va formando una coraza o algo en su cuerpo en la cual ya lo que antes lo dañaba ya no lo daña, porque usted dice: “Ya sufrí tanto que ya no voy a sufrir”. Y usted vivió tantas cosas, pasó tantas cosas, vivió tantas decisiones, tantas situaciones, que usted es como que dice: “Bueno, ya estoy curado, ya sé cómo viene la mano”. Y usted sigue adelante, pero eso también le quita algo: el hecho de que usted ya no confíe, de que usted ya no quiera soñar, de que usted diga: “Esto sigue así”, le quita las aspiraciones, pierde sus sueños, pierde su esperanza, vive el momento solamente.
Pero sabe, el Señor dice que Él nunca nos va a dejar. El problema es cuando nos acomodamos en el Seol, cuando ya lo hacemos parte de nuestra vida, cuando decimos: “Bueno, eso está bien, bueno, eso es así, nadie va a hacer nada, hay que seguir”. Y muchas veces nos acostumbramos a estar en ese lugar, en ese Seol, y ahí es el peligro. No nos debemos de acostumbrar ahí. El Señor quiere que nuestra vida cambie, pero saben, muchas veces pasar por eso es necesario para que Dios pueda actuar en nuestra vida. A veces es necesario pasar por ese Seol para que Dios nos pueda moldear, para que Dios nos pueda discipular, para que Dios nos pueda enseñar. Pero el Señor nos dice a través de su palabra que Él no nos va a dejar y que Él está con nosotros.
Renovación de fuerzas
Y también nos hace pensar de que nos tenemos que renovar, porque muchas veces estamos metidos y estados ahí, ¿verdad? Me incluyo, ¿no?, estar ahí en todas esas situaciones, y uno dice: “¿Y qué más hago? Ya hice todo lo que tuve que hacer. ¿Qué hago?”. Pero es ahí donde Dios nos dice que nuestras fuerzas tienen que ser renovadas y que usted tiene que ser renovado y que usted tiene que ser fortalecido. Ahora, ¿cómo renuevo mis fuerzas? ¿Cómo yo digo: “Bueno, sigo adelante”? ¿Verdad? Vamos al Salmo 103. El salmista decía, Salmo 103, versículo 4: “El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias, el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”. Jehová es el que hace justicia y derecho a los que padecen violencia, ¿verdad? El Señor es el que te va a dar las fuerzas. Él te va a rejuvenecer como el águila.
Y capaz no lo vemos porque ya estamos tan metidos en nuestro Seol, tan metidos en ese desierto, que creemos que bueno, no vamos a salir. Nos tenemos que renovar cada día, nos tenemos que ir renovando, porque el Señor tiene promesas. Y aparte, como hijos y como parte de su vida, dice: “No vas a estar ahí. Yo no voy a permitir que tú estés en ese Seol, te quedes ahí en ese desierto todo peor. No, yo voy a sacarte de ese lugar y no va a haber en ti corrupción. Tu vida va a ser cambiada. Vamos a ser diferentes”.
Proverbios, capítulo 4, versículo 18, Proverbios, capítulo 4, versículo 18 dice: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. El Señor va renovando nuestras vidas, va renovando nuestro corazón, ¿verdad? Y el apóstol Pablo no habla en Segunda de Corintios, capítulo 4, del versículo 17 al 18, Segunda de Corintios, capítulo 4, versículo 17 y 18: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. Miren, ese Seol, esa situación que vivimos, seguimos no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Mirando lo eterno
Hay cosas que nosotros no vemos, hay cosas que no vamos a ver porque son eternas. Vayamos más allá, ¿verdad? Y estamos ahí y en esa situación y en esa dificultad y en esa cuestión tan complicada, y nos ponemos tristes, y claro que nos duele, y nos vienen muchos pensamientos. Pero qué bueno recordar que el Señor nos dice que Él nos va a ir renovando y que muchas veces eso va a ser necesario. ¿Para qué? Para que podamos ver cosas que si no pasamos no las vamos a poder ver, y que veamos cosas que son eternas, que no son cosas en ese momento.
