Camina por fe y no por vista

¿Interesante, verdad? Poder caminar por fe y no por vista es todo un desafío. En la materia que estamos tomando con los hermanos, titulada "Introducción y Teología del Ministerio de Jesús", hablamos precisamente de esto: cómo podemos seguir adelante ante todas las situaciones y circunstancias que enfrentamos. Muchas veces conocemos lo que dice la palabra de Dios, asistimos a la iglesia y servimos al Señor, pero nos preguntamos: ¿cómo se camina realmente por fe? Podemos leerlo y entenderlo conceptualmente, pero llevarlo a la práctica es el verdadero reto. Sobre esto, el Señor va a estar compartiendo con nosotros hoy.

Vamos a Segunda de Corintios, capítulo 4, versículo 7. Dice así: "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros". Es un pasaje sumamente interesante. Pablo, al escribir a los corintios, se refería con este "tesoro" al llamamiento que Dios ha hecho a Su pueblo. Sin embargo, fíjense que ese llamamiento tan hermoso y maravilloso está contenido en "vasos de barro". Un vaso de barro es, por definición, frágil. Si tengo un vaso de barro y lo golpeo, se rompe con facilidad, a diferencia de uno de vidrio templado o metal.

Esto refleja muchas veces lo que sucede en nuestras vidas. A menudo somos esos vasos frágiles. Aunque intentemos mostrar templanza y aparentar que somos personas fuertes a las que nunca les pasa nada, por dentro atravesamos muchas situaciones y circunstancias que nos quiebran. A veces no lo mostramos y preferimos mantenerlo en nuestro silencio e intimidad, pero seguimos siendo esos vasos de barro que se rompen. Dios decidió poner Su tesoro en nosotros, sabiendo que somos frágiles, porque esa fragilidad es parte del proceso. Como dice el versículo: "para que la excelencia del poder sea de Dios". El poder real proviene de Él, no de nosotros.

Recordemos lo que mencionamos el domingo pasado sobre Hechos 2: "y recibiréis poder". Ese poder del Espíritu Santo se manifiesta precisamente en nuestra debilidad. Aunque veamos personas que parecen inmutables, serias o firmes, les aseguro que ante ciertas situaciones, esa inmutabilidad se rompe porque todos somos humanos.

Continuemos con los versículos 8 y 9: "Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos". Aquí Pablo menciona cuatro contrastes muy marcados. Estar "atribulado" implica enfrentar problemas inesperados que generan angustia o tensión, como una deuda repentina, un examen imprevisto o una presión laboral. Sin embargo, la instrucción es clara: podemos estar atribulados, pero no debemos permitir que la angustia nos domine.

También menciona estar "en apuros". A menudo sentimos la urgencia de que los problemas se resuelvan de inmediato, y cuando las cosas tardan más de lo esperado, nos desesperamos. Pero el apóstol nos dice: "en apuros, mas no desesperados". Existe la prisa, existe la necesidad, pero no debemos llegar al punto de no saber qué hacer o perder la esperanza.

Luego dice: "Perseguidos, mas no desamparados". Como mencionaba nuestra hermana Sara, nosotros hoy gozamos de la libertad de compartir la palabra de Dios en las plazas. Hace poco hablaba con un joven que decía creer en Dios y hasta citaba los Salmos 23 y 91, aunque luego mencionaba conceptos como el karma, demostrando cierta confusión. Aun así, es vital entender que, aunque el mundo o nuestras propias luchas nos persigan, nunca estamos desamparados.

Finalmente: "Derribados, pero no destruidos". Es posible caer, es posible que nos derriben, pero eso no significa que hayamos sido destruidos. Es como en una pelea de boxeo: puedes haber entrenado mucho, estar en la final y recibir un golpe que te mande a la lona. Puedes tener el ojo morado o incluso una fractura, pero si te levantas de nuevo, no has sido derrotado. Estás derribado, sí, pero no destruido. El Señor nos llama a levantarnos una y otra vez.

