Cuando el río corre, piedras trae

 

Es importante entender el tema de la muerte, aunque sé que es difícil. Dios puso en mi corazón compartir esto porque muchos de nosotros hemos pasado por situaciones así y sabemos lo que duele. Me puse a pensar que la muerte es como terminar una etapa y empezar otra nueva. Hay cosas que no entendemos, como accidentes o la pérdida de personas comprometidas con Dios. Uno se pregunta: “¿Por qué?”. Recuerdo cuando estudiaba medicina en Tucumán y asistí a un taller en una iglesia cercana. Era tan bueno que la gente no se iba, incluso hasta la medianoche. El pastor dijo: “No sé si podré continuar”, y al día siguiente supe que había muerto en un accidente. Estas cosas nos hacen cuestionar, pero humanamente no podemos comprenderlas. Hablé con mi esposa sobre el dolor de una madre al perder un hijo, algo inexplicable. No estamos exentos de nada; cualquier cosa puede pasar. Nuestra mente no nos ayuda, pero desde lo sobrenatural intentamos entender. Recordé la historia de Lázaro: Jesús esperó cuatro días para verlo, aunque humanamente no lo entenderíamos. Su propósito era que creyeran en Él. Marta creía en la resurrección final, pero Jesús le dijo: “Yo tengo poder para resucitarlo ahora”. Y lo hizo. Muchas veces pensamos que todo está perdido, pero Dios puede intervenir. Leímos Lucas 15 sobre el hijo pródigo, quien pidió su herencia como si deseara la muerte de su padre. Lo perdió todo, pero al volver, su padre lo recibió con amor. La muerte cierra una etapa y abre otra; como cristianos, sabemos que hay una vida celestial sin dolor. Pero también “morimos” por malas decisiones. Dios da oportunidades, pero solo mientras vivimos.

Hermanos, quiero compartirles la importancia de depender de Dios y permanecer en Él, no como religiosos o personas que solo ocupamos un lugar. Reconozco que es difícil manejar el sufrimiento, pues cada uno atraviesa diferentes situaciones constantemente. Sin embargo, sabemos que para el cristiano, morir es ganancia y nos espera una etapa mejor. Podemos recordar a nuestros seres queridos con cariño y amor, teniendo la esperanza de un reencuentro futuro.

A veces, estas situaciones difíciles hacen que la gente se aparte de Dios, se enoje y cuestione: “Señor, ¿por qué permitiste esto? Yo busqué hacer lo correcto”. Les comparto el caso de una jefa por cuyo hijo estuvimos orando. Cuando su hijo murió, ella me dijo: “No hay nada que me dé consuelo, no me hables de Dios, no quiero saber nada de Él”.

Reflexionando sobre la parábola del hijo pródigo, me llama la atención ese momento cuando el padre ve a su hijo a lo lejos y corre hacia él. En aquella época, con las túnicas largas, correr no era algo común ni digno. Sin embargo, al padre no le importó mostrar las piernas o que se burlaran de él; su amor por su hijo era más grande. Así es Dios con nosotros: cuando volvemos a Él, no nos espera con un látigo, sino con un abrazo y un beso, porque somos sus hijos.

A veces estamos como muertos en vida, viviendo el momento, con un pie en la iglesia y otro fuera. Dentro de la iglesia decimos “Dios te bendiga”, pero afuera nos comportamos diferente porque nadie nos ve. Pero Dios nos llama a una vida auténtica y nos ofrece esperanza. Cuando el hijo pródigo regresó, el padre no solo lo abrazó, sino que mandó traer el mejor vestido, un anillo, calzado nuevo, y organizó una fiesta.

Quizás necesitemos morir a nuestro carácter difícil, a malos hábitos, a la pornografía, a la sensualidad, a tantas cosas que nos atacan diariamente. Tal vez tengamos que morir a los deseos de la carne para poder comenzar una nueva etapa de reconciliación con Dios. Él siempre está corriendo tras nosotros, listo para restaurarnos y celebrar nuestra vida. ¿Hace cuánto que no experimentas ese abrazo de Dios? ¿Hace cuánto no disfrutas una fiesta con el Señor?

Hay situaciones ocultas en nuestra vida que nadie conoce, que nos mantienen espiritualmente muertos, pero Dios siempre está ahí, ofreciéndonos una nueva oportunidad. Ya sea que enfrentemos la muerte física o la necesidad de morir a nuestros deseos y vicios, Dios está presente, esperando para transformar nuestra vida con Su amor y misericordia.

Me acuerdo de un hermano de la iglesia que nos mintió. En la JNI le dimos dinero para hacer un armario y siempre nos daba excusas. “La semana que viene”, decía, pero nunca cumplía. Esto me hace reflexionar sobre cómo, aunque seamos de la iglesia, debemos ser personas correctas. No somos perfectos, solo Dios lo es, pero debemos hacer las cosas bien.

Hoy en día, muchas personas tienen problemas con el juego. Ya no necesitan ir al casino, tienen internet y celulares. Esto produce una muerte espiritual. Pero qué bueno es saber que Dios está ahí y vendrá a nuestro auxilio. A veces nos sentimos solos y tristes, es normal tener momentos así, pero Dios nos ayuda y nos prepara.

Cuando vienen situaciones difíciles y no estamos bien espiritualmente, podemos tomar malas decisiones. Podemos apartarnos de Dios, enojarnos con Él o salir de su camino. Existe el cristiano carnal, que conoce a Dios, le entregó su vida, pero se apartó. Como el hijo pródigo, vive la “vida loca” hasta que se da cuenta de que su vida está vacía y recuerda que tiene un Padre.

¿Cómo está nuestra vida, hermano? ¿Cómo está su corazón? ¿Se siente una persona con vida o se siente muerta espiritualmente? Quizás es momento de reconciliarse con Dios. Muchos tienen una doble vida que nadie conoce, pero la Palabra dice que todo saldrá a luz.

Tenemos la responsabilidad de orar por nuestros seres queridos y también de hablarles. Si usted es el único cristiano y nunca le habló a nadie sobre Dios, no está cumpliendo la gran comisión. No importa si se enojan o si da vergüenza, hay que hablar antes de que sea tarde. Algunos, como el hijo pródigo, llegan a tiempo al arrepentimiento, otros no tienen esa oportunidad.

Todos tenemos debilidades, hermano. No le estoy diciendo que las ventile al mundo, pero sepa que Dios está ahí. A veces el dolor nos hace encerrarnos, creyendo que podemos salir solos adelante. Error. Necesitamos ayuda, primero de Dios.

Debemos fortalecernos en el Señor. Como el apóstol Pablo dice, somos como atletas que se preparan o soldados listos para la batalla. Tenemos que estar preparados para cualquier situación. No ponga sus ojos en líderes o pastores que se pueden equivocar, póngalos en Jesús, el autor y consumador de la fe.

Si tiene que morir una etapa de su vida, es tiempo de que muera y empiece una nueva, una etapa de reconciliación con el Señor. No sé cómo está su corazón, no sé qué situaciones está atravesando, no sé si hay cosas escondidas que nadie conoce. Pero Dios nos llama, tiene lo mejor para nosotros, y aunque nos hayamos apartado como el hijo pródigo, siempre podemos volver a Él.

Este es un extracto de la prédica titulada: “Cuando el río corre, piedras trae” del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: https://youtu.be/NeqaRXtwUpI