Cuando el Señor Jesús hablaba con sus discípulos, Él hablaba del reino de los cielos, ¿verdad?, y estaban ahí y era como que no entendían, y más si no entendían. Después, cuando pasa todas las situaciones, en el momento que es arrestado Jesús, empiezan a entender algunas cosas. Muchas veces nosotros no entendemos las cosas que vivimos o que pasamos. Después, cuando pase el tiempo, nos damos cuenta. Pero saben, el Señor nos da la libertad a nosotros, y saben, Él no nos dejó solos. Él nos dio a su Espíritu Santo para que nos renovemos cada día, pero debemos de ser renovados. Pero eso es nuestra responsabilidad. Usted, yo, tiene que ser renovado y saber que tiene que salir, es ese, porque Él no va a permitir que usted se quede ahí, porque Él no va a permitir que usted pueda quedarse en ese lugar del olvido, en esa fosa, en ese abismo. No, el Señor no va a permitir. Va a sacarlo a usted para que no haya más corrupción y que usted esté limpio y que cada día se esté renovando en su vida, que usted se esté renovando en su vida.
Pero muchas veces nos cuesta porque nosotros no vemos eso, vemos otras cosas, ¿verdad? El Señor nos dice en esta mañana, ¿verdad?: “No quiero que permanezcas en el Seol”. Él nos dice: “Yo no sé cómo es su vida personal o yo no sé cómo es los que nos ven por internet, pero el Señor nos dice: ‘No quiero que permanezcan en el Seol’”. Yo sé que el Señor también le habla a la iglesia Puerta Abierta: “No quiero que permanezcas en el Seol”. No quiero que permanezcas. Habrán tiempos de dificultades, sí, habrá tiempos difíciles, claro que sí, capaz hasta seremos menos, pero sabes, yo sé, porque lo dice su palabra, no porque lo digo yo, que si uno permanece, el Señor va a abrir y va a hacer grandes cosas, ¿verdad?, poniendo la mirada en Él. Nunca, nunca, si ponemos esa mirada en el Señor, nunca vamos a ver una derrota, ¿verdad?, porque el Señor está con nosotros y Él pelea la buena batalla de la fe.
La ley de este mundo
Y muchas veces nos podemos limitar a la corrupción porque, cuando pasan los años, también nuestro cuerpo se desgasta. Usted cuando tiene 20 hace muchas cosas; cuando llega a 30, sí, bueno; llega a los 40, ya le empieza a doler cosas que usted piensa que no. Si le pasa, yo no pensaba. Y me imagino cuando vamos pasando los 50 y 60, no va. Es parte natural del cuerpo, se va desgastando. Cuando a veces estamos en este Seol, nos vamos desgastando, perdemos la esperanza, perdemos la ilusión, perdemos muchas veces las cosas que creemos, y viene tristeza y viene dolor y viene dificultad. Pero el Señor nos dice que tenemos que seguir, ¿verdad?
La ley de este mundo es corrupción. Usted todas las cosas que hace aquí tiene que ver con la corrupción, y es parte de la ley, porque ya habíamos hablado que el príncipe de este mundo es Satanás, y él gobierna a través de huestes espirituales, y nosotros no vemos los espíritus, ¿no, verdad? A pesar que el Señor le pueda dar un don del Espíritu Santo que se llama discernimiento, que usted pueda tener la capacidad de poder ver. Pero muchas cosas, cuando usted va y va al supermercado, usted no ve espíritus peleando. Cuando usted pasa y ve una persona que prácticamente está ahí, capaz tirada o está alcoholizada, usted no ve espíritus. Una persona que está mal. Cuando usted va a su trabajo y escucha una persona que habla mal, insulta o habla mal de otra persona, usted no ve un espíritu, solamente ve una persona que está hablando. Cuando alguien lo trata mal a otra persona o lo tratan mal a usted, usted no ve un espíritu, ve una persona que trata mal. Cuando usted ve que hace un balance malo, dicen: “Bueno, nadie se va a dar cuenta de este dinero”, y lo agarra, y usted está ahí. Así se maneja este mundo: “Yo hago esto, pero ¿cuánto hay para mí?”. “Yo quieres que te dé esto, pero ¿cuánto hay para mí?”. Siempre buscando a la necesidad, ¿verdad? Eso es corrupción.
