Qué importante es que nosotros, como iglesia en este tiempo, seamos discípulos. Usted no es un cliente, no viene acá porque quiere buscar un cambio, a ver si le gusta el pastor, o si le dan esto o aquello. No viene a dar una buena propina u ofrenda, ni a decidir si le gustó o no la cara del pastor, o si lo saludaron. Usted viene porque Dios ha pagado un precio precioso por su vida y por mi vida, y lo hace por amor, porque ese es el concepto.
Me acuerdo cuando era pastor de jóvenes, había varios chicos, y uno de ellos había pasado por la iglesia pentecostal, por la metodista, por la bautista, por la presbiteriana. Yo le decía: “Hermano, tienes que parar un poco, porque tienes que encontrar tu lugar”. Es importante saber cuál es mi lugar, cuál es el lugar que Dios me puso.
Imagínese que usted tiene un momento especial y quiere celebrar. Va a un restaurante y, naturalmente, quiere que lo traten bien. Le dan una carta, le preguntan qué necesita, qué está buscando. Usted mira los precios, porque como me decía una persona, todos buscamos las 3B: bueno, bonito y barato.
Como cliente en un restaurante, usted espera que le sirvan bien. Le traen una entrada, tal vez un pancito con escabeche, y usted está evaluando todo: cómo se siente, qué va a pedir (porque usted va a pagar), si los cubiertos están limpios, cómo es el ambiente. Al final, tiene que dejar una propina, que en algunos lugares es del 10% o del 11%. La propina dependerá de cómo lo trató el mozo, si la comida llegó caliente o fría, si la carne estaba como la pidió.
Pero cuando servimos al Señor, muchas veces venimos a la iglesia con esta misma mentalidad de cliente. Decimos: “Voy a esperar qué me dan, voy a ver qué están ofreciendo”. Pero la iglesia no es un restaurante y nosotros no somos clientes. Si estamos aquí es porque Dios ha pagado un precio maravilloso en nuestra vida y lo tenemos por gracia.
A veces no nos damos cuenta, pero queremos servir al Señor como clientes, diciendo: “Voy a manejar mis tiempos, mis lugares, voy a evaluar si esto me fue bien o no”. Pero hoy Dios nos llama, como iglesia, a no ser clientes, a no tener esa mentalidad sino a tener una mentalidad de servicio. Esto es muy importante.
La Mentalidad de Discípulo
Vamos a Mateo capítulo 16, versículo 21, donde dice: “Entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día”. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle diciendo: “Señor, ten compasión de ti, en ninguna manera esto te acontezca”. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: “Quítate de delante de mí, Satanás, me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios sino en las de los hombres”.
Miren qué interesante, hermanos: ¿clientes o discípulos? Esa es la mentalidad. Una de las cosas que vemos en nuestra sociedad es que tenemos esa mentalidad de cliente. Sabemos que el Señor ha pagado un precio precioso en nuestras vidas, y si estamos aquí es por la gracia del Señor, porque Él se entregó a sí mismo. Imaginemos que está el Señor Jesús, que va a morir por nosotros, y Satanás habla con Dios y le dice: “¿Por qué va a dar su vida por Sandro? Mira, Sandro es un pecador, ha hecho un montón de cosas malas. ¿Vale la pena? ¿Por qué lo va a hacer?” Y Dios le respondería: “Sí, tienes razón, es un pecador, ha hecho cosas que no están bien, tiene que cambiar su vida, pero por el sacrificio de mi hijo y por amor a la humanidad lo hace”.
Como discípulo del Señor, usted no va a estar buscando beneficios, simplemente va a estar ahí, sentado, contento porque tiene esa oportunidad. Cuando el Señor ha hecho ese sacrificio en su vida, usted va a ese restaurante y no le importa si lo tratan bien o mal, usted solamente quiere estar sentado, disfrutar ese momento, aprovechar todo ese tiempo que tiene. Antes usted tenía una máscara, no podía hablar con las personas porque estaba cegado, porque había oscuridad, pero ahora puede hablar libremente. ¿Saben por qué? Porque Dios, a través de su amor, nos dio una nueva oportunidad.
Decisión y Compromiso
Qué interesante ahora yo le hago una pregunta: qué es lo que usted necesitaría dejar para ser discípulo? ¿Usted es un cliente, es un voluntario o quiere ser un discípulo? Quizás lo es, pero quizás no lo es. El discípulo no juzga sino actúa, el discípulo ama, el discípulo ve la intención del corazón y no ve el comportamiento de las personas. El discípulo está remando bajo cubierta, el discípulo sigue a pesar de las dificultades, a pesar de los problemas, a pesar de situaciones que pase, él sigue adelante.
Si nosotros tenemos que ser discípulos, nuestro uniforme tiene que ser nuestra conducta: cómo nos manejamos en la vida, en nuestra familia, en nuestro barrio, en nuestra comunidad, cómo nos manejamos con nuestros seres queridos. No es tiempo de pensar “ya pasó”, no es tiempo de soñar, no es tiempo de tener visiones; es tiempo de definir acciones y es tiempo de que usted decida.
Vamos al libro de Hechos, capítulo 2, versículo 1. El Señor Jesús ya había partido y había un grupo de hombres que estaban tristes porque ya no estaba su maestro. “Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos”. ¿Saben cuántas personas eran? En Hechos capítulo 1, versículo 15, dice que eran como 120 personas que estaban unánimes. Imagínese 120 personas estando juntas, pensando lo mismo, con un mismo propósito, con un mismo sentir, con un mismo objetivo.
Hace mucho tiempo había un pastor que con su esposa y su familia había tomado un desafío de tener una obra. Ellos habían trabajado durante mucho tiempo, pero las personas que lo ayudaban se fueron, otras murieron. Este pastor intentó seguir adelante, pero las cosas no andaban. Se cansó y decidió irse. Estando en la parada del tren, un ambulante se le acercó y le cantó: “Soy yo soldado de la cruz y siervo del Señor, no temeré llevar su cruz sufriendo por su amor. Después de la batalla nos coronará Dios”. Cuando terminó de cantar, el pastor dejó las maletas y se fue corriendo, diciendo: “Aunque esté solo, yo no me detendré porque el que me llamó estará conmigo”.
Llamado a Ser Discípulos
Hermanos, no perdamos nuestro tiempo. Dios nos está esperando para ser discípulos, no clientes, no voluntarios. El pueblo de Israel vio muchos milagros, vio cómo el mar rojo se abrió, vio cómo pudo ser libre de los egipcios. Parecían discípulos, pero cuando Moisés subió al Monte Sinaí por 40 días, hicieron un becerro de oro para adorar. Nosotros no necesitamos de un becerro para poder ser discípulos, necesitamos seguir al dador de la vida. ¿Qué es lo que vamos a hacer en este tiempo? ¿Vamos a ser clientes, vamos a ser voluntarios, o vamos a tomar el desafío de ser discípulos?
***Este es un extracto de la prédica titulada: “¿Cliente o Discípulo?” del Pastor Sandro. Te invitamos a ver la prédica completa aquí: https://youtu.be/ePqKKL48oHM


