Hemos estado compartiendo diversas situaciones que cada uno vive. Muchas veces pasamos por conflictos y dificultades, pero siempre hay una salida.
En Segunda de Corintios 4:8-10 vemos:“estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”. Muchas veces no es fácil entender lo que nos sucede, pero Dios quiere que tengamos vidas saludables.
Quiero compartir hoy cómo tener una vida saludable. No me refiero solo a sanidad física, sino emocional, familiar, laboral y en nuestras relaciones. ¿Es posible como cristiano tener una vida saludable? No estoy diciendo que no pasaremos aflicciones, pues la Biblia dice“en el mundo tendrán aflicciones”, pero Dios tiene un propósito.
En Filipenses 4, Pablo estaba preso pero dice:“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo estoy enseñado, para estar saciado como para tener hambre. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Pablo había pasado diversas necesidades pero sabía en quién había creído. No decía“todo lo puedo en mis fuerzas”sino“en Cristo que me fortalece”.
Muchas veces cuando enfrentamos problemas, nos centramos en las dificultades y no en el poder de Dios. Si hay un problema económico pensamos en cómo solucionarlo, si fracasamos en los estudios pensamos cómo recuperarnos, si hay problemas familiares nos preguntamos qué pasó. Pero no nos centramos en quién vive en nosotros.
Pablo tenía la convicción de lo que Dios era en su vida. Aunque seguía preso, sabía que“mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo”. Dios tiene autoridad y poder para revertir cualquier situación.
Escuché el testimonio de una mujer de Dios cuyo esposo la abandonó por una joven. Cayó en depresión, desarrolló amnesia y problemas mentales. Llegó a deambular desnuda por las calles sin saber quién era. Aunque recibió oración, seguía sufriendo.
Ella se aferró a tres textos: Jeremías 32:27“¿Habrá algo difícil para mí?”, Lucas 1:37“Nada hay imposible para Dios”, y Éxodo 15:26“Yo soy Jehová tu sanador”. Aunque sus hijos creían que no cambiaría, un día comenzó a recuperarse. En sus peores momentos, recordaba fragmentos de la Palabra y los recitaba.
Dios es nuestro sanador y nada es imposible para Él, incluso cuando las situaciones parecen irreversibles.
Saben, hermanos, pasaron 13 años hasta que esta mujer pudo ser transformada. Nuevamente estaba consciente, sabía quién era, podía conocer a las personas, estar con sus hijos y testificar del milagro que Dios había hecho en su vida. Su esposo no volvió, pero su vida fue transformada.
Muchas veces Dios quiere que tengamos vidas saludables. A veces habrá golpes muy duros, pero Dios quiere que permanezcamos firmes.
¿Cómo puedo tener una vida saludable?
- Primero, conociendo la palabra de Dios. Qué importante cuando hay momentos difíciles que conozcamos la palabra, porque ella saldrá a flote. Cuando tenemos problemas, buscamos personas: si hay un problema en casa, buscamos un arquitecto o plomero; si tenemos un problema de salud, acudimos al médico; si tenemos problemas con las cuentas, consultamos a un contador. Pero qué importante recordar la palabra de Dios en momentos de incertidumbre. Para eso debemos conocerla.
- Segundo, utilizar las herramientas que Dios nos dio. Esta mujer oraba y ayunaba. Estamos en tiempo de oración y ayuno y vemos cómo empiezan situaciones difíciles. Pero debemos permanecer firmes, continuar porque vendrá la respuesta. Compartía con algunos hermanos sobre Nehemías y su perseverancia. A pesar de que venía gente como Sanbalat burlándose, diciendo que era imposible reconstruir un templo destruido por 150 años, él se mantuvo firme. Cuando queremos revertir una situación, vendrán personas que dirán “no es posible”, “las cosas son así”. Pero qué importante mantenerse firme, saber que siempre donde hay una situación, habrá una salida. Dios no nos dejará ni desamparará.
Entonces, debemos conocer la palabra de Dios, utilizar el ayuno y la oración, y tener conciencia de que Cristo está en nuestra vida. Pablo decía:“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Él tenía conciencia del poder de Dios en su vida.
En Apocalipsis 3:20 dice:“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. El Señor está con nosotros hasta el fin del mundo. El poder de Dios está dentro de nuestra vida, pero muchas veces nos enfocamos en el problema y nos olvidamos de ese Dios poderoso que mora en nosotros porque hemos entregado nuestra vida al Señor.
David es otro ejemplo. Había pasado persecuciones, Saúl quería matarlo, pero eso terminó. En 2 Samuel 22:32-38, David dice:“¿Quién es Dios, sino solo Jehová? Dios es el que me ciñe de fuerza, despeja mi camino, hace mis pies como de ciervas, me hace estar firme, adiestra mis manos para la batalla, de manera que se doble el arco de bronce con mis brazos”. Él habla de un arco de bronce, muy difícil de doblar, pero Dios lo ayudaba a doblarlo para que la flecha fuera en la dirección correcta.
David continúa:“Perseguiré a mis enemigos”. Aunque pienses que no tienes enemigos, muchas veces las circunstancias que pasamos son nuestros enemigos. Las cosas que no hemos logrado se convierten en enemigos. Nuestras emociones pueden volverse enemigos: el enojo, el orgullo, la intolerancia que aumenta con los años. ¿Cuáles son tus enemigos? ¿Malas decisiones? ¿Cosas que no has alcanzado? ¿Un estudio que no pudiste terminar? ¿Un trabajo que no conseguiste? Eso puede ser un enemigo.