Y eso también entra dentro de la iglesia. Una vez, una persona que es pastor hoy me dice: “Yo te puedo llenar la iglesia, dame 3 horas”. “Yo estoy lleno, toda la iglesia”. “Ah, sí, sí, pero dame recursos”. “¿Cuáles son los recursos?”. Y dinero, dice. “Ajá. ¿Y qué días?”. “Bueno, yo voy, busco en el auto, busco en la camioneta, y busco. Si quieren venir a la iglesia, le vamos a dar 10.000 pesos a cada uno y le vamos a dar víveres, y te la lleno en dos horas”. Y sí, sería verdad una opción. Entonces, yo muestro algo, ¿verdad? Pero ese no fue el motivo por qué uno viene a la casa de Dios, hermano. La corrupción está en todo esto, y yo puedo manipular muchas cosas. Pero el Dios nos dice que nosotros tenemos que renovarnos cada día.
El tiempo con Dios
Cuando esas células se van desgastando, ¿verdad?, ahí yo me renuevo. ¿Y cómo me renuevo? Diciendo: “Señor, necesito de ti, que tú me des nuevas fuerzas, que pueda seguir adelante”. Y tengo este tiempo con Dios, y es la única forma, porque no me voy a renovar así solo. Tiene que ser un tiempo que yo pase con Dios, y por lo tanto, esto va volviendo y van pasando. Miren, cuando uno ve la parte del invierno, ¿verdad?, es muy frío, estamos con campera. Ya la semana que viene ya va a ser como 30 grados, no sé qué, un cambio tremendo. Viene la primavera, ¿verdad? Entonces, hay un cambio: las hojas que estaban caídas y los árboles que están secos ahora van a empezar a florecer. Va a haber más pólenes, ¿verdad?, cuidado con los que son alérgicos, pero bueno, va a haber más gramíneas, todas esas cosas, pero van a florecer más. Y es parte del proceso.
Y muchas veces nosotros necesitamos ser renovados, pero también nos debemos de comprometer con esta renovación: “Señor, yo quiero comprometerme contigo, yo quiero ser renovado”, ¿verdad? Y muchas veces las tristezas, los dolores y la pérdida nos han quitado un poco del brillo y nos hace no estar bien, ¿verdad? Debemos de ser personas que nos renovamos cada día, sabiendo que no vamos a estar ahí en ese Seol. El Señor no va a permitir. Él venció la propia muerte y Él nos dice a nosotros: “Yo no voy a dejar que ustedes estén ahí”, ¿verdad? Entonces, debo de estar comprometido con el Señor.
Floreciendo en la casa de Jehová
Y el Señor nos habla y Él nos dice a través de su palabra que Él está con nosotros. Salmo 92, del versículo 12 al 15, muy conocido, nosotros hasta lo hemos cantado: “El justo florecerá como la palmera, crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aún en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto y que en Él no hay injusticia”, ¿verdad? Saber que si estoy de la mano del Señor voy a ser renovado y voy a ver la justicia, a pesar que me vengan y me digan: “No, no hay nada”. A pesar que vea que todo en ese fondo, en ese Seol, y cada vez peor, o como estaba Job, ¿verdad?, ya había perdido esposa, hijos, había perdido todo lo que él tenía, y encima estaba enfermo, y sus amigos le decían: “No, este debe estar en pecado”. Dice: “¿Cómo no?”. Y su esposa, cuando estaba ahí antes de que muera, dice: “Habla mal contra tu Dios, cómo te ha dejado, y muérete”.
Y muchas veces nosotros podemos estar en ese Seol y nos sentimos tan mal que no queremos tener contacto con nadie, nos aislamos, nos separamos, nos separamos y estamos metidos, pero estamos en ese Seol. Pero qué importante saber, como yo les dije, que el Señor nos ha dado algo que nos permite ayudar: nos ha dado su Espíritu, el Espíritu Santo, que nos renueva, que nos anima, que nos fortalece, que nos limpia, que nos da fuerzas para seguir adelante. Pero debemos de cultivar este huésped santo.
Nueva fuerza en Jehová
Isaías, capítulo 40, ya voy terminando, Isaías, capítulo 40, del versículo 29 al 31. Miren qué es lo que dice el profeta Isaías: “Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán”. Pero los que esperan en Jehová, esperan a Jehová, tendrán nuevas fuerzas.
