Dios quiere llamar tu atención

Dios quiere llamar tu atención. Vamos a abrir nuestra Biblia en Éxodo 3, un pasaje muy conocido: Éxodo 3, versículos del 1 al 4. La palabra de Dios dice así: "Apacentando Moisés las ovejas de Jetro, su suegro, el sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Allí se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego, en medio de una zarza. Él miró y vio que la zarza ardía con fuego, pero la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: 'Iré yo ahora y veré esta gran visión, por qué causa la zarza no se quema'. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza y dijo: '¡Moisés, Moisés!'. Y él respondió: 'Heme aquí'". Hasta aquí la palabra del Señor.

Señor Jesús, te damos gracias por esta oportunidad de compartir tu palabra. Te pido, en el nombre de Jesús, que tú hables a través de mí, que purifiques mi vida y que los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón sean gratos delante de ti. Lleva este mensaje a toda la iglesia. Amén.

Muchos hemos leído esta parte de la Biblia; conocemos la historia de la zarza y de Moisés. Pero analicemos qué pasaba con él unos capítulos antes. Moisés había sido un príncipe en Egipto, criado con toda la sabiduría, las ciencias, las leyes y las lenguas de aquella nación. Era un hombre culto, educado y perteneciente a la realeza. Sin embargo, en algún momento, Moisés reconoció su origen hebreo. Un día, decidió salir a ver a su pueblo y trató de libertar a alguien por su cuenta. ¿Por qué Moisés abandonó la comodidad del palacio para meterse entre los esclavos maltratados? Ya conocemos la historia: mató a un capataz egipcio y, al enterarse el faraón, tuvo que huir. Así, un príncipe salvado de las aguas se convirtió en un prófugo y en un homicida.

Esto me recuerda una anécdota reciente. Una mujer, cuya madre estaba internada en la clínica donde trabajo, exigía manejar las indicaciones médicas porque se decía "médica", aunque no trabajaba en ningún lugar. Comenzó a violentarse, empujó a un médico de guardia y gritó frases racistas, proclamándose de "alta alcurnia". Al final, su orgullo solo perjudicó a su madre, quien tuvo que ser trasladada. A lo que voy con esto es que tarde o temprano la naturaleza de lo que somos sale a la luz. Moisés era un príncipe, pero su naturaleza violenta se manifestó. No sabemos qué había en su corazón en ese entonces, pero terminó siendo un fugitivo. Todos tenemos una naturaleza pecaminosa que, tarde o temprano, se manifiesta si no permitimos que Dios trate con ella.

Moisés cambió el palacio por el desierto. De ser un príncipe, terminó defendiendo a siete pastoras junto a un pozo. Allí conoció a Jetro, se casó con Séfora y tuvo dos hijos. A uno de ellos le puso por nombre un término que significa "forastero soy". El cambio de lugar físico no cambia nuestra naturaleza ni lo que hay en nuestro corazón. Pero Dios quiere llamar nuestra atención. Pasaron cuarenta años de silencio, cuarenta años solo en el desierto. ¿Qué habrá pasado en ese tiempo? Aquel hombre acostumbrado a los lujos ahora estaba expuesto al calor del día y al frío de la noche. Se dice que esos cuarenta años le hicieron olvidar sus lenguas y dialectos, volviéndolo un hombre de hablar difícil. Pero ese tiempo era necesario, porque al final de su travesía, la Biblia dice que no hubo hombre más manso que Moisés. De ser un homicida impetuoso, pasó a ser el hombre que hablaba con Dios cara a cara.

Dios conoce nuestra naturaleza y sabe que somos polvo. A lo mejor llevamos mucho tiempo dando vueltas en el desierto, siguiendo la misma rutina todos los días. Moisés no tenía distracciones; su rutina era apacentar las ovejas de su suegro, que ni siquiera eran suyas. Un día cualquiera, agarró a sus ovejas y se dirigió hacia el monte de Dios. Ese día, que parecía común y corriente, marcó la diferencia. Usted no sabe si hoy será el día en que su temporada cambie, en que el silencio de Dios se acabe y se escuche su voz. Hay un tiempo para todo bajo el cielo, como dice Eclesiastés: tiempo para llorar y tiempo para reír. Un día cualquiera puede ser el inicio de una nueva etapa en su historia.

Ese día, Dios preparó algo nuevo para Moisés porque él ya no era el mismo. Era hora de romper el silencio. Dios se le apareció en una zarza ardiente. Para llamar su atención, Dios no usó un árbol majestuoso, sino algo común y ordinario: una zarza. Pero lo sobrenatural era que la zarza ardía y no se consumía. Moisés vio algo común usado para algo divino. No esperemos que lo sobrenatural siempre venga con grandes señales externas; a veces está en las cosas sencillas de la vida cotidiana. Moisés reconoció que aquello era una "gran visión". Necesitó cuarenta años para que su vida se calmara lo suficiente como para reconocer la voz de Dios en lo ordinario.

Moisés no solo miró de pasada; él se detuvo, observó y cambió de dirección. Dios quiere que usted hoy se detenga de lo que está haciendo y preste atención. En la vida de Moisés hubo un viraje. No estaba originalmente en su camino hacia la zarza, pero él decidió ir hacia ella. Dios lo estaba viendo. Él conoce cada paso de nuestra vida y sabe lo que necesitamos. Cuando Dios vio que Moisés era sensible a su llamado, lo llamó por su nombre: "¡Moisés, Moisés!". Y él respondió: "Heme aquí". Después de cuarenta años como pastor anónimo, una voz poderosa reconoció su identidad y le dio un propósito.

Dios le dijo: "Quita el calzado de tus pies, porque el lugar que pisas tierra santa es". Ya no era el Moisés prófugo, sino un hombre llamado con un propósito específico. Dios usó un elemento común en el desierto para cambiar el rumbo de la historia. No importa cuánto tiempo haya pasado usted en el desierto o en el silencio; llegará un día en que Dios llamará su atención. Usted debe estar atento para mirar, ver y probablemente cambiar de dirección. ¿Qué "zarza" tiene que arder en su vida para que usted se acerque a la presencia de Dios?

Dios quiere darle un nuevo sentido a su vida. Quizás usted siente que es un "anónimo", pero Dios tiene un plan. Antes de las grandes cosas, viene la santificación. Como le dijo Dios a Josué: "Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros". Si usted quiere ver grandes cosas, acérquese a su presencia. La zarza sigue ardiendo para nosotros hoy y no se consumirá hasta que usted se acerque y le diga: "Aquí estoy, Señor". Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros; no importa el tiempo que haya pasado, Su plan sigue en pie.


Este es un extracto de la prédica titulada “Dios quiere llamar tu atención”. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: Ver Prédica en YouTube