¿Ser un “casi cristiano” o ser un “cristiano completo”? Muchas veces nos conformamos con ser “casi cristianos”, es decir, personas que hacen cosas buenas como ir a la iglesia, leer la Biblia, ayudar a los demás, etc. Pero esto no es suficiente para ser un cristiano completo.
El Llamado a Ser un Cristiano Completo
Para ser un cristiano completo, se necesita algo más que la mera religiosidad externa. Se requiere amar a Dios con todo el corazón, entregarle la vida por completo y permitir que Él sea el centro. Muchas veces nos conformamos con ser “cristianos de cuna”, creciendo en un ambiente religioso, pero sin tener esa entrega y pertenencia total a Dios.
Jesús, en el Sermón del Monte, les decía a las personas que la ley y la moralidad externa no eran suficientes. Él enseñaba que lo que sale del corazón del hombre es lo que lo contamina, no lo que entra por fuera. Por lo tanto, para ser un cristiano completo, se necesita una transformación del corazón, no solo una religiosidad externa.
Una Relación Profunda con Dios
El llamado es a no conformarnos con ser “casi cristianos”, sino a buscar ser cristianos completos, que amen a Dios con todo su ser y vivan de acuerdo a Su voluntad, no solo a las apariencias externas. Esto requiere una entrega total y una relación profunda con Dios, no solo un cumplimiento de reglas y tradiciones.
Lo importante no son las tradiciones o lo que se come, sino lo que sale del corazón y los labios de la persona, ya que esto refleja su verdadero ser. Para ser un cristiano completo, primero se debe amar a Dios completamente, lo cual está íntimamente relacionado con la santidad.
El Propósito de Dios y la Santidad
El propósito original de la creación del hombre fue tener relación y comunión con Dios. Esta relación se basa en dos aspectos fundamentales que están interconectados: el amor y la santidad. No puede existir uno sin el otro – “sin santidad no hay amor, y sin amor no es santidad.”
Levítico 11:45 establece un paralelo entre la liberación del pueblo de Israel de Egipto y la liberación espiritual del pecado. Dios no solo libera, sino que también llama a la santidad: “seréis, pues, santos porque yo soy santo”. Esta santificación comienza en el momento de la conversión, cuando una persona entrega su vida a Dios y es regenerada.
Transformación y Salvación
La santidad no es meramente externa o moral. No es suficiente con comportarse correctamente o hablar apropiadamente; debe haber una transformación interior. La metáfora de “Egipto” como símbolo de esclavitud, representa aquellas cosas que atan a las personas: mentiras, engaños, pecados o situaciones que atormentan y no permiten una entrega total a Dios.
Para ilustrar la salvación, podemos hacer una analogía de alguien atrapado en un incendio sin posibilidad de escape, hasta que alguien lo llama por su nombre y lo rescata. Esta imagen representa cómo Dios rescata a las personas de las “tinieblas” (Colosenses 1:13-16). El rescate divino tiene un propósito: hacer que las personas sean parte del plan de Dios.
El Llamado a la Santificación
En Levítico 11:44 Dios llama a su pueblo a ser santos porque Él es santo. Para estar en la presencia de un Dios santo, es necesaria una preparación y consagración. Así como hay una preparación previa para ciertas actividades, la santificación también requiere una entrega y consagración de nuestra parte.
La responsabilidad de consagrarse a Dios recae en cada individuo, no depende del pastor, la iglesia o Dios mismo. Somos nosotros quienes debemos decidir entregar nuestra vida por completo al Señor, dejando de lado la mera religiosidad externa.
Frutos de la Vida Cristiana
No basta con ser moralmente bueno o religioso; se debe buscar una relación profunda con Dios que implique amor total y santidad. Citando Hebreos 12:14, vemos la importancia de “seguir la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.
Las palabras deben respaldarse con acciones, citando las palabras de Jesús: “Por sus frutos los conoceréis”. ¿Qué frutos espirituales hemos producido a lo largo de su vida cristiana? ¿El amor hacia Dios ha crecido o se ha estancado?
El Papel del Espíritu Santo
Es muy importante el Espíritu Santo como ayuda divina para el crecimiento espiritual. Sin embargo, existe el peligro de “contristar al Espíritu Santo” a través de acciones incorrectas como la mentira, el engaño, pensamientos inadecuados y el pecado en general. Aunque estas acciones puedan parecer ocultas a los ojos humanos, Dios ve todo.
Libertad y Santificación
La fe debe estar dirigida hacia Dios y no hacia cosas materiales o personas. La verdadera libertad viene a través de la entrega total del corazón a Dios y el proceso de santificación. La libertad no se alcanza simplemente pidiendo ser libre, sino buscando la santidad.
La santificación trae beneficios prácticos en la vida del creyente: ausencia de mortandad, enfermedad, dolor y aflicción, porque Dios, en su santidad, cuida de la persona. El proceso de santificación es como un acercamiento a la creación original de Dios.
Conclusión
No nos conformemos con ser “casi cristianos” sino busquemos ser “cristianos completos” que entregan totalmente su vida a Dios. El amor verdadero a Dios debe manifestarse de manera visible en la vida diaria, aunque no necesariamente de forma exagerada.
Para la segunda venida de Cristo (nadie sabe el día ni la hora) es necesario estar preparados a través de la consagración y el amor total a Dios. En el Salmo 91 tenemos un llamado a buscar la santidad y el amor de Dios, reconociendo que Él ha dado una nueva oportunidad al sacar a las personas de las “tinieblas” y la “mortandad”.
Este es un extracto de la predica titulada: “¿Casi cristiano?” del Pastor Sandro.
Te invitamos a ver la predica completa aquí: Ver la predica