Yo no sé cómo está su vida, hermano. ¿Cómo está usted? ¿Cómo está la iglesia? Pero el Señor nos dice hoy en esta mañana: “Tengan nuevas fuerzas, levanten como las águilas, corran y no se van a cansar, y van a correr y van a caminar y no se van a fatigar”. El Señor nos dice: “Sigan adelante, confíen, pero esperen en Jehová”. Solamente en Él podemos esperar y ver respuesta, pero debemos de renovarnos, hermanos. Renuévense. El Señor no habla a la iglesia, ¿verdad?, que nos renovemos como iglesia. Hay que renovarnos, hay que renovarnos. Pero muchas veces en esa renovación se va a sacar, ¿verdad?, va a haber que haber una separación entre la paja y el fruto. Y muchas veces hay separaciones en nuestra vida también, en cosas que vamos a tener que dejar si queremos agradar a Dios
Jehová es nuestro guardador
Pero saben, Dios nos dice que Él siempre estará con nosotros. El Señor nos habla, te habla, me habla, habla a la iglesia, que siempre va a estar con nosotros. Y vamos a este salmo maravilloso, Salmo 121, que lo conocen todos también: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.
Qué hermosa promesa. El Señor nos está hablando, hermano, te está hablando como familia, te está hablando como persona, no está hablando como iglesia, que Él va a guardar nuestra vida. Él va a guardar tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre. Y siempre no es mañana, siempre no es hasta fin de mes, ¿verdad? Cuando a veces uno busca en el trabajo capaz una cierta tranquilidad, a veces hacen contratos que no van renovando, algunos cada mes, algunos cada año. Pero cuando usted ya tiene ese cargo y hay un nombramiento, dice: “No, yo tengo, ya estoy nombrado, ya prácticamente”. El Señor dice que va a guardar nuestra salida y nuestra entrada desde ahora y para siempre. Siempre no es en momentos, siempre. El Señor quiere bendecir nuestras vidas, hermano.
Esperar en Jehová pacientemente
Entonces, debemos de esperar a Jehová pacientemente. Él escucha nuestro clamor, Él escucha nuestro clamor. No crea que el Señor no escucha. Sí escucha todo lo que usted hace, y Él tiene grandes cosas para su vida. ¿Cómo estamos hoy? ¿En dónde está? ¿Está en ese Seol? ¿Está en ese lugar tan profundo, tan bajo? Estamos así tan metidos, hay tanta corrupción, tanto dolor, ¿verdad? Pero saben, renuévese en el Señor. El Señor nos habla a través de su palabra que Él va a cuidar de nosotros, que Él va a guardar nuestra entrada y nuestra salida, y que muchas veces esto es algo momentáneo. Y sí, pastor, usted me decía: “Es momentáneo, ya estoy 2 años, 3 años; momentáneo, 10 años, 20 años”. Es momentáneo, porque un día para el Señor puede ser 1000 años, pero 1000 años también puede ser un día. No sé, el Señor es soberano, pero Él sí nos dice en su palabra que va a guardar de nosotros y que Él no va a permitir que estemos en ese Seol, y Él nos va a librar de toda corrupción, y Él va a limpiar nuestra vida.
Y lo creo, hermano, y por eso estoy aquí, porque creemos en su palabra. Y yo le doy gracias a Dios por los que están aquí, porque sé que Dios va a bendecir su vida. Debemos de seguir adelante, debemos de renovarnos cada día en nuestro corazón. Es para los valientes, ¿verdad? Claro que sí, pero tenemos que estar acá diciendo: “Señor, aquí estoy, necesito ser renovado”. Como iglesia también necesitamos ser renovados, decirle: “Señor, necesito que mi vida sea cambiada, sea renovada, ya no quiero estar en esas situaciones”. Claro que no, yo tampoco. Digo: “Señor, ayúdame”. Le pido al Señor: “Señor, mira la iglesia, ayúdanos a no estar en esa situación, a poder disfrutar sabiendo que tú tienes grandes cosas, viendo aquellas cosas que no vemos, sabiendo que esas cosas son eternas”.
***Este es un extracto de la prédica titulada: “Dios te rescata de lo mas bajo”. Te invitamos a ver la prédica completa haciendo click aquí


