A veces es difícil, hermano. Yo les soy sincero: a mí me cuesta mucho. A pesar de que uno pueda conocer de Dios, a pesar de que uno pueda servir a Dios, muchas veces —verdad— las personas piensan que porque uno sirve a Dios o porque uno está aquí, bueno, no tiene problemas. Sí, tengo 20.000 problemas y hay muchas cosas que me cuesta manejar. No tengo miedo de decirlo, porque sería un hipócrita si digo que estoy todo bien y a mí no me falta nada y no necesito ser cambiado. Nada sería un hipócrita, verdad. Soy un hombre sujeto a pasiones y muchas veces la diferencia que uno hace es que es capaz de estar y poder compartir y estar en el lugar, porque capaz Dios fue preparando y uno tomó decisiones. Pero eso no significa que uno no pueda vivir cosas que son muy difíciles de sobrellevar y que tienen que ver con nuestra vida personal.
Ayer, cuando estábamos con mi esposa y ahí estamos con mi hija, surgió una situación, verdad. Una situación que la verdad fue fea, de algunos desacuerdos. Y la verdad que cuando pasan esas situaciones, uno se pone mal, sí, por todas estas cosas. Estaban mis hijas y había que resolver algunas cosas. Qué importante, hermano, es poder resolver los conflictos. Yo les digo: no sé cómo será en su relación personal, pero si alguno me dice acá que nunca tuvo un problema con una persona, creo que es imposible, porque siempre vamos a tener diferencias con las personas. Siempre vamos a pasar situaciones con las personas. Muchas veces usted piensa de una manera y la otra persona piensa de otra manera. Y no significa que usted esté mal ni que la otra persona esté mal, solamente que son pensamientos distintos.
Obviamente que si nosotros hablamos a través de la Palabra de Dios, hay una verdad absoluta que usted lo pueda ver de una forma, pero hay cosas que no van a cambiar. Yo no le puedo decir a una persona si está en una situación de pecado: «Bueno, está bien, ya va a cambiar». No, es una situación de pecado y eso está mal y eso no le agrada a Dios. Y yo no le puedo decir: «No, bueno, todo bien». No, yo tengo que decirle que lo que está haciendo está mal, porque no es agradable a Dios. Lo haré de otras formas, verdad, lo haré con sabiduría, con amor, pero esas cosas no son negociables. Pero muchas veces hay cosas en nuestra vida que nosotros tenemos que resolver.
La importancia de la armonía
Entonces, alguna vez compartí un poco de esto, sí. Vamos a profundizar un poquito con respecto a la armonía. Qué importante es poder tener una armonía en el trabajo, una armonía en mi vida personal, una armonía en mi familia. Y la armonía le agrada a Dios. También el apóstol Pablo nos habla de que tenemos que procurar tener paz con los hombres. En Hebreos capítulo 12, versículo 14, habla de eso. Y en Hebreos capítulo 12, versículo 18, también habla que uno tiene que tener paz. Pero a veces es difícil, verdad, porque a veces usted está bien, está tranquilo, pero surge algo y usted no se pone tan tranquilo. Pero saben, eso tiene que ver con lo que nosotros tenemos que trabajar en nuestra vida. Y nosotros también tenemos que manejar situaciones difíciles y manejar los conflictos, porque usted tarde o temprano —ya sea en su trabajo, ya sea en su casa, ya sea con sus hijos, ya sea con su esposa, ya sea con su jefe— va a entrar en un desacuerdo. Y le van a decir que hay cosas que están mal y que para usted capaz están bien, o al revés: que para usted están mal y para ellos capaz están bien. Entonces, es importante. Y vamos a ver algunas reglas y después vamos a ver un principio espiritual con respecto a esto de cómo poder buscar la armonía.
1. Mantener la sintonía: Saber escuchar
Una de las formas en la cual yo puedo buscar la armonía y puedo resolver un conflicto es poder mantenerme en sintonía, verdad. Yo debo saber escuchar. Y muchas veces lo hemos hablado, verdad: qué importante es saber escuchar a las personas. Pero saber escuchar no es que una persona te está hablando, te está hablando y sí, sí, sí, y capaz vos estás pensando en otra cosa, o capaz vos estás pensando en las cosas que vas a hacer, o estás pensando en qué es lo que va a decir esa persona. Eso no es saber escuchar. Saber escuchar es tomarse un tiempo, olvidarte todo lo que vos crees, todo lo que vos piensas, y poder escuchar esa persona y poder tener sintonía.
2. Serenarse: Estar tranquilo
Otra de las cosas que nosotros tenemos que hacer en esas situaciones es estar serenos y estar tranquilos. Pero no es fácil, verdad. Nos dicen algo que nos molesta y ¡paf!, ahí no más saltamos. Es difícil estar sereno, pero qué importante es poder mantener esa paz. Sí, hay un dibujito, verdad, que yo a veces creo que compartía, que mis hijas a veces veían de Kung Fu Panda, creo, y dice «paz interior», verdad. Bueno, qué importante es serenarse, es poder tener paz. Paz.