Dijo:“Perseguiré a mis enemigos y los destruiré, y no volveré hasta acabarlos”. Sé en quién he confiado. Es crucial que sepamos que hay un Dios poderoso que pelea nuestras batallas y que está con nosotros. El Cristo de la gloria vive en mi corazón, y el Señor no me ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí. Cuando entregué mi vida al Señor y me bauticé, el Espíritu Santo moró en mí, dándome el poder de Dios. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Pero para tener una vida saludable, debo confesar y conocer la palabra de Dios, utilizando las herramientas que Él me dio y confesando con mis labios el poder de Cristo en mi vida.
Antes, cuando no conocía al Señor, era pesimista. Hoy veo situaciones alarmantes, o cómo la delincuencia parece empeorar. Humanamente, podría pensar que nada cambia, que todo está peor. Sin embargo, es vital que comience a declarar lo que Dios ha hecho en mi vida, porque la lengua tiene poder:“La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”. Si solo digo cosas negativas, estoy confesando derrota, pero si declaro:“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, aunque no vea resultados inmediatos, estoy cambiando. El Señor no me abandona; Él está conmigo.
Testimonios del poder de Dios abundan, y debo reemplazar el“no puedo”con“todo lo puedo en Cristo”, el“no tengo”con“el Señor es mi proveedor”, y el“no sé cómo”con“el Señor me da sabiduría”. No se trata de repetir palabras mágicas o rezos, sino de una relación real con Dios, hablando con Él y confiando en Su amor. Para una vida saludable, debo cambiar mi mentalidad, renovar mi pensamiento no con lógica humana, sino con la mentalidad de Cristo. Esto requiere reprogramar mis pensamientos, especialmente si he vivido en fracaso o dificultades.
Como David en 2 Samuel 22:1, que cantó al Señor tras ser librado de sus enemigos, debo saber que Dios puede liberarme de mis angustias y cambiar situaciones, más allá del razonamiento humano. Aunque a veces las circunstancias no cambien, Dios me ayuda a sobrellevarlas y sacar provecho. No prometo prosperidad instantánea sin problemas, pero sí afirmo que Dios es poderoso y siempre está conmigo, permitiéndome enfrentar cualquier desafío con Su fuerza.
Doy gloria a Dios, aunque hay situaciones de aflicción, como el hombre preso que animaba a otros y, según la palabra, tenía un aguijón en la carne. Le pedí al Señor tres veces que me librara, pero Él no lo hizo; en cambio, me dijo:“Mi gracia y mi poder se perfeccionan en tu debilidad”. A veces no entiendo las cosas de Dios. Pablo, que había visto milagros y conocido a Dios, necesitaba pasar por eso para no depender de sí mismo ni enorgullecerse. Dios permite ciertas condiciones para que sepa que Él está conmigo.
Quizás deseo estar en otro lugar o cambiar, pero Dios no lo permite porque, si me fuera, podría vivir desenfrenadamente. Él me quiere donde estoy porque tiene un propósito. Hay condiciones que no cambian, como personas que nacen sin un miembro o con patologías. Pregunto:“¿Dios, qué pasó?”Hablamos del sufrimiento, pero Dios toma esas situaciones como oportunidades para sobrellevarlas y sacar ventaja. Aunque mi condición no cambie, Dios la transformará y hará algo conmigo. Él es soberano, escucha a sus hijos y, aunque tiene misterios, como dice Deuteronomio 29:29, sé que quiere darme paz y usar esas circunstancias para algo en mi vida.
Dios desea que tenga una vida saludable: en emociones, pensamientos, relaciones, capacidades, estudios y comunidad, o en el servicio al Señor. No es fácil, pero Efesios 1:17-22 dice que el apóstol Pablo ora para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo nos dé espíritu de sabiduría y revelación, alumbrando nuestros entendimientos. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, porque soy hijo de un rey con el poder de Dios. La esperanza, las riquezas de Su gloria y la supereminente grandeza de Su poder están conmigo si creo.
Esa vida saludable no llega de repente; debo conocer la palabra de Dios, usar herramientas como oración y ayuno, tener convicción del poder de Cristo, confesar Su palabra, no mis pensamientos, y cambiar mi mentalidad, reprogramando mi vida. A pesar de las dificultades, Dios quiere sobrellevarme y darme respuestas. Recuerdo:“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. No dependo de mis fuerzas, mentalidad o personas, que a veces fallan, dejándome desilusionado. Debo poner los ojos en Jesús, autor y consumador de mi fe. El Señor me dio una comunidad y familia.
Como David, sé que Dios me libra de mis enemigos y luchas, sean pensamientos, recuerdos o tristezas que me hacen sentir culpable. Dejo de decir“no puedo”para decir“todo lo puedo en Cristo”, cambio“no sé”por“el Señor me da sabiduría”, y“no tengo”por“Dios es mi proveedor”. Ese cambio de mentalidad transforma mis pensamientos, aunque otros digan que no hay solución. No escaparé cambiando de lugar, porque enfrentaré situaciones similares o peores. Debo temer y obedecer a Dios, aprendiendo de Él.
Este es un extracto de la prédica titulada: “Cómo tener una vida saludable” del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa: aquí