Es un tiempo para aprender a ver las cosas por fe y no por vista. Aunque desconocemos cuál era la tribulación específica que enfrentaba el apóstol Pablo en aquel momento, él exhortaba a los hermanos a no desesperarse ni permitir que la angustia llenara sus corazones. En el versículo 16, Pablo declara: "Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día". El hombre exterior, el que da la cara ante el mundo, inevitablemente sufre desgaste, pero nuestro ser interior tiene la capacidad de renovarse diariamente.

Vivir por fe no es sencillo. Esta última semana, en lo personal, fue sumamente complicada. El lunes tuve un accidente en un transporte; nos chocaron por detrás y, aunque llevaba el cinturón y no fue grave, fue una situación tensa. El miércoles, nos enteramos de la delicada salud de nuestro hermano Elvio. Junto con nuestra hermana Sara y Omar, fuimos a asistirlo, permaneciendo allí hasta tarde para brindarle cuidados médicos y apoyo en medio de una situación de vértigo que le impedía caminar. El jueves, mientras mi esposa me buscaba en el trabajo, volvieron a chocarnos el auto por detrás. Justo cuando teníamos planeadas diversas actividades y trámites importantes, nos vimos envueltos en gestiones de seguros y peritajes, sumado a la incertidumbre de que la aseguradora del tercero podría estar en quiebra.

La situación no terminó ahí. El viernes, mientras esperaba una reunión con el director del hospital donde trabajo, escuché el rumor de que el alergista había renunciado. Para mi sorpresa, descubrí que se referían a mí, a pesar de que yo nunca había renunciado. Al hablar con las autoridades, me informaron que mi contrato terminaría el 30 de septiembre. De repente, me encontré ante una pérdida laboral inesperada y una serie de irregularidades administrativas.

Humanamente, ante tal cúmulo de problemas, uno podría sentirse destruido. Sin embargo, el Señor nos llama a confiar. Recordando las palabras de Pablo en el versículo 17: "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria". Es fácil conocer la palabra de Dios cuando todo va bien, pero el verdadero desafío es aplicar la fe cuando el panorama es ambiguo y las obligaciones nos abruman. Pablo nos enseña que estas dificultades son pasajeras y tienen un propósito eterno.

A pesar de todo, el sábado fue un tiempo de bendición. Realizamos un evangelismo y vimos a varias personas recibir al Señor y pedir Biblias. Esto nos recuerda que Dios tiene un propósito incluso en medio de nuestras crisis. El versículo 18 concluye: "No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas". Muchas veces nuestra realidad inmediata parece negativa y las intenciones de los demás pueden ser injustas, pero debemos enfocar nuestra mirada en lo eterno, no en lo momentáneo. Es un desafío constante entender que lo que percibimos con nuestros ojos físicos es temporal, mientras que la realidad espiritual permanece para siempre.

El Señor nos enseña hoy a ver por fe y no por vista, algo que, sinceramente, no es nada fácil. Es un desafío constante reconocer que nuestras luchas son momentáneas y que Dios tiene un propósito superior. En el versículo 16, Pablo insiste en que, aunque nuestro hombre exterior se desgaste, el interior se renueva cada día.

Para ilustrar esto, podemos recordar la famosa historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Representa esa dualidad humana donde, a veces, incluso conociendo a Dios, permitimos que surja un "monstruo" interior que nos lleva a decir o hacer cosas de las que luego nos arrepentimos. Sin embargo, la promesa bíblica es la renovación diaria a través del Espíritu Santo. No se trata de tener "superpoderes" mágicos, sino de contar con el poder de Dios para revertir situaciones y transformar nuestro carácter. ¿Cómo está su vida hoy? ¿Permite que su interior se renueve incluso en medio de las complicaciones?

El versículo 17 nos habla de una "leve tribulación momentánea" que produce un "cada vez más excelente y eterno peso de gloria". Aquí hay dos conceptos clave: excelencia y eternidad. Dios no nos ofrece algo mediocre, sino algo excelente que trasciende el tiempo. Pensaba en esto al hablar con unos jóvenes que venden en la calle; ellos enfrentan realidades durísimas de drogas y precariedad, pero la promesa de la vida eterna y la excelencia de Dios es para todos los que confían en Él.