3. Ser sensible
Y debemos ser sensibles. Debemos ser sensibles a lo que la persona me quiere transmitir. Cuando yo estoy con alguien, debo ser sensible a lo que otras cosas me dicen. Y ser sensible no es alejarme, verdad, porque yo veo que hay una situación difícil, un conflicto, capaz un problema, y que digo: «¿Sabes qué? Me voy para evitar cualquier cosa». Esa no es la solución, porque si vos te vas de esa situación, capaz porque vos sabes que vas a responder mal, bueno, no estás siendo sensible a eso. Vos tienes que saber que hay cosas que Dios nos da herramientas, pero que tiene que ver con nuestro carácter y que no tiene que ver con nuestra formación de cristiano también en nuestra vida personal. Usted tiene que ver todo eso.
Santiago 1:19 – Pronto para oír, tardo para hablar
Y el libro de Santiago, capítulo 1, versículo 19 —no hablo un poco de eso en las relaciones interpersonales— Santiago le decía, verdad: si bien es cierto, el libro de Santiago es un libro que habla de principios cristianos, cómo debían llevar en la comunidad, pero Santiago es muy sabio y dice: «Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír». Miren qué interesante: debemos saber escuchar. Sí, ¿y cuántos oídos tenemos? Tenemos dos oídos, verdad. Pero ¿qué dice? «Tardo para… ¿para qué?». Para hablar. Tardo para hablar. Y muchas veces nosotros somos al revés, verdad: hablamos, hablamos, hablamos, hablamos. Los predicadores que estamos nos encanta hablar, verdad, pero no nos gusta escuchar. Usted tiene que ser tardo para hablar y tardo para airarse, tardo para que usted pueda enojarse, verdad. Fíjense: gracias al Señor que nos dio una boca, no nos dio dos bocas, nos dio una boca, pero nos dio dos oídos. Entonces, nosotros debemos saber escuchar y debemos aprender a escuchar.
Barreras para escuchar
¿Por qué no escuchamos a las personas? Hay algunas cosas que nos permiten dar cuenta:
- Estamos a la defensiva: Y yo también me incluyo: a veces cuando alguien me dice algo, a veces uno está a la defensiva. Y eso tiene que ver con nuestro egocentrismo, con lo que nosotros creemos, verdad. «¿Cómo a mí me va a decir esto si yo manejo esto? ¿Cómo a mí me va a plantear esta situación si yo pasé muchas cosas?».
- Ya conocemos a la persona: Capaz ya sabemos qué es lo que va a decir. Segundo error también. Cuando yo ya sé: «Ah, es que yo ya sé que me va a decir».
- Estamos pensando en lo que vamos a decir: Ni siquiera escuchamos, pero yo sé por dónde viene la mano. Entonces, la persona me dice: «Yo…», yo ya estoy pensando: «¿Cómo le voy a contestar?».
Cómo debemos escuchar
Prestar atención: Muchas veces prestarle atención a la persona es mirarle a los ojos, verdad, poder estar ahí. A veces cuando yo miro a una persona, yo me doy cuenta de cosas que si yo no la miro, no me doy cuenta. Por ejemplo, sus gestos. ¿Cómo me dicen las cosas? ¿Cómo me mira? Si hay tristeza, si hay dolor, si hay ímpetu. ¿Qué me transmite con su cuerpo? Tiene que ver con la comunicación corporal.
Concentrarse: ¿Qué es lo que me quiere decir? Y no ponerme en el papel de qué es lo que yo pienso de lo que me está diciendo, porque muchas veces caemos en eso.
Considerarlo y meditarlo: ¿Por qué me dijo esto? ¿Qué es lo que me quiere decir? Porque muchas veces hay una mala interpretación. Capaz la persona me quiere decir algo, pero yo no hice nada de estas cosas y yo malinterpreté.
La prudencia al hablar
Proverbios 10:19: «En las muchas palabras no falta pecado, mas el que refrena sus labios es prudente». No porque hablo más o porque digo más significa que la manejo más. El que refrena sus labios es prudente. Hay que ser prudente. Hay que serenarse, verdad. Hay que hablar lo que tenga que decir.
Proverbios 21:23: «El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias». Entonces, usted me dice: «Ah, bueno, listo, no tengo que hablar nada». No, sí tiene que hablar, pero sea prudente en lo que dice. No hable de más.
Eclesiastés 5:3: «Porque de la mucha ocupación viene el sueño y de la multitud de las palabras la voz del necio». Cuando hablamos mucho, decimos mucho. Hablamos mucho, capaz usted es una persona que le gusta hablar. Está bien, yo no le digo que no hable. Hable, pero sea prudente en las cosas que dice.
Controlando el enojo
Efesios 4:26: «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo». Sí, usted tiene que controlarse. Usted tiene que estar tranquilo, buscar esa armonía, verdad. Y muchas veces cuando nosotros hablamos del enojo, habíamos hablado que había cinco estados: primero una molestia, después un disgusto, después un enojo, después una ira y después una furia. Y la furia es ese enojo descontrolado que usted está ido, verdad.
Marcos 3:5: El Señor Jesús también se enojó y hubo una santa indignación. Hay un enojo adecuado. Sí, y ese enojo se da cuando uno se enoja por la razón correcta. Hay razones correctas. Uno tiene que enojarse contra el pecado. No puede aplaudir el pecado.
Eclesiastés 7:9: «No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios». No te apresures en tu espíritu a enojarte. Y eso muchas veces es así, verdad. Y algo que ahí no más nos enojamos, ahí no más respondemos mal, ahí no más nos levantamos.
Qué NO hacer en los conflictos
- No apartarse: «No, yo no quiero tener problema, me voy». No vas a poder estar siempre apartándote. Y muchas veces eso va a generar que un momento vas a explotar.
- No apaciguar: «Bueno, tranquila, tranquilo, ya va a pasar, despacito». No, tampoco. La persona que está ahí se pone peor.
- No ceder pasivamente: «Bueno, bueno, yo no voy a decir nada para que el otro…». Y eso tampoco le va a ayudar.
- No ponerse en papel de víctima: «No sabe lo que me pasó, mira lo que me hicieron». Y busca ese amigo o esa amiga no para que le diga que está mal, sino para que le golpee la espalda.
- No practicar la agresión: Vos me gritas fuerte, yo te grito más fuerte. Tenga cuidado. Trate de hablar con amor, sí. Hable con verdad.
El momento adecuado
Usted debe asegurar que si usted va a tener una discusión o va a haber una diferencia, sea en el momento adecuado. Algunas recomendaciones:
- Nunca las tenga antes de comer
- Nunca trate de tener una discusión si está a punto de salir
- Utilicen un tono adecuado
- Utilicen unas palabras suaves
- Sean amorosos en las cosas que dicen
- Busquen un lugar adecuado
- Nunca discuta delante de otras personas
El poder de ponerse de acuerdo
Mateo 18:18-20: «De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. Otra vez os digo que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidiere, le será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos».
Si bien es cierto, esto está hablando en la relación que tienen que tener en el tiempo cuando están orando, lo podemos usar también cuando nosotros tenemos un tiempo de oración. No es en vano cuando usted se pone de acuerdo con una persona, sí, y usted ora por esa persona o se ponen de acuerdo y le piden al Señor. Dios escucha esa oración.
No guardar rencor
Mateo 5:22-24: «Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio y cualquiera que diga necio a su hermano será culpable ante el concilio y cualquiera que le diga fatuo quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y ahí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja ahí tu ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu ofrenda».
Debemos tener buenas relaciones. Debemos buscar tener armonía con las personas que estamos. No guarde rencor en su corazón. Póngase de acuerdo.
No abusar de la autoridad
Mateo 6:14: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial».
1 Pedro 3:7: «Vosotros, maridos, igualmente vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo».
Miren qué importante es poder tener una buena comunicación en la familia y que usted como esposo trate bien a su esposa. Y es un mandato que el Señor dice, verdad. Qué importante, hermano, que usted pueda procurar tener eso.
Conclusión
Es importante poder tener una armonía. Es importante poder tener una buena comunicación con los seres queridos, con las personas que amamos. Qué importante resolver los conflictos. Sí, sintonícese, serénese con esa persona que es importante y sea sensible con esa. Y busque esa armonía. Procure tener paz con Dios y con los hombres.
Busque esa armonía. Eso le va a ayudar en su relación personal. Eso le va a ayudar en su familia. Eso le va a ayudar en su liderazgo también si usted sirve en la iglesia. Eso le va a dar autoridad. Eso le va a hacer sentir bien. En su trabajo va a poder desarrollarse en su vida personal.
No trate de cambiar a la otra persona. Usted no es nadie para cambiar a otra persona. Solamente Dios puede cambiar a las personas. Lo que usted sí puede: ponerse de acuerdo con las personas, puede ayudar a las personas. Somos camilleros espirituales. Nosotros no somos los médicos que vamos a dar el resultado, lo que la persona tiene que hacer. Usted es un camillero, es un instrumento directamente usado por Dios. Dios es el que hace el milagro. Dios es el que transforma la vida de la persona.
Trate de hacer las cosas bien. Trate de hacer las cosas en una forma correcta. Trate de ser correcto, aunque sea el correcto no le va a traer… no va a ser bien visto, verdad, porque hoy por hoy en la sociedad ellos no piensan que usted sea una correcta. Trate de hacer las cosas bien, porque Dios ve nuestro corazón. Nosotros no debemos agradar a los hombres, solamente debemos agradar a Dios.
Este es un extracto de la prédica titulada: “Buscando armonía”. Te invitamos a ver la prédica completa haciendo clic aquí