El gran reto, como dice el versículo 18, es dejar de mirar lo que se ve para enfocarnos en lo que no se ve. Lo visible es temporal: las cosas se rompen, los empleos se pierden, las enfermedades aparecen. Pero lo invisible es eterno. Quizás usted hoy se siente atribulado por deudas, perseguido por engaños o defraudado por la sociedad. Las reglas de este mundo son crudas: a menudo las personas son usadas y luego desechadas. Pero las reglas de Dios son distintas.

Tal vez usted se siente derribado en su hogar, con problemas constantes con su cónyuge o sus hijos, o frustrado por emprendimientos y estudios que no prosperan. Puede estar derribado, pero no está destruido. Lo animo a ver su situación con los ojos de la fe.

Para finalizar, quiero compartir un ejemplo real de perseverancia. Hace años, comenzamos una pequeña casa de oración en Alderete, en las afueras de Tucumán. Tuvimos sueños y proyectos junto a hermanos que ya partieron con el Señor. Pasaron más de diez años, hubo cambios de pastores, momentos en que parecía que la obra se cerraba y muchas dificultades. Sin embargo, hoy se inaugura oficialmente como iglesia en ese lugar. Si hubiéramos juzgado por la vista en aquel entonces, habría parecido imposible. Pero Dios, en Su fidelidad, permitió que esa semilla creciera. Lo que hoy parece una tribulación temporal, mañana será un testimonio de la gloria eterna de Dios.

Me gozo al ver cómo el Señor cumple Su palabra cuando decidimos no caminar por vista, sino por fe. A menudo no entenderemos el propósito de nuestras acciones o de las situaciones que vivimos en el momento; la comprensión suele llegar con el tiempo. Por eso, lo animo a que se siga renovando cada día. Si hoy atraviesa una tribulación o si esta llegara mañana, no permita que la angustia lo domine. Mantenga la paz incluso cuando se sienta presionado, apurado o perseguido. Usted sabe en quién ha confiado.

Si es derribado, si lo dañan o si tropieza, ¡levántese! No importa cuál sea la lucha —ya sea una adicción al cigarrillo, al juego, la tendencia a la mentira o conflictos familiares con su cónyuge, padres o hijos—, el Señor le da la fuerza para levantarse y renovarse. Él tiene preparado para nosotros algo excelente y eterno.

En este día, celebrando también la llegada de la primavera, debemos disfrutar de la alegría que Dios nos da. No miremos las circunstancias actuales; miremos con los ojos de la fe. Habrá personas que lo cuestionarán y le dirán: "¿Cómo puedes confiar en Dios con todo lo que te está pasando?". No discuta con ellos; recuerde que si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?

Esta vida es pasajera. Es lícito y bueno tener una carrera, un oficio, una casa o un vehículo para el bienestar de la familia, pero debemos recordar que todo eso es temporal. La verdadera inversión, la que trasciende, es la que hacemos en el Reino de Dios. Ese es el tesoro que nadie puede arrebatar. Quizás el mundo nos llame "locos", pero somos locos por Cristo. Mientras la sociedad espera vernos deprimidos o derrotados por las crisis, el Señor nos manda a levantarnos, porque lo que enfrentamos es temporal y Sus promesas son eternas.

Renuévese en este mismo momento. No les comparto mis experiencias personales para generar lástima, sino para testimoniar que la Palabra de Dios es viva y eficaz. Si yo estoy hoy aquí ante ustedes, es únicamente por la misericordia del Señor, quien me enseña día a día la importancia de la renovación constante. Si comenzamos a ver por fe y no por vista, nuestro panorama cambiará por completo. ¡Dios los bendiga!

***Este es un extracto de la prédica titulada: “Camina por fe y no por vista”. Te invitamos a ver la prédica completa click aquí